Dictadura argentina y el caso Maciel: qué es real y qué no en "Los dos papas"

La cinta dirigida por Fernando Meirelles está nominada a 3 premios Oscar, entre ellos, mejor actor (Johnathan Price) y mejor actor secundario (Anthony Hopkins).
jueves, 16 de enero de 2020 · 00:04

Página Siete  / La Paz

Los dos papas, la película de Fernando Meirelles,  nominada a tres premios Óscar, ha conquistado al público y la crítica con una crónica de dos niveles: por un lado, el cambio de paradigma entre la tradición y los escándalos de Benedicto XVI y la renovación de Francisco I, y, por otro, el nacimiento de una amistad entre dos pontífices muy diferentes.

 La película se centra en dos personalidades: Joseph Ratzinger, interpretado por Anthony Hopkins cuando aún ocupaba el puesto de Papa, como Benedicto XVI; y el argentino Jorge Mario Bergoglio, retratado en el filme por el actor galés Jonathan Pryce cuando aún era cardenal, antes de ascender al papado como Francisco I.

La historia gira en torno a una conversación ficticia entre   Bergoglio y  Ratzinger. Entonces surge la cuestión de dónde acaban los hechos reales y dónde empiezan las licencias creativas de su guionista Anthony McCarten, publica el portal especializado web fotogramas.es.

La dictadura argentina 

En la cinta se muestra que el argentino  tenía una novia a la que abandonó cuando sintió la llamada de Dios, pero lo cierto es que esta parte de la historia no es del todo cierta. Según la BBC, se basa muy libremente en una carta que envió a una chica (Amalia Damonte) cuando tenía 12 años, en la que le decía que, si no se casaba con él, sería un cura. Los padres de la niña prohibieron la “relación” y ahí quedó todo.

El siguiente momento de su vida tiene que ver con su relación con la dictadura militar argentina, de la que la película no huye (como sí lo hace, muy sutilmente, de las conexiones nazis de Joseph Ratzinger, que fue miembro de las Juventudes Hitlerianas), agrega fotogramas.es.

Bergoglio era jefe superior de los  jesuitas en Argentina cuando se impuso el gobierno militar en 1976, y se le ha acusado, en numerosas ocasiones, de colaborar con los golpistas liderados  por el general Jorge Videla. El Papa ha admitido con anterioridad reunirse con él, pero para interceder por los curas encarcelados.

 En su libro autobiográfico El Jesuita, publicado en 2010, escribía: “Hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas”. Y así lo muestran en la película, con el caso real de dos curas a los que retiró la protección por desobediencia y a los que más tarde intentó salvar. 

Cuando acabó la dictadura en 1983, efectivamente  Bergoglio fue retirado de su cargo y enviado a Córdoba, donde tuvo tiempo de reflexionar inmerso en una crisis interna.

En la parte argentina de Los dos papas el entonces cardenal Bergoglio espera una carta de Roma que apruebe su renuncia -enviada por correo-, a la espera de poder retirarse a una pequeña parroquia local. Sin embargo, es falso que los obispos utilicen el correo postal para estos menesteres. Generalmente, los trámites se realizan a través de las nunciaturas apostólicas.

El papa Francisco  en la audiencia general semanal.
Foto:EFE

Los “Vatileaks” y la crisis del Vaticano

Esta parte de la historia es real: sí hubo un escándalo en el centro del Vaticano a raíz de unas filtraciones que recibieron el nombre de “Vatileaks”. En los documentos que se dieron a conocer se incluyen diversos casos de corrupción, chantajes a obispos homosexuales y por supuesto los abusos sexuales a menores que vienen salpicando la reputación de la Iglesia desde hace ya un tiempo. 

En Los dos papas se menciona este asunto, aunque no demasiado. De hecho, no ahondan en los problemas que causó ni en la veracidad o no de lo que se explica, sino que más bien lo utilizan como la razón de que Benedicto XVI quisiera dimitir. 

Lo que sí es totalmente cierto es la responsabilidad en esta filtración de Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa en 2012, año en el que la prensa destapó todas estas informaciones.

También se menciona en la película al mexicano  Marcial Maciel, cura responsable de hasta 60 crímenes de abusos sexuales, permitidos de forma sistemática durante años porque, cuando era descubierto, desde la Santa Sede se limitaban a reubicarlo.

En la cinta, Ratzinger se muestra arrepentido por el manejo de esta situación, pero en la realidad no  ha habido por su parte ninguna muestra de arrepentimiento público sobre ello. Y, al menos oficialmente, no dimitió por estar hasta el cuello de estos escándalos, sino porque no se veía con fuerzas para afrontar los retos que tenía por delante la Iglesia. Eso sí, la pasión de Benedicto por la Fanta naranja está documentada y es conocida por todos.

Las conversaciones entre Bergoglio y Ratzinger

Conforman la parte principal de la película, pero estas conversaciones nunca existieron. La primera vez que se reunieron en  la residencia de verano de Castel Gandolfo fue después de todos los sucesos de la cinta, cuando ya los dos eran  papas.

La escena final, en la que ambos observan  el partido del Mundial de Fútbol, por supuesto, tampoco ocurrió. Pero el director aseguró en una entrevista para USA Today que “todo el diálogo está tomado de discursos o entrevistas o de sus escritos” y que “lo que dicen en la película es lo que dijeron en algún momento de sus vidas”.

Benedicto  XVI  en una fotografía de abril de 2019.
Foto:AFP

Camino al  Óscar

  • Nominados   Jonathan Pryce compite por el premio a Mejor Actor;  Anthony Hopkins está nominado a  Mejor Actor Secundario. Además, la cinta está seleccionada en la categoría de  Mejor Guión Adaptado.
  • Globos de Oro En estos galardones estaba nominada a Mejor película-Drama, Mejor actor, Mejor actor de reparto y Mejor guion.
  • Estreno Se estrenó en el Festival de Cine de Telluride el 31 de agosto del 2019. Se comenzó a transmitir en Netflix el 20 de diciembre de 2019.

 

 

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