Los aviones son ensamblados en una planta de 65 hectáreas

domingo, 20 de octubre de 2019 · 00:04

Manuel Filomeno  / Sao José dos Campos, Brasil

En una extensión de 65 hectáreas, entre árboles y caminos, está emplazada la planta principal y centro de investigación y desarrollo de la empresa brasileña Embraer, en la ciudad de Sao José dos Campos, cercana a Sao Paulo, Brasil.

En sus entrañas, aviones son armados y desarmados con precisión quirúrgica, por unos 3.000 empleados especializados en diferentes áreas, desde la ingeniería de estructuras hasta la eléctrica, pasando por la hidráulica, mecánica y sistemas.

 En la planta trabajan personas de todas las nacionalidades, divididas en diferentes áreas, de montaje, pintura y mantenimiento, entre muchas otras.

Página Siete visitó la planta en un recorrido guiado a través de los diferentes hangares, en los cuales los aviones se transformaban de cascarones vacíos en intrincadas piezas de ingeniería.

En la entrada de la fábrica, un edificio de oficinas ya mostraba un poco de lo que pasaba en el interior. Una tienda de regalos y algunos modelos a escala de los principales aviones producidos por la compañía eran apenas una muestra de lo que se produce en el interior de la fábrica.

Pero, al ingresar al elevador que conducía a las plantas superiores, otro mundo se alzaba detrás de los cristales. Media docena de aviones de diferentes empresas reposaban sobre el lustrado piso del hangar y personas, como hormigas, caminaban en medio de las enormes naves.

Al llegar arriba, un museo con la historia y reliquias de la empresa completaba la visión que se mantenía por las grandes ventanas. Ese espacio que se veía a través del cristal, era el último de una cadena de producción.

Armando y desarmando

Al ser tan grande, el recorrido por la planta tuvo que hacerse en un bus que transportó a los visitantes entre las oficinas y los hangares de ensamblado. En uno de ellos, el fuselaje de las naves era armado pieza por pieza.

En esta etapa, los aviones pasan unos dos días y medio en cada estación, de un total de cinco, en las cuales se instalan al menos 45 kilómetros de cables en su interior y, al cabo de 12 días y medio, pasan a otro hangar.

Al cruzar la planta, se llega al centro de pintado, donde el “cascarón” de un avión, separado de las alas, era pintado.

El proceso, ejecutado en cuatro cabinas, es automatizado y casi el 80% del proceso de pintado lo llevan a cabo robots.

El sistema, además, es amigable con el medioambiente, ya que esta estación utiliza agua de lluvia para las mezclas de pintura y paneles solares para proveer energía al gran complejo.

Asimismo, por ser automatizado en su mayor parte, se usa 30% menos pintura que en los procesos tradicionales, lo que genera un ahorro de peso de 100 kilos en cada avión fabricado.

La última estación de la fábrica es la del montaje de las salidas de emergencia, los soportes y los motores. En este hangar también se procede con el pesado de los aviones. Aquí ya se puede  ver los aviones montados, con sus alas y motores, pero todavía aguardan los toques finales para salir a surcar los cielos.

 

 

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