Chepe, el fotógrafo que lidió con presidentes, las balas y hoy cubre la Covid

En su viejo Nissan, recorre calles de La Paz y El Alto en busca de historias en tiempo de pandemia.
jueves, 16 de julio de 2020 · 00:04

Alcides Flores Moncada, Periodista

“Hola, mexicano”, le dijo Fidel Castro. “Buen día, comandante, soy boliviano”, le saludó él, pero Castro insistió en llamarle “mexicano”, por los bigotes que hasta ahora lleva Víctor  Gutiérrez (Chepe), uno de los reporteros gráficos más apasionados por este oficio.

Este diálogo ocurrió en el aeropuerto de La Habana en 2006, en ocasión del primer viaje de Evo Morales a ese país como Presidente. Y el breve diálogo entre Chepe y Fidel Castro se dio mientras  Morales se aprestaba a descender del avión presidencial que Hugo Chávez le había prestado, del que minutos antes Chepe había bajado a  saltos, por la puerta de atrás.

“Cómo estás, mexicano”, volvió a soltar Castro, en los segundos de espera. “Soy boliviano, comandante”, le recordó Chepe. “Boliviano… mmm. Este indio  (Evo) que va a bajar (del avión) es boliviano. No tiene un pelo de barba, no tiene nada, ese es boliviano”, replicó, prejuiciosamente, Castro, de 1,91 metros de estatura. Chepe, de 1,60 metros, sólo sonrió.

Para el “mexicano” ese instante fue único. Se sentía en las nubes, más aún después de constatar que detrás de él había un enjambre de  reporteros   internacionales. Y él logró estar en un lugar privilegiado gracias a su tozudez.

Minutos antes de esa escena, cuando el avión de  Chávez ya había aterrizado en el aeropuerto, hubo  tensión en el interior de la nave entre Chepe y el jefe de la Casa Militar. Es que Evo había decidido bajar primero él. Y era una orden.

Esa orden no tenía sentido para Chepe. Se acercó al jefe de la Casa Militar, y le susurró: “Quiero bajar antes”. “No jodas, Bigotes. Evo va a bajar primero”, respondió –tajante– el militar. “Voy a  bajar primero. Evo le va a abrazar a Fidel, ¿y yo voy a estar adentro (del avión)?”, insistió Chepe.

Este hombre bajito nacido en Cochabamba y criado desde su infancia en Catavi, de espeso y prominente bigote, había planeado su trabajo durante el viaje, mientras Evo dormía en la suite del avión presidencial. Repasó una y otra vez las tomas, los ángulos, la exposición, y para que todo salga bien, dio por sentado que sería el primero en pisar el aeropuerto José Martí. “Tengo que bajar primero”, le machacó al jefe militar. “Qué jodido eres, Bigotes”, vociferó el militar, e inmediatamente ordenó al piloto abrir la puerta de atrás. Y Chepe prácticamente saltó de la nave antes de que Evo asomara por la puerta, porque una cosa tenía en mente: sacar tantas fotos como sea posible del primer apretón de manos. Y logró eso y mucho más.

Siempre consigue lo que quiere, y normalmente quiere muchas cosas, como cuando en plena cuarentena rígida se fue a la ciudad de El Alto para meterse en el corazón de la Feria 16 de Julio. Eran miles y nadie se cuidaba y nadie los controlaba. “La vida era normal”. Eso nos contó con sus fotos. También fue de los pocos reporteros gráficos que se fueron hasta el Cementerio General en busca del funeral de algún fallecido por Covid-19. No le fue bien, pero allí estuvo. 

Mexicano, Bigotes, Negro,  Chepe. Esos son los nombres de este fotógrafo, que lo arriesga a veces todo por hacer lo que ama. Como él, hay otros muchos periodistas y fotógrafos que están en primera línea en medio de esta pandemia. Y muchos, incluso, cayeron bajo el fuego mortal del virus. 

“Chepe es un excelente reportero gráfico. Cuando sabe de una noticia corre a cubrirla a veces sin medir el riesgo. Tiene un  Nissan modelo 91 y no duda en ponerlo al servicio de la información. También lo usa como servicio de transporte gratuito para  periodistas. En la cuarentena hizo hermosas crónicas gráficas y dio el salto al video, lo que es digno de destacar”, afirma Mery Vaca, subdirectora de Página Siete.

Cuando Vaca habla de riesgo, se refiere a que el  Mexicano incluso pone en peligro su vida, como ocurrió hace 14 años en el cerro de Posokoni, donde mineros se enfrentaban mortalmente. Una mañana, a las  8:00, su jefe de La Razón le pidió “volar” a Huanuni, porque se estaban matando.

“Hay un francotirador”, le dijeron apenas llegó a Huanuni. Desde un cerro un minero armado no dejaba de disparar. Junto a un periodista, Chepe decidió ir en busca del “francotirador”. Mientras subían el cerro, las balas pasaban rozando por su cabeza. “Cada que dejaban de sonar las balas, subíamos. Y el tipo volvía a disparar. Al final, llegamos hasta donde estaba el minero. Tenía un bollo de coca en la boca”, recuerda. 

“Me han dicho que vos eres el francotirador”, le encaró Chepe. “Así me están llamando, dice”, responde el minero, y agrega: “Yo no soy ningún francotirador. Si fuera francotirador, te hubiera matado cuando subías (el cerro). Lo que te he disparado no te ha llegado”.

Como si lo que acababa de escuchar fuera un chiste, Chepe dijo al minero que le tomaría fotos. “Le saqué fotos disparando su arma. Un rato de esos, me estaba apuntando”, cuenta.

“Chepe es, en genio y figura, un fotoperiodista. Lo suyo es estar en el lugar de los hechos registrando la imagen del momento, o buscando el ángulo que dibuje mejor a un personaje, o planificando producciones para fechas especiales. Eso es lo que lo lleva siempre a estar presto para ir a donde se produce la noticia; no importa si arriesga, sacrifica tiempo o recursos. Muchas veces lo obligamos a que se quede quieto editando imágenes (es el jefe del área), y lo hace, pero lo que verdaderamente ama es estar en la calle”, afirma la directora de Página Siete Isabel Mercado.

Quien un día llegó a trabajar como pintor, barrendero y electricista, jamás imaginó que se convertiría en el fotógrafo de Hugo Banzer, Jorge Tuto Quiroga, Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Mesa y Evo Morales, con quienes viajó por el mundo. Pero su salto a la prensa escrita, dice, no tiene precio.

Hay dos cosas que al  Negro  nunca le faltan: su cámara fotográfica y su viejo Nissan, que con frecuencia le juega una mala pasada en plena calle o avenida, cuando su añoso motor se rebela con tanto trajín. Pero Chepe siempre tiene a algún acompañante que le ayuda a dar  un empujoncito  a su coche para que su motor despierte otra vez, y ese acompañante es casi siempre un periodista que, además, viaja gratis.

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