Potosí vive la muerte de Fray Vicente Bernedo

En marzo se inició el periodo jubilar por los 400 años de la muerte del fraile. Hasta diciembre próximo se realizarán jornadas de oración pidiendo por su beatificación.
sábado, 13 de abril de 2019 · 00:04

Juan José Toro Montoya * / Potosí

 Para la Iglesia Católica, morir es nacer a la vida eterna, así que no se considera una dicotomía que se pueda vivir la muerte. Ocurre en Potosí desde el domingo 10 de marzo, cuando el obispo Ricardo Centellas dio inicio al periodo jubilar por la conmemoración de los 400 años de la muerte de Fray Vicente Bernedo.

El jubileo, que debió haberse extendido por un año, durará solo hasta la festividad de Cristo Rey, que todavía se celebra en diciembre, y, durante ese tiempo se realizará una serie de actividades que incluyen peregrinaciones, tanto a la tumba de Bernedo como a su ermita en las proximidades de Vitichi, jornadas de oración pidiendo que el fraile sea beatificado y la adaptación de un espacio para casa de retiro en el convento de Santo Domingo.

Así luce  el convento  de Santo Domingo, que en el pasado fue una cárcel.

Tanto las oraciones como el jubileo en sí tienen el propósito de conseguir la beatificación de fray Vicente para el que, pese a todo el tiempo transcurrido desde su muerte, apenas se ha conseguido su declaración formal como “venerable”. Pero la beatificación no es el objetivo final, sino que se lo considera como el último peldaño a una causa mayor: la canonización.

El apóstol

Aunque conocido para la mayoría de los potosinos, Bernedo es una figura religiosa más bien difusa para el resto del país pese a que los cronistas de su época lo conocieron como “el apóstol de Charcas”; es decir, de la jurisdicción sobre la cual se fundó Bolivia. Nacido en Navarra, España, alrededor de 1562, viajó a predicar a las Indias y se asentó en Potosí, donde se le conoció como hombre virtuoso y hasta hacedor de milagros. 

Su fecha convencional de nacimiento, basada en su partida de bautismo, es el 1 de febrero de 1562. Ese documento reveló que sus padres fueron Juan de Bernedo e Isabel de Albistur y Arrueta. Cuando se le administró ese sacramento, su nombre fue Martín. 

Tras haber ingresado a la Orden de Predicadores, hizo profesión de fe en el convento de la Madre de Dios de la Villa de Alcalá en fecha 1 de noviembre de 1581 y lo hizo asumiendo el nombre de Vicente. Desde entonces sería conocido como Vicente Bernedo de Albistur.

En 1598, cuando se encontraba en el convento de Atocha, supo que los vicarios de su orden enviaban a la provincia San Juan Baptista del Perú al padre Gaspar de Palencia y pidió unirse a su misión. Fue el momento de su partida a América.

La estatua de  Fray Vicente Bernedo.

“Fray Vicente Bernedo llegó a Potosí en 1601 y permaneció en el convento de Santo Domingo, donde vivió alrededor de dos años en una celda improvisada cerca de la torre. Acostumbrado a una vida rigurosa y de penitencia, fue recorriendo el territorio del actual departamento de Potosí, visitando en particular los territorios de los Chichas y Lípez, sin olvidar otros importantes sitios y centros mineros ya vigentes en aquella época como Porco, Santa Isabel, Atocha, Caiza, Tatasi, San Vicente, Oploca, Mataca, Oroncota, Tomina y la legendaria Vitichi”, escribió Heinz Antonio Basagoitia.

Los milagros

La vocación religiosa de fray Vicente era tal que cumplía los mandamientos, el ayuno y la penitencia al pie de la letra. Su primer biógrafo, fray Juan Meléndez, habla de su “estrechísima pobreza”, “profundísima humildad”, “singulares penitencias” y sus “extremados ayunos y abstinencias”. 

Existen referencias de que enfrentaba los rigores del clima durmiendo en descampado o con muy escaso abrigo. Por ello se dice que vivió por lo menos dos años no en una celda del convento, sino cerca de la torre del templo de Santo Domingo, en la misma espadaña.

Pero los que resultan asombrosos son sus milagros, especialmente aquellos en los que se le atribuye resucitaciones. Meléndez habla de dos, la de un niño indio llamado Martín, como él, que se ahogó en el río en Chilma, entonces jurisdicción  de Porco, y la de doña Francisca Martínez, en Vitichi.

Altar del templo  de Santo Domingo.

De ambos casos, vale la pena revisar la descripción que Meléndez hace de la resucitación de doña Francisca, pues el autor ofrece hasta nombres de los testigos del hecho:

“Lo que pasó, quién lo sabe; pero el efecto mostró, que en el espacio de dos o tres credos que estuvo dentro, en la sala, a solas con la difunta, sería pidiendo a Dios que la volviese a la vida, por el consuelo de tantos como perdían sombra y amparo en su muerte; salió, pasado este tiempo, y con notable alegría dijo a los que estaban fuera: Demos a Dios muchas gracias, entren V. ms. Y retirándose él entró de tropel la gente, y hallaron ¡grande prodigio! viva y sentada en su estrado a la que había seis horas que lloraban estando muerta, envuelta en la misma sábana con que habían cubierto su cadáver; y porque fue el beneficio mayor, vivió después once años”.

Muerte y vida

Martín Bernedo de Albistur, mejor conocido como fray Vicente Bernedo, murió en Potosí, en verdadero olor de santidad, el 19 de agosto de 1619. Cuando falleció, la cantidad de gente que acudió a darle el último adiós fue tal que resultó imposible enterrarle al día siguiente.

Muchos que ni siquiera lo conocieron fueron a verle solo atraídos por la fama del “padre santo de Santo Domingo”. A partir de su primer día de fallecido, muchos tomaron piezas relacionadas a él para guardarlas como reliquias. “El General D. Francisco Sarmiento y Sotomayor, Corregidor y Justicia Mayor de la Villa Imperial de Potosí, se llevó la tabla en que dormía el varón de Dios, el Escribano de Cabildo, Alonso de Santa Ana, un Crucifijo y un Agnus Dei, y otros particulares otras cosas”, escribió Meléndez.

Representación de  la muerte de Fray Vicente Bernedo, un dibujo de Alberto Vino Cala.

“Fue venerado en vida y muerte de toda esta Imperial Villa por santo, y sus reliquias obraron y están obrando (por voluntad de Dios) multitud de milagros”, apuntó Bartolomé Arzáns en su Historia de la Villa Imperial de Potosí…

Pero la muerte no fue el final sino, a tono con la fe de Bernedo, el inicio porque el fraile dominico realmente nació a la vida eterna, la inmortalidad.

“Su bendito cadáver se conserva en su convento de predicadores de esta Imperial Villa, entero, tratable y oloroso, aunque al presente le faltan algunos dedos de los pies y manos que la devoción ha cortado para reliquias juntamente con otros pedacillos de su bendito cadáver…”, agregó Arzans.

Y el bendito cadáver prosigue hoy, casi 400 años después, todavía “entero, tratable y oloroso”; es decir, incorruptible en el ala derecha del templo de Santo Domingo de Guzmán, en la Villa Imperial de Potosí.

La sola condición del cadáver debería ser suficiente prueba para la beatificación que le falta pero tantas trabas ha puesto el Vaticano como el destino que, más de una vez, provocó la pérdida de expedientes, incluso en un naufragio.   

El último proceso para la beatificación fue iniciado por el padre Friedrich Canisio en la década del  80 y todavía espera respuesta. El actual superior de la Casa Fray Vicente, padre Henry Tapia, ha decidido redoblar esfuerzos ahora que Potosí está viviendo el cuarto centenario de la muerte de su apóstol.

Se reza el rosario todos los días sábado a las 18:30 y se adora al Santísimo el primer domingo de cada mes. Se pide que el Vaticano considere la vida de milagros de fray Vicente Bernedo y le permita acercarse formalmente a los altares.

 

Canisio Friedrich, un cura de hierro

Se llama Canisio Friedrich y, contrariamente a lo que muchos creen, no es de Alemania. En la entrevista que concedió al autor de esta nota, el domingo 10 de marzo de 2019, dijo que nació “en lo que es ahora Rusia”, en una fecha que no precisó. Sin embargo, sí dijo su edad, 87 años.

Atendió la entrevista en una silla de ruedas en la que lo sientan a su pesar. “Yo puedo caminar perfectamente”, dice y, cuando se le explica que lo tratan así porque lo cuidan, él alega que “hay cuidados que matan”.

Así, el padre Canisio demuestra que tiene la fortaleza de fray Vicente Bernedo, el religioso al que él aprendió a admirar desde su ingreso a la Orden de Predicadores. 

Cuando llegó a Potosí, en 1986, se encontró ante el espectáculo inolvidable de los restos del apóstol de Charcas pero también frente a una realidad espantosa: el convento de Santo Domingo se había convertido en la cárcel pública y, en lugar de albergar a almas que querían servir a Dios, era el depósito de seres humanos castigados por el crimen y la fatalidad.

De convento, a Santo Domingo solo le quedaba el nombre así que él se puso manos a la obra. Revitalizó la devoción al venerable fray Vicente e inició varias campañas para recuperar algunas de sus reliquias, entre ellas el retrato funerario que pintó Alonso de Arandia cuando el cadáver del siervo de Dios todavía recibía los homenajes póstumos de los potosinos, aún caliente y con agradables olores. 

El cuadro estaba en Sucre y era propiedad de la familia de Miguel Céspedes. El padre Canisio presionó al entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada para que compre el cuadro y lo done al convento.

Los esfuerzos del sacerdote tenían un objetivo: quería reunir objetos de arte para recuperar el convento y convertirlo en un museo. La que parecía misión imposible se hizo realidad cuando el presidente Hugo Banzer Suárez inauguró la cárcel de Cantumarca que, en homenaje a su pasado reciente, se llamó Santo Domingo.

Canisio Friedrich se quedó en Santo Domingo pero, aunque no había más sacerdotes con él, no estaba solo. Lo acompañaba fray Vicente pero el religioso era inflexible con las normas religiosas. 

El padre Canisio junto a la tumba de Fray Vicente Bernedo.

Como el apóstol solo es venerable, decidió que sus restos sean enterrados en uno de los cruceros del templo, a la derecha del altar mayor, a la espera de que lo canonicen para sacar su cuerpo y exponerlo a la devoción de los fieles.

No sucedió… todavía.

Preocupados por su salud, los dominicos se llevaron al padre Canisio a Cochabamba y él sigue protestando. “Me sacaron con engaños”, dice.

El domingo 10 de marzo de 2019, cuando el obispo de Potosí, Ricardo Centellas, dio inicio al periodo jubilar por la conmemoración de los 400 años de la muerte de Fray Vicente Bernedo, el padre Canisio volvió a Potosí y concelebró la misa nocturna. Lo hizo con micrófono y también protestó. “Yo antes no lo necesitaba”, dijo y tenía razón. Antes, su vozarrón era suficiente para las misas.

Y aunque lo obliguen a movilizarse en una silla de ruedas, él sigue esperando el gran milagro de Bernedo: su canonización.

 

*Presidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

 

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