Una vaca rescatada por Bomberos, un chivo barbudo como "vecino" más querido, animales de granja en medio de La Paz

Los bomberos rescataron en Chasquipampa a una vaca en medio de una gran campaña por las redes sociales; en Següencoma un chivo barbudo es uno de los vecinos más conocidos y queridos.
domingo, 10 de enero de 2021 · 00:04

Ivone Juárez  / La Paz

El primer fin de semana de este nuevo año, el casi indiferente grupo de Facebook de los vecinos de Chasquipampa estalló súbitamente con una preocupación: una vaquilla se encontraba en medio del río que corre por detrás de la zona, felizmente con caudal bajo, y todos preguntaban por la situación del animalito de granja.

“Un vecino la vio, tomó una foto y la puso en el grupo de Facebook, llamaron a los bomberos y un par de vecinos salieron a esperarlos. Los bomberos llegaron de inmediato y rescataron a la vaquita. El grupo de Facebook no es muy activo, pero de pronto hubo como 50 comentarios preguntando si habían llegado los bomberos, si la vaquita estaba bien”, cuenta Tamara Morales, vecina de Chasquipampa.

Los bomberos rescataron al animal y lo devolvieron a sus dueños, también vecinos de la zona. Las felicitaciones y agradecimientos por su labor llovieron en sus redes sociales. “Todas las vidas valen”, respondieron los héroes de la jornada de Chasquipampa.

Tamara vive en la zona hace 10 años y está habituada y encariñada con los animales de granja que ve a diario: vacas, ovejas y otros, cuyos dueños, también vecinos, pastorean  por su calle y otras adyacentes, urbanizadas y asfaltadas. Antes vivían en Obrajes y nunca, hasta que llegó a Chasquipampa, había visto tan de cerca a este tipo de animales.

“Cuando llegamos a la zona,   impresionaba y daba un poco de miedo ver a ese tipo de animales, sobre todo las vacas, por su tamaño, pero luego nos acostumbramos a verlos, nos provocaban ternura y les tomamos cariño. Cerca de mi casa había una vaquita que alimentábamos; mi papá la alimentaba con verdura, la vaca tuvo su becerrito y era una gran ternura”, cuenta.

Una experiencia similar de relación con los animales de granja en medio de asfalto la tienen los vecinos de Següencoma Bajo, quienes aceptaron y prácticamente se apropiaron de Max, un chivo barbudo que fue criado por una familia de la zona. Cuando Max se pasea por las inmediaciones de la casa de sus amos,  ostentando sus cuernos intimidantes, lo único que recibe son los saludos de los vecinos que pasan por el lugar, sobre todo de los niños.

“Max ya forma parte del imaginado de Següencoma y su presencia en la zona cuenta con la aprobación de toda la vecindad”, afirma Carlos Gerl, vecino del lugar. 

El chivo fue traído desde Tarija y llegó como un obsequio para la familia que lo cuida, cuya vivienda se encuentra al lado de uno de los empinados cerros donde se distribuye Següencoma. En el lugar el chivo se desenvuelve con toda naturalidad. “Tiene horarios de salida. Le abrimos la puerta y corre al cerro; se pierde un buen rato, pero cuando le llamamos por su nombre viene corriendo y entra a la casa”, cuenta su ama, por quien Max ha desarrollado un gran instinto de apego. 

“Viene corriendo y se para de dos patas para saludarme;  me tengo que apoyar en la pared, si no me tumbaría”, añade la mujer gozando de las muestras de afecto que recibe del chivo barbudo.

En la zona corre una historia de Max y de ahí el respeto, que se lo tiene bien ganado. 

“La casa donde vive Max se encuentra en un terreno que la gente usaba como atajo para llegar más rápido a la avenida. Los dueños pusieron primero un alambrado para cortar el paso, pero la gente cortó el alambrado. Luego trajeron un perro, pero el perro fue ‘sobornado’ con cariño y demás atenciones, y la gente seguía pasando por el lugar. Hasta que apareció el chivo, con ese aspecto tan intimidante que ya nadie se atrevió a usar más ese atajo”, cuenta Carlos Gerl.

Y sí, el aspecto de Max es muy impresionante e intimidante. Si de lejos sus dos cuernos altos se ven amenazantes, de cerca esa sensación crece al encontrarse con sus diminutos ojos color naranja intenso y esa barba blanca que cuelga de su hocico. Pero los vecinos de Següencoma ya no lo ven así.  “Max es fabuloso, se hizo querer con todo el vecindario; al principio generaba miedo por su aspecto, pero fue ganando confianza;  cuando lo ven,  lo acarician,  los adultos con mayor reserva que los niños”, cuenta Gerl.

En varias zonas de La Paz, sobre todo de la zona Sur, es más frecuente conocer personas que en sus barrios conviven con animales de granja sin encontrar mayor dificultad,  más bien, satisfacción de tener contacto con estos, como sucede en Chasquipampa, donde los vecinos desempolvaron su Facebook para ayudar a la vaquilla que estaba en medio del río.

“La ciudad está creciendo muy rápido y la mancha urbana ya llegó a las zonas rurales donde la gente cría animales de granja para su subsistencia u otros ven en el espacio y las condiciones del lugar donde viven como oportunidad para criar a un animal de estas características, que es importante remarcar, necesitan más espacio y mayor cuidado, sobre todo veterinario para controlar que no generen plagas, como las garrapatas”, opina la bióloga Mariana Da Silva.

La ama de Max aclara que un grupo de estudiantes de veterinaria visitó al chivo barbudo para someterlo a un control médico y que siempre están pendientes de la salud del animalito.

Tamara,  de Chasquipampa, pensando en los animalitos de granja que siempre ve en su zona, considera que es prudente no exponerlos a vías de mucho tráfico vehicular. “Vivimos en una zona sin mucho tráfico de vehículos, pero igual sus dueños tendrían que cuidar de no dejarlos sueltos sin supervisión”, dice.

Miembros de  Bomberos Antofagasta Sur  lograron sacar del río a la vaquilla y la devolvieron a su dueño.

Fotos Facebook Bomberos Antofagasta.

“No veo que los maltraten, pero tal vez tomar previsiones”, añade la joven.

En Las Lomas de Achumani,  Gabriel Sánchez, cuando sale de su vivienda para pasear a su perro, casi siempre se encuentra con un par de toros que pastean en la calle y  comen el pasto que brota en las jardineras donde están sembrados los árboles.  

Hace unos días, mientras miraba por una de las ventanas de su casa, vio cómo los dos toros bajaban corriendo por la calle principal de Las Lomas, mientras un hombre trataba de alcanzarlos, provisto de  una soga con la que intentaba lazarlos. 

La vaquilla que  apareció   en el río  de Chasquipampa y uno de los bomberos que fue a su rescate.
Foto Facebook Bomberos Antofagasta Sur.

“Los toros empezaron a pelear en medio de la plaza, se daban de cornadas y se empujaban; un espectáculo bastante pintoresco desde mi ventana, pero seguro que estando en la plaza la vista hubiera tenido otro sentido”, cuenta.

“No me incomoda de manera directa ver animales de granja a mi alrededor”, añade. Sin embargo, en la alguna oportunidad ha observado que en algunos sitios de su zona hay garrapata, lo que puede representar un problema, tanto para los animales como para las personas. “Ya me pasó que al regresar a mi casa y pasar por un árbol me caiga alguna garrapata, eso es incómodo, pero por lo demás no tengo problema. Mi mundo se encuentra con este mundo (de animales  de granja) cuando saco a pasear a mi perro”, añade.

En la zona de Irpavi,  a la altura de la calle 8, a unos pasos  de la  avenida principal,  unas vacas pastan tranquilamente.
Foto Freddy Barragán /Página siete

Es que la zona en que vive Gabriel es de las muchas que se extienden en áreas que hasta poco eran rurales en La Paz, donde la gente cría animales de granja y tiene diferente manera de relacionarse con el espacio. Por el momento,  el encuentro entre estos dos mundos es armonioso y hasta anecdótico.

 

 

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