Regreso a clases en la región: ya no es el cuándo sino el cómo

La presencialidad presenta otros retos como el transporte escolar y las actividades deportivas. Los maestros deben ayudar a los niños con traumas por la pandemia.
martes, 23 de febrero de 2021 · 05:04

Juan Pablo Tovar  / Connectas

Ana ya no aguantaba más. Desde marzo había dejado de ver a sus amigas y le hacían mucha falta. Pero desde hace poco sus tristezas terminaron, al menos por tres jornadas a la semana en el colegio Equirayá, cerca de Bogotá, Colombia. Sus dos hermanos menores ya van todo el día, y parecen haber terminado esos meses interminables en los que sus papás tuvieron que hacer malabares para trabajar y al mismo tiempo impulsar el estudio de sus niños, de entre tres y ocho años. 

Casi durante todo el año anterior, esas escenas se repitieron a lo largo y ancho de América Latina. Pero si para Ana y su familia la situación fue dura, lo fue mucho más para millones que ni siquiera contaban con los recursos técnicos necesarios. Aún cuando los tuvieran, se trataba de una situación precaria: los niños se aburrían, perdían interés, se desesperaban. Les faltaba algo que ningún computador o teléfono celular podía darles: el contacto de los amigos, la experiencia de la escuela, hasta las pilatunas. En fin, todo lo que significa ser un niño.

Pasados los meses más críticos de la pandemia, la decisión generalizada de cerrar las escuelas ya no resulta indispensable. Hoy la ciencia médica entiende mejor los mecanismos de la infección, y las vacunas están a la vuelta de la esquina, cuando no a las puertas de muchos. Además, crece entre los epidemiólogos la tendencia a no considerar a los niños como grandes vectores del virus. 

Por todo eso, muchos gobiernos han venido acatando las recomendaciones de los expertos en salud infantil, para los cuales el confinamiento, en especial los más pequeños, es muy contraproducente a largo plazo y afecta sus oportunidades de aprendizaje e interacción, a lo que se suma el aumento de la deserción escolar en 2020. Hoy casi todos tienen claro que los estudiantes deben regresar a las aulas lo más pronto posible.

165 millones afectados

En efecto, las secuelas de meses de cuarentena y distanciamiento social para los más chicos resultan incalculables. De acuerdo con un estudio de la Unesco, el cierre de los centros de enseñanza en 33 países en esta región (excepto Nicaragua, que los mantuvo abiertos) afectó en abril a 165 millones de estudiantes.

Hoy varios países de la zona han iniciado el regreso de manera gradual, con protocolos de seguridad y combinando el aprendizaje presencial con el remoto. En Brasil, donde el cierre de las instituciones dejó sin acceso a la educación a 5,5 millones de niños y adolescentes durante 43 semanas, 22 Estados reabrirán entre febrero y marzo. Colombia, que tuvo su segundo pico de contagios en enero, también ya ha avanzado con un modelo híbrido para el retorno presencial en algunos de los colegios, tanto privados como públicos. En la capital colombiana, regresaron a la actividad una veintena de colegios públicos, de un total de 400 que terminarán de hacerlo hasta mediados de abril. 

En otras naciones la vuelta a lo presencial coincide con la llegada de las vacunas. En Costa Rica ya han suministrado 97.000 dosis de la de Pfizer y un millón de estudiantes de grados seis a 11 volvieron a los colegios, con una fórmula que combina lo remoto con el cara a cara. Chile, el país con más avance en esta materia (2,3 millones de personas vacunadas) planea el regreso oficial a partir de marzo. 

Con este nuevo escenario en marcha, el debate gira ahora en torno a cómo hacer este retorno a lo presencial en América Latina. ¿Qué tan preparadas están las instituciones educativas de la región para un regreso en condiciones seguras?

Públicos y privados

Como es de esperar en un subcontinente tan desigual, no todos regresarán en la misma forma. Las instituciones de carácter privado y las públicas tienen diferencias abismales en sus presupuestos para implementar protocolos, a lo que se suman las brechas entre los recursos de las escuelas urbanas y las rurales.

Las últimas, por ejemplo, tendrán dificultades mucho mayores para seguir los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Éstos incluyen tener disponibilidad plena de servicios básicos (agua potable y sanitarios en buen estado) para adoptar prácticas de higiene tan elementales pero esenciales, como el lavado constante de manos. 

Como lo señala un informe publicado en noviembre por el Banco de Desarrollo de América Latina, “apenas la mitad de los alumnos de estatus socioeconómico más bajo acuden a escuelas con acceso a ambos servicios. En países como Argentina, Colombia, México, Panamá y Perú menos de la mitad de los colegios que atienden a los estudiantes más pobres cuentan con esta infraestructura básica. Es decir que los sistemas educativos refuerzan la brecha socioeconómica existente entre las familias con una brecha en la calidad de la infraestructura escolar básica”.

Según ese mismo informe, la OMS recomienda tener los asientos de los alumnos separados por una distancia mínima de 1 metro a los cuatro lados. Por eso, ajustarse a esas condiciones requiere disponer de una superficie de 2,5 metros cuadrados por cada uno. Esto, según los cálculos del Banco Interamericano de Desarrollo “implicaría reducir el número de alumnos entre 20 y 40%, según el país”.

Los maestros

Por otro lado, está el tema de los docentes y, en primer lugar, cómo suplir en el aula a los educadores que pertenecen a grupos de riesgo o tienen comorbilidades, que deberán seguir desde casa. En Colombia, por ejemplo, el Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) de la Universidad Javeriana encontró en un análisis que 16% de los docentes en este país tienen más 60 años, mientras que 30% superan los 55.

En ese sentido, en Bogotá, la alcaldesa Claudia López afirmó que “van a regresar los maestros más jóvenes, con menos riesgo de comorbilidades y de manera gradual, segura y progresiva. Eso es lo que desde el principio hemos planteado”. Mientras tanto, en México los planes del gobierno han incluido servicios de atención médica y de adaptación física para los docentes que planean el regreso a clases. En todo caso, los gremios de maestros han chocado con varios gobiernos, pues sostienen que aún no cuentan con las condiciones suficientes para volver.

Tres alumnas  de  la Unidad  Educativa Boliviano Japonés pasean cuidando la distancia física.

En Chile la puja entre el gobierno y los representantes de los profesores tiene en veremos la fecha exacta para el retorno a las aulas. El presidente de la Comisión de Educación de la Asociación Chilena de Municipalidades, Bernardo Vásquez afirmó a CNN: “Creo que no hay de ninguna manera condiciones para volver a clases presenciales. Esto se va a poder asumir una vez que este proceso de vacunación, que ha sido exitoso, vaya mucho más adelante y podamos entregar garantías”. 

El dirigente ha pedido aplazar hasta el 15 de abril el inicio de las labores presenciales. En medio de esas negociaciones, el Ministerio de Salud chileno adelantó un par de semanas el inicio de la vacunación para maestros y profesores, para presionar la vuelta desde el primero de marzo como había anunciado el gobierno. 

Conociendo al virus

Otro aspecto tiene que ver con el cambio de perspectiva científica acerca del coronavirus.

Al respecto, se destaca la opinión de 175 expertos en infecciones pediátricas, encuestados por el diario The New York Times, quienes están de acuerdo en que “muchas de las precondiciones comunes que se han esgrimido para abrir las escuelas —entre ellas vacunar a maestros o estudiantes y bajas tasas de contagio en la comunidad— no son necesarias para dar clases presenciales de manera segura.

Esa opinión va en la misma dirección de los lineamientos más recientes de las autoridades federales de Estados Unidos, que no incluyen la vacunación como requisito indispensable para volver a las clases presenciales. 

Eso conduce a otra problemática: la actitud, no pocas veces justificada, de muchos padres. Por ejemplo, en la capital colombiana, de acuerdo con la última encuesta de percepción Bogotá Cómo Vamos, un “54% de los padres, en los niveles socioeconómicos donde predominan los niños de los colegios oficiales, dijo que sólo enviaría a sus hijos a clases cuando exista la vacuna”. 

En la escuela de Palcoco  en La Paz se improvisó un punto para el lavado de manos.

En Buenos Aires, el colectivo Familias por un Retorno Seguro a las Escuelas, se manifestó a las puertas del Ministerio de Educación ante lo que consideran la falta de controles y materiales de limpieza para el retorno a lo presencial. 

Se quejan porque los planteles no tienen las condiciones necesarias, piden un plan de vacunación prioritario para los docentes y exigen tener acceso a las escuelas para controlar directamente el proceso de reintegro de sus hijos a los salones de clase. 

Además, la presencialidad presenta otros retos como el transporte escolar seguro y las actividades deportivas, que tienen un mayor riesgo de contagio. Así mismo, a los maestros les plantea cómo mejorar su capacidad para atender problemas de salud mental o a niños que han sufrido traumas durante la pandemia, como por ejemplo la pérdida de algún familiar. 

Más importante aún será recuperar el terreno perdido en materia educativa y las capacidades de los estudiantes que tuvieron dificultades con el aprendizaje remoto. 

No menos importante es que los padres, alumnos y padres de familia vuelvan a percibir a las instituciones educativas como espacios seguros en los meses por venir. Como asegura el exrector de la Universidad Nacional de Colombia Moisés Wasserman, en una columna de opinión para El Tiempo, “la caracterización del colegio como un lugar peligroso, en contradicción con su esencia, que es la de un lugar de protección, hace un daño que tardará en ser reparado”.

El regreso a clases enfrenta, como vimos, muchos retos de gran calado. Pero a estas alturas parece inevitable que, en las semanas y en algunos casos en los próximos meses, los patios de las escuelas vuelvan a llenarse de niños, como Ana y sus hermanos, corriendo y jugando en medio de gritos y risas. Al fin y al cabo son niños.

Juan Pablo Tovar es responsable de la gestión y seguimiento de programas y proyectos en Connectas y periodista colombiano especializado en Opinión.

 

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