Opinión

Gracias Evo, por todo…

Patético es ver al Presidente hacer hipócritas llamados a la paz, a la desmovilización, a la suspensión de medidas luego de insultar y amenazar de frente a quienes legítimamente protestan.
domingo, 10 de noviembre de 2019 · 00:00

Gustavo Murillo Carrasco Ciudadano boliviano

Qué aberrante, qué indignante es escuchar a Evo y a toda su conocida escolta seguir insistiendo hace casi dos semanas con la porfiada fijación de aferrarse al poder cueste lo que cueste.

Suyas son las responsabilidades y las culpas por habernos llevado a una situación tan extrema a todos los bolivianos; sin embargo, siguen escamoteando, mintiendo, distorsionando y tensionando, día que pasa, los ánimos con mayor intensidad.

Patético es ver al Presidente hacer hipócritas llamados a la paz, a la desmovilización, al repliegue y la suspensión de las medidas luego de insultar y amenazar de frente a quienes legítimamente protestan. Nada menos que él, el hombre que más división, odio y enfrentamiento sembró en Bolivia, no sólo ahora, sino durante casi toda su vida política, el maestro del bloqueo, el más resentido y vengativo de todos, el que alimenta el racismo entre los bolivianos. Gracias a Evo estamos enfrentados y agrediéndonos en las calles.

Pero no está solo, no, lo acompañan varios sujetos impresentables que provoca repulsión verlos y oírlos. Desde un conocido bravucón que amenaza de muerte a los “hijitos” que bloquean, pasando por un exmilitar desertor y disfrazado de diplomático en Cuba, ahora ministro de nuevo, que avizora un Vietnam moderno, cuando nunca, ni en juego siquiera, seguramente, entró en combate; terminando en García Linera, el cerebro de todo este desbarajuste pirómano (ahora mismo no sabemos qué está tramando).

El Vicepresidente, un individuo que, siendo indulgentes, debería provocar nuestra lástima por el severo cuadro clínico del que adolece, un caso digno de estudio psiquiátrico por tratarse de un sociópata peligroso para cualquier sociedad, pues no se arrepiente ni se da cuenta de las barbaridades que hace y dice. Ese mismo de los delirios gramscianos, estalinistas y fascistoides que elucubra con maestría para dividir y perseguir con saña a los bolivianos que no comparten sus trastornadas ideas; por su culpa, también, estamos como estamos.

Ese es el tipo de autoridades que tenemos, esa es la actual clase política que gobierna Bolivia 14 años y que quiere continuar para siempre. Ese mismo tipo de gente embrutecida por el poder y que ahora sufre por lo que se les viene encima. Los dueños del proceso de cambio, de la transformación que ahora son los más conservadores, los que no quieren el cambio porque se les acaba el maná, la savia, la leche y mamadera de la que viven contentísimos desde 2006.

Aquellos que rodean a Evo por interés y se aprovechan de su figura, los que le hicieron creer que él es su rey supremo, esos maquinadores profesionales y calculadores abyectos que sin Jefazo no son nada, porque el momento que les falte su redentor se les acaban sus privilegios, su “vivir bien” a costa del dinero de todos. Lo que está sucediendo en Bolivia es penoso. Hasta ahora es sólo una pequeña muestra de lo que están dispuestos a hacer los adictos al poder para evitar no sólo que se descubran mayores escándalos en 14 años de latrocinio, dispendio y corrupción. “Si vuelven estamos perdidos”, lo dijo Quintana.

¿Un baño de sangre entre bolivianos?, por supuesto que está entre sus cálculos, siguiendo el ejemplo de forajidos como Maduro y Ortega. No les importa ni la gente, ni el país,  ni nada, por eso mandan a sus hordas aleccionadas contra la gente que protesta legítimamente por los atropellos del régimen.

Todo empezó en  2016 y el famoso NO del referendo, el pueblo se hartó de burlas, de chapuceros deshonestos y embusteros, de la prepotencia y el capricho del ruinoso régimen masista. 

Evo y los suyos no contaron con la reacción colectiva de esa gente que no acepta más abusos ni burlas. Al Presidente y su tropel les incomoda, les ofende, les hiere e indigna en lo más profundo de su orgullo y su soberbia que la gente se haya atrevido a tomar la calle. La calle que fue, era y debió seguir siendo su espacio exclusivo, su propiedad, el lugar al que sólo ellos tenían derecho de ocupar para reclamar, protestar y exigir sus derechos.

Tan sólo ellos, callejeros por antonomasia, prepotentes, abusivos, montoneros y muy machos en trulla y en bollo, con chicote, cortando corbatas,  escupiendo e insultando, dueños legítimos de sus protestas, “ésas sí única y genuinamente justas”, “las que valen y sí son verdaderas y plenamente justificadas”, sólo cuando son de su lado y las ejercen (las demás no cuentan, no existen, no son del pueblo y son pagadas por nota, por plata y por el imperio)

¿Acaso no era un derecho rebelarse?, ¿desde cuándo rebelarse es exclusivo de los masistas? Cuando el pueblo se cansa y se agota de la imposición sucede lo que está pasando en Bolivia. Ahora están probando un pelín de su brebaje.

Malas noticias para el Evo, acostumbrado a imponer su capricho hasta ahora: El pueblo no habían sido sólo ellos. El pueblo se cansó, el pueblo somos todos, con el impulso renovado y ejemplar de los jóvenes, los vecinos,  los independientes, los de arriba y los de abajo, todos nos cansamos de mantener parásitos mediocres para que vivan con la plata que a todos nos cuesta.

La salida de esta crisis, claro está que no es sencilla, puede no ser la esperada por todos los que protestamos con derecho. El régimen aún tiene a su favor gran parte de los medios para salirse con la suya. Nadie sabe lo que puede suceder en las próximas horas, todo es incertidumbre.

Evo y todos quienes lo siguen con devoción, bien saben lo que hicieron, lo que armaron y planearon con ignominia. También saben cuáles pueden ser sus marrulleras salidas si la cosa se pone peor; para eso son gallos, pero aún si así encontrarán un resquicio que los deje todavía en pie. Será una victoria pírrica, momentánea, falsa como su conducta, torcida como su moral; más pronto de lo que esperan volverá la gente con mayor bronca y para entonces deberán preparar a la apurada el Fálcon o el helicóptero (ambos en comodato) para el último viaje sin retorno del frustrado monarca que está a punto de capitular para los lamentos desgarradores de sus siervos.

“Para el pueblo lo que es del pueblo”…, finalmente se lo ganó.

 

 

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