Análisis

La candidatura de Camacho y la economía de Santa Cruz

domingo, 08 de diciembre de 2019 · 00:00

Napoleón Pacheco Torrico Economista

La candidatura del expresidente del Comité Cívico de Santa Cruz sorprendió a algunas personas en La Paz. Camacho emergió en la lucha de recuperación de la democracia con posiciones radicales enarbolando la Biblia y afirmando que dejará una carta pidiendo la renuncia al entonces presidente Morales. 

Vino a La Paz en el momento más crítico, cuando en El Alto algunos grupos aleccionados pedían su cabeza; sin embargo, una parte de la ciudadanía paceña, principalmente jóvenes, lo apoyaron brindándole incluso protección en las afueras de un hotel de la ciudad de la zona Sur. 

La emergencia de Camacho expresaba que el núcleo de la oposición estaba en Santa Cruz y, como afirmaron varios analistas, la línea de la lucha y de la resistencia se originaba en Santa Cruz. Ciertamente Camacho afirmó que no iba a ser candidato y luego renunció a la presidencia del Comité Cívico declarándose candidato y con la idea que lo acompañe Marco Pumari, que tuvo un rol importante en la coyuntura, presidente del Comité Cívico de Potosí. 

Los dos personajes tienen el derecho y la legitimidad para ser candidatos, como cualquier otro ciudadano, empero el liderazgo de Camacho es muy claro. ¿Esto es casual?

Claro que no. Existen factores políticos y económicos que explican esta situación. Los políticos se expresan en la coyuntura del fraude electoral, el cansancio, rechazo de la población a Morales por el grosero fraude y la resistencia heroica en las ciudades. Los económicos se relacionan con la gravitación cruceña en el contexto nacional y el retroceso económico de La Paz, elementos que ameritan una lectura histórica. 

En 1905, un grupo de intelectuales cruceños habían cuestionado el abandono de Santa Cruz por parte del Gobierno Central y plantearon la necesidad de construir vías de comunicación  que la vinculen con el occidente, demanda ignorada por el gobierno de La Paz. Se tuvo que esperar hasta 1942 cuando se comenzó a implementar tímidamente el Plan Bohan y decididamente a partir de la década de 1950. 

Esta propuesta de desarrollo sostenía la necesidad de disminuir la fuerte dependencia de la exportación de minerales, mediante la sustitución de importaciones de bienes de consumo básico y de derivados del petróleo, además de la construcción de la carretera Cochabamba-Santa Cruz. Se escogió Santa Cruz considerando su potencial económico en la agricultura, ganadería y petróleo. La aplicación del Plan Bohan, con diferentes nombres, hasta la década de 1970, constituyó   uno de los pocos ejemplos en Bolivia de una política de Estado.

Con apoyo estatal se fue construyendo en Santa Cruz un eje económico que cobra mayor importancia a partir de varios hechos. Uno fue el impacto del primer ciclo de exportación de gas hacia Argentina en los años 70 que generó importantes regalías para la región, y otro la crisis definitiva de la minería del estaño en octubre de 1985. En términos estructurales, la articulación de la actividad económica cruceña con los mercados interno y externo, a diferencia del occidente cuyos productos de exportación siempre se destinaron al mercado externo, constituyó un elemento esencial.

Además de los elementos señalados, existe otro clave y que necesita también de una perspectiva histórica. En Bolivia existe permanentemente una pugna entre regiones, como planteaba el historiador José Luis Roca en su pionero y bien documentado libro Fisonomía del regionalismo boliviano. La otra cara de la historia. (Tercera Edición, 2007),  en el que  afirma que “la historia de Bolivia no es la lucha de clases. Es más bien la historia de sus luchas regionales”. La expresión de esta contradicción fue a partir de la fundación de Bolivia la hegemonía política de Sucre que se impuso en el país debido a que fue sede de la Audiencia de Charcas y desde la década de 1850 la nueva minería de la plata, cuyos principales yacimientos se encontraban en el sur de Bolivia, constituyó el fundamento económico sucrense. 

La crisis definitiva de la minería argentífera a fines del siglo XIX deterioró a la élite sureña, que se enfrentó con la paceña que tenía como actividades fundamentales el comercio y la producción de coca. Los paceños enarbolaban como bandera el federalismo frente al unitarismo y centralismo de Sucre.

 La pugna desembocó en la denominada Guerra Federal, de fines del siglo XIX, que fue una guerra civil, con una clave participación indígena aymara a favor de los liberales paceños, en la que se impuso La Paz y que determinó el traslado de la sede de Gobierno de Sucre a La Paz y el olvido, por parte de los paceños, del discurso federal. 

En otras palabras, el centralismo se trasladó de Sucre a La Paz. Posteriormente, en la primera década del nuevo siglo, la minería del estaño cimentaría la base económica paceña.

Algunos gobiernos nacionales desplegaron esfuerzos para vincular Santa Cruz y Cochabamba mediante la construcción de un ferrocarril que, lamentablemente, fracasó y Santa Cruz continuó aislada del resto de Bolivia hasta el momento en que se terminó de construir la primera carretera en Bolivia entre Santa Cruz y Cochabamba. 

Desde entonces el desarrollo de Santa Cruz fue intenso conformándose un polo económico, basado en la agricultura, industria, ganadería, banca y comercio y que tiene mayor importancia que La Paz cuya dinámica se asienta en el comercio y la presencia del Poder Ejecutivo.

El aporte cruceño al PIB total, a las exportaciones, a las recaudaciones provenientes del mercado interno y de aduanas, es mayor en relación con  La Paz, además de la población. Solamente el PIB per cápita paceño es mayor debido a que la población cruceña es mayor en comparación a La Paz, debido a la intensa migración hacia Santa Cruz.

La evidencia empírica muestra la hegemonía cruceña en el contexto nacional; en consecuencia, no debe extrañarnos que hoy Santa Cruz proponga como candidato presidencial a un ciudadano cruceño.

 

 

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