Tradición y cultura política

El debate obligatorio que impulsa el gobierno encuentra trabas, pero puede prosperar

Este proyecto de ley modificaría la Ley del Régimen Electoral y solo tiene dos artículos. La planificación, organización y ejecución de los debates debe estar a cargo del TSE. Si la Asamblea no lo aprueba, puede ser implementado por ese órgano Electoral.
domingo, 12 de enero de 2020 · 00:00

Fernando Chávez Virreira Periodista

El debate es esencial en democracia, pero  el camino para que  la confrontación de ideas y programas  entre los candidatos vuelva al  ruedo electoral se ha complicado. La  Asamblea Legislativa devolvió al Ejecutivo un proyecto de ley que intentaba que los debates preelectorales sean obligatorios.

El presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, Lino Cárdenas, se oponía al proyecto. “Yo siempre he estado en contra de alguna medida que sea coercitiva, para obligar a alguien a que deba adoptar un mecanismo de comunicación con la población. No me parece democrático, no me parece adecuado ”, declaró.

“Es la libertad que tiene cada candidato, y más aún en Bolivia, donde siempre los temas de debate se los ha utilizado con fines de estrategia electoral; normalmente quien quiere debatir es el que está mal en las encuestas”,  agregó el asambleísta.

Luego anunció que dicho proyecto fue devuelto al Ejecutivo ya que ya fue presentado (y rechazado) en agosto de 2019.   Explicó que dos propuestas similares no pueden ser tratadas en una gestión del Legislativo y ese es el motivo que se devolvió la norma.

Pero Israel Alanoca, viceministro de Coordinación Gubernamental, principal gestor de esta iniciativa, opina que si la Asamblea no aprobara la norma, el Tribunal Supremo Electoral (TSE)  tiene las facultades legales e institucionales para organizar un debate presidencial.

 “Esto solo es una cuestión política y puede ser aprobado (el proyecto) rápidamente, pero en caso de que no se apruebe, el TSE tiene todas las facultades para propiciar un debate presidencial. Este proyecto de ley obtuvo el respaldo del presidente del TSE, Salvador Romero”, afirmó. 

 “Hay algunos parlamentarios radicales del MAS que se oponen, pero también otros que lo ven con buenos ojos. Al margen de los diputados y senadores, la población ha recibido muy bien esta iniciativa.  En redes sociales se puede ver que de 100 mensajes hay un 90% que están de acuerdo. No debería ser una obligación, pero como hay candidatos que rehúyen al debate, por eso proponemos la obligatoriedad”, opina Alanoca.

  Según  el viceministro, el gobierno de la presidente Jeanine Añez considera que los debates son una oportunidad para los ciudadanos, de forma directa, de ver una confrontación de ideas, eso es lo más importante. Confrontación de propuestas, de argumentos, en tiempo real. 

“Esto le da al votante la posibilidad de evaluar cómo los candidatos defienden sus puntos de vista y cómo reaccionan –y eso es muy importante– bajo presión a ideas antagónicas. Por ejemplo al tema del aborto, u otros temas sensibles o delicados. En cierto momento, un candidato cuando se le pregunta sobre estos temas es interesante ver su respuesta”, declara. 

Hay otra consideración, dice,  si bien antes del debate puede existir un candidato favorito en las encuestas, con un debate se puede caer; al decir algo mal, se puede posicionar el más chico, es interesante. Los debates representan una oportunidad no solo para exponer posturas y propuestas, sino para contrastar a cada candidato.

 Qué dice el proyecto

Este proyecto de ley modificaría la Ley del Régimen Electoral y solo tiene dos artículos: el Art. 137 bis, dice: “Se establece la obligatoriedad de debates preelectorales públicos entre todos los candidatos a presidente y vicepresidente de Estado, con la finalidad de dar a conocer y debatir ante el electorado los programas de gobierno de los partidos y agrupaciones políticas en el marco de la transparencia, igualdad de oportunidades previstas en los distintos valores y fines constitucionales del Estado”.

La norma establece que estos debates deben realizarse dentro del plazo de diez días antes de la fecha de elección.   En caso de una segunda vuelta, los debates se realizarían dentro de los cinco días previos.

El otro parágrafo del proyecto de ley señala que “los debates serán exclusivos y por separado, es decir, habrá un debate exclusivo para los candidatos a la presidencia y otro para la vicepresidencia”.

La planificación, organización y ejecución de los debates debe estar a cargo del TSE como órgano independiente de poder y como el órgano competente en esta materia. 

La norma propone que los debates tienen que ser transmitidos de forma obligatoria, en vivo y en directo, “por todos los medios de comunicación estatales, con los respectivos recursos de accesibilidad, lenguaje de señas y subtitulado visible, en español, quechua o aymara”. 

Para los medios privados, las señales transmitidas por los medios estatales serán puestas a su disposición para una transmisión simultánea, si así lo deseen. Sobre los medios privados no recae la obligatoriedad.

El proyecto de ley fue presentado el  lunes 30 de diciembre a la Asamblea Legislativa, a la presidenta del Senado, Eva Copa; y fue devuelto el 8 de enero al Ejecutivo.

Evo y los debates

Alanoca recordó que durante el gobierno del expresidente Morales no se ha incentivado el debate entre candidatos; si bien lo hacían algunos medios privados, no participaban todos. 

“   El candidato con preferencia, que en ese momento era Evo Morales, no quería debatir. Salía por la tangente indicando que solo debate con el pueblo. Su pueblo eran sus organizaciones sociales, que no le preguntaban nada. Dejaban en menoscabo el derecho del pueblo boliviano para informarse de forma directa de los planes de gobierno, que un postulante a este alto cargo electivo pudiera ofrecer. Y también en la posibilidad de contrastar entre varias propuestas programáticas”, opina. 

Para  el analista Jorge Dulon, “hoy el escenario es totalmente diferente; porque ya no está presente en la carrera electoral el caudillo Evo Morales, él era el que no quería debatir y no estaba de acuerdo con una ley de debate obligatorio. En cambio, hoy los candidatos del MAS y los otros por supuesto que les conviene un espacio de debate porque es muy importante para visibilizar  sus propuestas programáticas y sus propuestas de visión de país hacia la sociedad, para hacerse conocer a través de los medios de comunicación”, dice. 

 Consultado sobre la viabilidad de su aprobación en la Asamblea Legislativa, afirma que “yo creo que a nadie le va a parecer mal poder llevar adelante u debate; y menos porque sean obligatorios. Es sano para el país aprobar una ley de estas características porque va a quedar plasmado en el tiempo y cuando aparezcan candidatos con las características de Morales, que no quieran debatir, van a tener que hacerlo obligatoriamente en una lógica de corresponsabilidad con la sociedad”.

En esa misma línea, la especialista en comunicación intercultural Ana López, dice que “Evo Morales jamás aceptó participar en un debate, ni antes ni después de su funesto paso por el poder y ese gesto era ya la primera impresión de lo que para él significaba la democracia. En 2002 se negó diciendo que él solo debatiría con el entonces embajador de los Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha. Era claro que ya entonces sus intereses eran sectoriales y no nacionales. Años más tarde, el 2005, Evo tampoco se presentó a debatir”.

   Sobre la obligatoriedad de la ley, Eduardo Bertoni, director del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información de Argentina, reflexionó sobre si puede establecerse por una ley el obligar a hablar a un candidato  a la presidencia. “Y de hacerlo si se puede sancionar al partido político que integra, cuestión que parecería afectar intereses más allá de los del candidato o candidata en cuestión. Creo que si se insiste o se continua con la discusión sobre una posible ley al respecto, el test para admitir restricciones a la libertad de expresión (que sea por ley, que persiga un fin legítimo y que sea necesaria para una sociedad democrática) debe estar presente en el debate legislativo”, escribió cuando ese debate se instaló en el vecino país.

  Debates en Bolivia y el mundo

En Estados Unidos, el debate presidencial entre los candidatos es una institución. En octubre de 2016, unas 84 millones de personas vieron el primer debate presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton y unos 66,5 millones el segundo encuentro cara a cara de los candidatos. Ese primer encuentro fue el más visto en los 60 años de historia de los debates en ese país. 

 En la gran mayoría de los países de la región se realizan este tipo de eventos. Se ha introducido en los sistemas mediante la tradición o cultura política, como es el caso de Perú, Chile y México, por mencionar algunos. Mientras que en otros casos, es de carácter obligatorio, es decir, impuesto por ley, como sucede en Brasil, Colombia, Costa Rica y Panamá, por ejemplo.

En Bolivia, el último debate  fue en radio Fides, en 2003, cuando se vieron las caras Evo Morales y Gonzalo Sánchez de Lozada. “Evo lo sacó de sus casillas a Goni cuando lo acusó de utilizar dinero del narcotráfico. Y Sánchez de Lozada hizo lo que nunca debió haber hecho; se enojó”, recordó   el periodista Mario Espinoza.

En 2002 debatieron  Manfred Reyes Villa y Gonzalo Sánchez de Lozada. Morales no quiso debatir con Tuto Quiroga en 2005; en 2009 eludió el debate con Manfred Reyes Villa y en 2014 no quiso debatir con Samuel Doria Medina.

 Espinoza recuerda que Carlos Mesa moderó uno de los grandes debates, en la Asociación de Periodistas, cuando en 1989 se enfrentaron  Jaime Paz Zamora,  Gonzalo Sánchez de Lozada y Hugo Bánzer. “En aquella oportunidad, Gonzalo Sánchez de Lozada destrozó a sus adversarios en base a humor, tenía mucho conocimiento, pero el humor hizo las delicias del público. Banzer fue muy cauto, quizá demasiado, no quería ir a la discusión con nadie. Y el que perdió fue definitivamente Paz Zamora; se enojó un par de veces y golpeó la mesa. Allí, el que se enoja pierde”.

En toda democracia, el debate, la deliberación son centrales, mucho más en épocas electorales, donde los candidatos deben mostrar sus ideas principales.

Punto de vista
Ana lopez Máster en acción política

“Debatir o no debatir”

Debatir o no debatir, he ahí la cuestión. Una cuestión que dejaría de serlo si llega a aprobarse el proyecto de ley sobre la obligatoriedad de debate electoral propuesto por el gobierno transitorio de Jeanine Añez. La norma “obligaría” a debatir a los candidatos   antes de las próximas elecciones generales.

La polémica no se ha dejado esperar. Hay quienes están de acuerdo y quienes no. Hay argumentos a favor y consignas políticas en contra. En las condiciones tan delicadas en las que se encuentra nuestra débil democracia, un debate electoral debería hacerse sin una ley que obligue a los candidatos a llevarlo a cabo. Ellos deberían declararse dispuestos a presentarse ante el soberano y plantear sus ideas, planes y programas de gobierno sin intermediarios. ¿Cuáles son los intermediarios? Todos los medios de comunicación y desde hace ya varios años la diva de las redes 2.0: Twitter en la que la que todos los políticos existen solo cuando tuitean. 

Las campañas electorales como las conocemos, a través de medios escritos, la radio o  la televisión, nos muestran candidatos de pasarela, maquillados, bien vestidos y con speeches aprendidos de memoria y que muy poco cuentan de sus verdaderas intenciones en el poder; nos muestran unos candidatos, al fin y al cabo, lejanos e inaccesibles.

No es que un solo debate o varios, como es el caso de países como México y Brasil que tienen una cultura de debate más asentada en la región, nos muestren la luz, pero al menos es un ejercicio político-ciudadano en el que deberíamos involucrarnos todos los que tenemos en nuestras manos la tremenda responsabilidad del voto. En Bolivia hemos aprendido a la mala y con sangre que nuestra decisión política expresada en el voto tiene que convertirse en uno de nuestros bienes más preciados. No todos los ciudadanos militan en un partido político y no todos tienen un candidato de preferencia. En mi caso, ni siquiera tengo uno con el que me sienta medianamente representada o identificada, así que si debo elegir a uno, el debate es la herramienta que me permitiría comparar en tiempo real las propuestas de los candidatos, conocer su capacidad de argumentar y su umbral de tolerancia ante el intercambio de ideas con los demás.

 

 

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