Corrientes

Ser intelectual en Bolivia

Nuestros pensadores reproducen y distribuyen las ideas dominantes que se gestaron en cinco países del primer mundo.
domingo, 5 de enero de 2020 · 00:00

David Ali Condori Sociólogo

 

En los meses de octubre y noviembre de 2019, Bolivia ha vivido una crisis política por las denuncias de fraude electoral que terminó con la renuncia del expresidente Evo Morales. Durante estos conflictos, hemos visto a varios intelectuales que generaron algún tipo de análisis y opinión; por ejemplo, sobre la recuperación de la democracia, el Estado de Derecho, la libertad, etcétera; y otros denunciando un “golpe de Estado”. 

Creemos que el papel de los intelectuales ha sido importante para encaminar la asunción de Jeanine Añez como presidente interina del país. De ahí surge el interés de escribir el presente artículo para considerar las siguientes interrogantes: ¿Qué significa ser intelectual en Bolivia?; y  ¿desde dónde está pensando nuestra realidad sociopolítica la intelectualidad boliviana ?
 
 Los opinólogos

En Bolivia, hablando desde la perspectiva política y económica, se considera como intelectuales a los analistas que están de opinólogos en los medios de comunicación, tratando de explicar o interpretar la coyuntura que vive el país. Éstos son politólogos, sociólogos, abogados y sobre todo periodistas que se atribuyen el sentir y el pensar del país.  Pero, muchas veces, sólo repiten teorías ajenas a nuestra realidad, o intentan analizar la realidad boliviana a partir del pensamiento euro-norteamericano. 

Esto ocurre por la formación académica que reciben en las universidades del sistema, en las que se imparten teorías, conceptos y categorías de los países del primer mundo. 

Así, por ejemplo, se enseña la teoría de un tipo de democracia, la cual tuvo sus orígenes en la Antigua Grecia, donde las mujeres y los esclavos no tenían derechos políticos. Por tanto, era una democracia de élite que únicamente representaba a los ciudadanos de la polis-griega. Esa idea de democracia es frecuentemente defendida desde la intelectualidad boliviana de derecha e izquierda, aquí el Otro (indígena) es todavía considerado como subalterno y su forma de organización democrática no cuenta en el pensamiento político del país. 

De la misma manera, en la economía, muchos privilegian el modelo neoliberal que no fue producido en los países del tercer mundo como Bolivia, sino que se trata de una copia de las universidades de Norteamérica y no es aplicable de manera universal en todo el mundo. 

Sin embargo, todavía hay profesionales como el actual ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Luis Parada, que cree en el neoliberalismo; por eso piensa en la privatización de las empresas estatales. 

Por consiguiente, los intelectuales bolivianos sólo se constituyen en mejores reproductores y distribuidores de las ideas dominantes producidas por algunos países del primer mundo. 

Como dice el sociólogo portugués Boaventura De Sousa Santos: “las teorías, los conceptos, las categorías que usamos en las ciencias sociales fueron elaborados y desarrolladas entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX en cuatro o cinco países: Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos e Italia”.

 Con razón, nuestras bibliotecas están llenas de libros de autores provenientes de estos países y los académicos no tienen otra alternativa que estudiar ese pensamiento euro-norteamericano. Esta es la muestra de la condición colonial de nuestra intelectualidad que termina aplicando teorías y categorías foráneas del siglo XX para analizar la realidad boliviana del siglo XXI.

¿Qué hacer frente a esta realidad? 

Lo que Friedrich Hegel y Karl Marx dirían, que de la conciencia se debería de atravesar a la autoconsciencia y así llegar a la razón. Y llegar a la razón implicaría pensar en un nuevo paradigma de vida, ya que el capitalismo y el socialismo nos están conduciendo a un “auto suicidio colectivo” con la crisis climática. 

Porque ambos proyectos (capitalismo y socialismo) se fundamentan en la explotación de la naturaleza y del ser humano, de ahí el poder es dominación y negación de la vida del Otro. 

Hay la necesidad de romper ciertos esquemas y pensar en nuestra realidad, tal como decía Franz Tamayo en la Creación de la Pedagogía Nacional: “cerrar los libros y abrir los ojos, a fin de comprender mejor la realidad nacional”. No todo  está en los libros, por ejemplo, la democracia comunitaria no se encuentra en las bibliotecas, sino en la vivencia de nuestros pueblos. 

Es importante desmitificar la ciencia social positivista y descriptiva, para luego construir otra ciencia pensada desde el locus de la víctima.  Es decir, desde la razón india o negra que se fundamenta en lo sagrado de la Vida. Contrariamente, la razón blanca o burguesa se sostiene en la racionalidad “medio-fin”, tal como presentaba Max Weber, a principios del siglo XX.  

Para cumplir con estos desafíos del siglo XXI, las universidades bolivianas deben asumir que la formación de los nuevos profesionales esté vinculada a su contexto. Eso implica apostar a una reforma o revolución académica, así se puede construir otro paradigma de vida, con pretensión universal ante la crisis planetaria.
 
Conclusiones

En el epílogo de nuestro artículo, queremos señalar que la intelectualidad en Bolivia debe pensar muy seriamente en una teoría política, económica más allá que el liberalismo y el socialismo. Porque estos dos horizontes de pensamiento político-económico no han tenido mucho éxito en nuestro país, el liberalismo y neoliberalismo han caído con Gonzalo Sánchez de Lozada, y el socialismo con Evo Morales. Ambas vertientes se fundamentan en la dominación y explotación, por eso hay la necesidad de trascender la dicotomía de izquierda y derecha. 

Hay que quitarse las vendas de la colonialidad del saber y pensar los problemas del país, para no seguir en el lamento de nuestro subdesarrollo.  Para ese efecto, se requiere de intelectuales orgánicos, donde el pueblo encuentre en ellos su voz y su pensar. Sólo así el cóndor de Los Andes y el jaguar de la Amazonia pueden anunciar la llagada del nuevo día para Bolivia.

 

 

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