Factor Cero

Seis presidentes en cuatro días

Un 7 de octubre, hace 50 años, el general Juan José Torres juraba como mandatario. Aquí, la historia de aquellos confusos días.
domingo, 11 de octubre de 2020 · 00:00

Ricardo Sanjinés Ávila 
Periodista

Tiempo interesante. Times, Visión y Life llegan puntuales, se escucha a los Beatles y los Rolling Stones, hay estrenos de películas europeas cada semana, la gente baila en el Moulin Rouge y los amantes disponen de un refugio discreto cerca al Montículo –¡un motel!– que hace levantar las cejas a las señoras de la Legión de María. El Comandante de las FFAA, Alfredo Ovando, es ajeno a esas “cosas”, a diferencia del presidente René Barrientos. Ambos son bien mirados en Washington, la Guerra Fría es matizada por una enemistad bíblica en el Medio Oriente, surgiendo un misterio que hará correr sangre. 

Muerto Barrientos en un polémico accidente, el sucesor,  Siles Salinas, cae víctima del golpe militar de Ovando aliado a civiles progresistas. En la carretera Cochabamba-Santa Cruz, el dirigente campesino barrientista Jorge Solíz queda tendido con 18 balazos, luego de que vociferara en las chicherías del valle que Ovando hizo matar a Barrientos, reclamando las armas que le habían prometido los militares.

En 1970 se lee mucho en La Paz, comenzando el día con El Diario, Presencia, Hoy y terminándolo con Última Hora. Ninguno circula los lunes, pues el general Ovando lo reserva para el semanario Prensa del Sindicato de Periodistas, adicto a la naturaleza revolucionaria gobernante. La democracia parlamentaria está de capa caída y se pontifica sobre el modelo cubano. 

Semanalmente circula SIC (Servicio Informativo Confidencial), caracterizado por sus explosivas revelaciones. Su director es Jaime Otero Calderón. El sábado 14 de febrero, mientras la gente asiste al corso infantil, Otero ingresa a una vieja casona de la calle Ayacucho, frente el cine Scala, donde edita SIC. No saldrá de allí con vida. El lunes se halla su cuerpo inerte por estrangulamiento y signos de tortura. El desorden en su oficina deja entrever que los asesinos buscaban algo. 

La mañana del sábado 14 de marzo, un paquete con tarjeta de la embajada israelí es entregado en una residencia de la avenida 6 de Agosto. Contiene un artefacto que explosiona, matando a los esposos Martha y Alfredo Alexander, propietarios de Hoy y Última Hora. Se produce un terremoto político y algunas personas creen que los asesinatos están relacionados con un contrabando de armas a Israel, incluyendo comisiones para gente de poder. La tramitación se hizo en Madrid, de manera que el embajador Alfredo Alexander, fue testigo involuntario del affaire y Jaime Otero anunció la publicación de documentos probando la participación del presidente Ovando.

Éste responsabiliza de los crímenes al “extremismo”, pero nadie le cree. Las sospechas apuntan al Palacio Quemado, acentuándose el descrédito del régimen. Los mandos militares miran desolados a su presidente sumergido en contradicciones. De amigo de los americanos, ha nacionalizado la Gulf. De adversario del Che, declara que hará “una revolución profunda, comunista si es necesario”. Alienta una ocupación de falangistas al monoblock de la UMSA, pero luego envía un regimiento que los desaloja. Parece apoyar una nueva guerrilla en Teoponte, pero manda al Ejército a reprimirla. Argumenta como socialista, actúa como fascista y lo único claro es que Ovando es ovandista.

Al amanecer del domingo 4 de octubre, Radio Batallón Colorados irrumpe con la Marcha Talacocha y la lectura del revocatorio del mandato que las FFAA otorgaron a Ovando. Pero éste vuelve de Santa Cruz y retoma el Palacio. Los golpistas en al Gran Cuartel sólo atinan a preguntarse si alguien tiene un amigo en la Power para cortar la luz en la Plaza Murillo. Los coroneles y generales que acompañan al general Rogelio Miranda, son unos chambones. La situación se pone color hormiga. 

El lunes 5, ante el riesgo de una confrontación militar, la Iglesia reúne a los dos adversarios en la Nunciatura. Miranda está dispuesto a declinar y propone la presidencia del coronel Banzer. Ovando lo rechaza y tras larga deliberación se someten al veredicto de 361 altos jefes militares que rechaza a todos. Ovando se asila en la embajada argentina, Banzer se recluye en el Colegio Militar y Miranda organiza el nuevo gobierno.

El martes 6 se preparan los comandantes del Ejército (general Guachalla), de la FAB (general Sattori) y de la Naval (almirante Albarracín), el Alcalde Armando Escobar, abarrota la Plaza Murillo de “gremiales” que vitorearán al triunvirato. El principal es Guachalla, quien ensaya en el Palacio su discurso. Como la voz no le sale muy bien, pide un whisky para “aclarar la garganta”. La alocución no acaba de gustarle y pide otro. Pero tras el tercero, el asunto se pone peor. En tanto, el general. Juan J. Torres está en la base aérea de El Alto y desde su asilo Ovando le envía dos maletas llenas de billetes con su jefe de seguridad, Luis Arce Gómez. Es que acaba de llegar a El Alto la fuerza militar que derrotó un foco guerrillero en Teoponte y ese dinero los estimula para sumarse contra el triunvirato. Todo en mélange ideológico-militar. Dos aviones de la FAB sobrevuelan la Plaza Murillo y disparan sobre la multitud que se dispersa aterrorizada, sin bajas porque las balas son de fogueo. No hay discurso de Guachalla, Ovando se frota las manos, pero Torres rodeado de civiles siente que es su oportunidad. 

La oficialidad asustada por el curso de los sucesos, pide al general Miranda volver al plan original, con él a la cabeza. La noticia llega al general Sattori y tal es su rabia que va a la base aérea y apoya a Torres. Minutos más tarde, Guachalla y Albarracín dejan el Palacio vacío luego de ser co-presidentes por cinco horas, mientras los periodistas se mueven del Palacio a El Alto. Dándose cuenta de que su pupilo J.J. será el beneficiario, Ovando va al Colegio Militar y le pide a Banzer reducir a Torres con los cadetes. La respuesta es la única posible: “Mi general, con todo respeto, váyase a la mierda”. Fin de la opereta.      

El miércoles 7, una compacta fuerza de la COB y líderes de izquierda baja a la ciudad. El general Juan José Torres sale al balcón del Palacio, hace la señal de la cruz y jura ante el pueblo. Sexto  presidente en 4 días. 

En las semanas siguientes, Bolivia marcha al socialismo y Ovando es embajador ante el Generalísimo Francisco Franco. Retorna la paz momentánea y un viernes, una pareja busca un lugar donde dar rienda suelta a su pasión. Pero, ¡maldición!, cuando llegan al motel de Sopocachi, universitarios revolucionarios están ocupando con violencia aquel supuesto antro de pervertidos capitalistas para fotografiarlos. El “operativo a calzón quitado” sufre un fiasco al encontrar allí sólo parejas que hacen el amor sin consignas, entre ellos un subsecretario beniano, comunista y sesentón, que combate el frío paceño retozando con una buena moza también necesitada de cariño.

 

 

 


   

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