Elecciones EEUU

El oscuro legado de Trump

El discurso de la violencia es uno de sus ejes retóricos, seguido por el machismo, la valentía, la heroicidad y la mentira para alterar la realidad.
domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:00

Carlos Decker-Molina
 Periodista boliviano radicado en Suecia

En 1880 el historiador británico James Bryce viajó por la nueva Unión con el fin de estudiar el nuevo país que nació en inglés porque allí estuvieron los británicos y les dejaron de herencia su lengua. Bryce escribió un libro, The American Commonwealth, en el que recoge sus impresiones de historiador. En uno de sus capítulos advierte  que la democracia estadounidense podría caer víctima de un tirano, pero “no un tirano contra las masas, sino un tirano con las masas”.

Las instituciones de la Unión no han permitido la presencia de tiranos en la Casa Blanca, sin embargo, ha habido tiranuelos de cara al exterior, sobre todo si ese exterior es cercano como América Latina a la que ultrajaron con la política del gran garrote. 

El presidente de  EEUU que está más se acerca a la descripción de Bryce es Donald Trump porque recibió 70 millones de votos en las elecciones del pasado 3 de noviembre. ¿Es que 70 millones de estadounidenses son extremistas, racistas, xenófobos, misóginos, machistas y mal hablados? No lo sé. Pienso que hay muchas razones para apoyarlo, entre ellas el miedo.

Escuché unas entrevistas que los reporteros de Radio Suecia hicieron con vecinos de barrios blancos días antes de las elecciones.  Todos tenía distintas razones para explicar su apoyo a Trump, pero el común denominador era el miedo a los afroamericanos, a los latinos, es decir el miedo al Otro. Una ama de casa dijo: “Van a venir atacarnos, a robar, a violar”. No de otra manera se explica el aumento de la venta de armas de fuego durante los días previos a las elecciones. 

El discurso de la violencia es uno de los ejes retóricos de Donald Trump; consciente del resultado, sembró la duda, el temor y el miedo. En ese discurso es aceptable hablar de la identidad nacional para separarse de los inmigrantes que son descritos como los “destructores de la identidad nacional”.

Otro de sus ejes discursivos ha sido el machismo, la valentía, la heroicidad. Se filtró una información (no confirmada) del hospital donde estuvo recluido con Covid-19. Se dice que cuando decidió abandonar el centro médico habría pedido una polera de Superman. Lo que está confirmado y sirve como ejemplo de mi afirmación es: “Tengo a la gente más leal, podría pararme en mitad de la 5ta, Avenida y disparara a alguien y no perdería votos”.

El tercer eje de su retórica es la mentira o “adulterar la realidad”, por esas razones que sólo los sicólogos y siquiatras pueden explicar; “ese adulterar la realidad puede ser espontáneo y/o planeado, él cree en su verdad, es su realidad “alternativa”, es suya. “Las dice en público porque quiere convencer de que su realidad es la verdadera” 

El Washington Post ha contabilizado 22.247 falsedades hasta el 27 de agosto.

 

La compulsión digital

El trastorno obsesivo-compulsivo es una enfermedad, genera pensamientos obsesivos que pueden conducir a actos obsesivos. Twittear puede volverse una conducta obsesiva. “El afectado es consciente de su irracionalidad, pero no puede debido a la obsesión”, en el caso de Twitter, “debe hacerlo sino no lo hace ha dejado de existir unos minutos”.

Trump twitteó 200 veces cuando comenzaron las protestas por la muerte de George Floyd. Ha usado el medio digital para echar del trabajo a sus asesores más cercanos como John Bolton y otra decena.

Muchos de sus adeptos consideran que el uso del Twitter es “moderno”, “el presidente más digital” y eso lo saca de la definición común del político poco afecto a la digitalización.

“Trump no es político”. El político, según sus seguidores  oculta la realidad, vive del contribuyente. “Trump es millonario no necesita de los contribuyentes”. “Es auténtico”, se “parece a nosotros”, “es espontáneo”, “dice las cosas como son”. Esas opiniones de sus seguidores son el riego que abona su narcisismo.

Narcisismo

 “Es un trastorno mental en el cual las personas tienen un sentido desmesurado de su propia importancia, una necesidad profunda de atención excesiva y admiración, relaciones conflictivas y una carencia de empatía por los demás”.

Lauren Collins del New Yorker escribió en 2016: “Si la promesa de Obama es que Él era Tú, la promesa de Trump es que Tú eres Él”. No fue a una cena en París porque llovía y “corría riegos su peinado”.

Su narcisismo hace imposible razonar y diferenciar entre lealtad al Estado y lealtad a la persona del presidente. Para Trump la primera lealtad es y debe ser a él, no importa que sea  presidente o empresario; la lealtad al Estado pasa a segundo plano, por eso despidió en medio periodo es decir hasta 2017 más de 30 personas, todas acusadas de falta de lealtad a Trump.

 

Corrupción

Hace cuatro años, Trump prometió acabar con la corrupción de la élite de Washington, “es un establishment corrupto al que le cortaremos las uñas”, pero en la realidad Trump inauguró otro modo de corrupción. Sus propiedades como hoteles por ejemplo han ganado 8,1 millones de dólares de dinero público, sus viajes de fin de semana cuestan otra millonada a las arcas del Estado y siguió su concepción anti impositiva, eludió pagar impuestos. Trump y su cohorte de abogados lograron que pagara apenas 750 dólares de impuestos alegando pérdidas económicas. 

El concubinato entre plutocracia y populismo ha sido llamado por New York Times “plutopopulismo” para calificar la corrupción de Trump.

La normalidad trampista 

Donald Trump seguirá siendo una fuente de inspiración a la derecha y también a una izquierda no libresca que confunde clases con masas. Las masas son el opuesto al concepto de comunidad o sociedad que supone orden y concierto. Las masas no son el proletariado porque éste es expresión de un orden político/partidario.

Gustav LeBon, en Psicología de las masas (1953) establece tres características: a) Exclusión de la razón en el obrar.  b) Reacción rápida y emocional; y c) Capacidad especial para ser influenciada 

Esas tres características son mucho más nítidas en las condiciones del siglo XXI. Son masas que pueblan las sociedades del post industrialismo y dependen de quien las hechiza. El brujo puede ser Trump, pero también puede ser el religioso Erdogan o el nacional socialista Chavez o Putin u Òrban que incluso encontró un nombre para su ideología, la bautizó como iliberal.

El trampismo llega al poder a través del expediente democrático y se perpetua o pretende hacerlo desmontando el entramado que lo llevó al poder para evitar que otro le arrebate. 

La gran lección del 3 de noviembre en EEUU es la defensa de la democracia. El sistema está siendo atacado desde adentro a través de la verdad alternativa, de la mentirá reiterada, del culto al egocentrismo del líder y la identidad nacional como muro que separa y aísla al Otro que es el inmigrante o el de color diferente o el de iglesia distinta.

 

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