Factor cero

Las bombas del fin de siglo

Es el año 2000; la guerra del agua en Cochabamba, las negociaciones del venta de gas a Chile y el Y2K marcaron el gobierno de Hugo Banzer.
domingo, 22 de noviembre de 2020 · 00:00

Ricardo Sanjinés Ávila
Periodista

Se aproxima el apocalipsis con el nuevo siglo. Las computadoras no están programadas para reconocer la cifra 2000, temiéndose un desbarajuste monumental de datos desavenidos, cifras inexplicables y devastación documental. El doble cero es un virus producto de un descuido humano imperdonable que anulará las convenciones en un súbito arranque de algoritmos perturbados. Por suerte, en el último  minuto previo al desastre, un matemático boliviano salvará al planeta. 

Gobierna el general Hugo Banzer, antiguo dictador victorioso en elecciones democráticas, quien intenta satisfacer el reclamo por agua en Cochabamba mediante el proyecto Misicuni, adjudicado al consorcio Aguas del Tunari, integrado por constructoras y proveedores bolivianos y extranjeros. El costo es alto y exige un incremento mínimo de tarifas. Hasta entonces la población paga por agua contaminada de pozos que explotan los llamados “regantes”. Estos se parapetan en una “Coordinadora por la Defensa del Agua”, politizando el tema con violencia callejera, heridos y detenidos, destacando allí, entre otros, el cocalero Evo Morales. Estallan acciones similares en el altiplano, donde Felipe Quispe, el Mallku, bloquea las carreteras paralizando miles de vehículos, intentando desabastecer La Paz, atacando guarniciones militares y matando oficiales del Ejército. 

En Cochabamba, gente armada asalta los comercios del centro, incendia oficinas públicas, lanzándose sobre el cuartel de la Séptima División del Ejército, cuyos custodios son tachados de “masacradores” por canales de TV adictos al opositor Sánchez de Lozada. Tras largas semanas, Iglesia, prensa y defensora del pueblo logran pacificar al país y el pueblo, al borde de la locura, clama por trabajo para subsistir. 

El modelo neoliberal “a la boliviana” parece haber fracasado. La apertura a ultranza del comercio deja cesantes a los productores, el libre mercado sólo favorece al contrabando, la informalidad, el narcotráfico y estos no pagan impuestos. La capitalización gonista de empresas estatales  ha deprimido el gasto público y los beneficios son exiguos. 

Al otro lado del mundo, el FMI fracasa intentando reconvertir la economía rusa, dando paso a mafias que derrumban todo esfuerzo sensato, mientras China se convierte al evangelio pinochetista de neoliberalismo con dictadura. El fantasma de la crisis financiera cruza los mares, produce un “efecto tequila” en México, barre con todo protocolo de enmienda en Argentina y el “efecto tango” ingresa a Bolivia por Villazón como un tsunami que barre con lo trabajosamente conseguido por el 21060. 

Espantados, los empresarios devuelven el modelo económico al Estado, ante la imposibilidad de sostenerlo, mientras iconoclastas de poncho recalientan las momias de Stalin y Hitler, buscando un führer con abarcas. El fin de la historia proclamado por Francis Fukuyama no es tal y surge en la sabana venezolana un mesías insumiso, amenazando con hacer arrodillar a la democracia que parecía eterna e insustituible.

El ya presidente Hugo Chávez visita Bolivia en agosto, siendo recibido por su colega Banzer. El coronel pupilo de Fidel, chabacano e informal, desentona con el austero general cruceño. Y en la despedida, Banzer le hace al visitante una advertencia enérgica:

 -Mi coronel, ya deje de meter plata al Chapare…

Era evidente que había empezado a fluir dinero venezolano para desestabilizar la democracia boliviana. Más allá de ese detalle, Banzer cree que su gobierno fracasará si no resuelve la demanda económica de la población. El propio mandatario inaugura el gasoducto a Brasil, pero los beneficios no son suficientes, aunque la capitalización de YPFB permitió descubrir grandes yacimientos de gas aunque sin mercado. 

Preside Chile don Ricardo Lagos, décadas atrás  socialista cercano a Allende, ahora enarbolando las banderas de la libertad económica y la democracia. Él desea combustible limpio y barato para los productores chilenos. Su principal proveedor, Argentina, tiene problemas, de modo que la alternativa es Bolivia y busca una aproximación a Banzer. Repsol, British Gas y British Petroleum constituyen un consorcio en la perspectiva de exportar gas por barcos a la costa oeste de  Estados Unidos. El negocio requiere un puerto sobre el Pacífico. Los presidentes de Bolivia y Chile se reúnen. 

Banzer: -Bolivia va a exportar 400 millones de dólares de gas, ese gas va a llegar al puerto, en el puerto hay que licuificarlo para ponerlo arriba de un barco, pero el país que lo haga, digamos Chile, va a exportar 1.500 millones de dólares. ¿Cómo le explico yo a Bolivia que nosotros exportamos 400 millones de dólares y que luego Chile lo exporta por 1.500 millones?

Lagos: -Es muy fácil, general. Le doy una concesión para que Bolivia instale su propia planta de licuefacción. Usted me dice la extensión que necesita, por el período que haya que hacer la exportación y nosotros no cobramos nada, ningún impuesto... 

La negociación va en serio y Chile ofrece un territorio por cien años, donde rijan leyes bolivianas y se pueda construir un puerto, en principio para embarcar gas. Lo que no pudieron concretar Banzer y Pinochet para evitar una segunda guerra del Pacífico en los años 70, lo podrían hacer Banzer y Lagos cediendo territorio marítimo a Bolivia, superando el concepto de “soberanía tradicional”, por el de “soberanía funcional”. Pero un tercer actor se suma al tema y lo convierte en tragedia. La noche del 31 de diciembre de 2000, un cartomántico pronostica que Banzer dejará prematuramente la Presidencia de Bolivia. 

El primer día del nuevo milenio confirma que el matemático boliviano Gonzalo Riveros Tejada salvó al planeta de la bomba informática con una ingeniosa fórmula: engañó a todas las computadoras del mundo restando 28 años a la lectura del algoritmo del año, tras detectar que el calendario del año 2000 era exactamente igual al calendario de 1972. De manera que la única bomba posible explota luego del 3, 2, 1, 0… ¡Feliz Año Nuevo! Y otro boliviano, Fabio Zambrana, deletrea la clave: “esto es una bomba… / y las mujeres lo bailan así… / una mano en la cabeza, una mano en la cintura, un movimiento sexy…”.  El entramado informático resiste, pero la vida se abre a un tiempo inverosímil.

 

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