Partidos y liderazgo

¿Es Evo Morales tóxico para el MAS?

Analistas sostienen que la influencia del expresidente en su partido, más que sumar, resta y crea tensiones. Gracias a Morales, el MAS es el único frente político que tiene un voto duro, pero al mismo tiempo eso le impide proyectarse hacia las clases medias, urbanas e intelectuales.
domingo, 13 de septiembre de 2020 · 00:01

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

La figura siempre controvertida del expresidente Evo Morales ya no muestra la fortaleza del pasado. Graves acusaciones en su contra, sus mensajes de división que sigue difundiendo desde Argentina y voces discordantes en su propio partido, están impulsando una caída progresiva en la imagen del otrora poderoso líder; analistas coinciden en que su presencia en el MAS, más que sumar, resta.

 Desde febrero de 2016, con el “escándalo Zapata” , su liderazgo y su imagen se fue minando. Aquel presidente-candidato que  ganó un proceso revocatorio con casi el 70%, ganó elecciones con el 63%, repitiendo con un 62%, cayó en 2019 a un 46% (resultado dudoso con fraude incluido) en 2019,  muestra una bajada muy dura en la percepción de liderazgo de Morales.

Para el  analista Marcelo Silva, el punto de inflexión llega con los bloqueos en plena pandemia y los escándalos en las acusaciones de supuestos actos reñidos con la ley y con la moral del expresidente.

“Tenemos una figura que ahora, no solamente que no aporta al MAS, sino que perjudica. Morales tiene un único aporte a su partido, a medias y con pinzas, y ese aporte es fidelizar el voto duro, identitario, étnico, indígena, originario, campesino, rural. Ese voto aún sigue anclado en la figura de Evo Morales, como una representación simbólica de la presencia de estos sectores en el poder polítco, y eso no cambia ahora porque ningún partido ha hecho el más mínimo esfuerzo por ir a interpelar a estos sectores”, afirma Silva.

Hay que fundar, dice Silva,  refundar o crear un nuevo proyecto político popular que vaya a suplir el espacio que deja el MAS, pero mientras esto no suceda, Morales sigue siendo un referente del voto identidario, ese voto duro.

“Ese es el aporte de Morales, pero es un aporte a medias. Y esta es la gran paradoja –y por eso se vuelve tóxico– porque mientras le da eso al MAS, por el otro lado lo encueva, lo encierra y lo limita únicamente a ese voto duro. Morales es la imposibilidad de ensanchamiento electoral del MAS. Un MAS que necesita interpelar a clases medias, urbanas, sectores que no están de acuerdo con el imperialismo ni con la economía liberal. La presencia de Morales ahuyenta esa posibilidad en el sentido de expansión electoral”, agrega.

“Es una relación tóxica: ‘me haces bien, me ayudas mucho en mi voto fidelizado, pero este voto no me alcanza para ganar. Y a la vez, tu presencia, aunque es dulce en este lado, es amarga en el otro porque mientras tú estés, yo no podré expandirme como un voto ganador en sectores urbanos y de clases medias’. La palabra ‘tóxica’ me parece genial porque realmente es una relación así: que te hace daño en una parte pero por el otro lado te garantiza ese voto identitario, que le sigue dando al MAS una gran proyección electoral”.

 

Mientras esté Evo, ese voto duro estará ahí, y esa es una gran virtud y ventaja, pero mientras esté Evo, el MAS no podrá ser un partido en expansión.

 

 El hombre-símbolo

Según sostiene la socióloga María Teresa Zegada, es interesante analizar  el caso de Evo Morales, porque de ser un líder que articulaba a sectores sociales, que cohesionaba al propio MAS, que se convirtió en un hombre-símbolo en determinado momento, su desmoronamiento ha sido progresivo. 

El punto de infexión fue en febrero de 2016, alrededor del caso Zapata, porque hasta ese momento, si bien habían conflictos sociales, su imagen siempre estaba blindada. Sin embargo, a partir de este caso empieza a ponerse en entredicho la imagen del líder-presidente.

“Ahí comienza una cadena de sucesos que lo llevan al momento actual: un expresidente que ha dejado el país, ha dejado el gobierno; lanza permanentes discursos a través de Twitter y que tiene muchas acusaciones. Eso lo ha convertido en una figura muy controvertida; su retorno a Bolivia en este momento implicaría una convulsión social porque hay muchos sectores en desacuerdo”, sostiene Zegada. 

Por la proximidad de las elecciones y por estas razones, dice,     parece que su figura no suma al MAS, sino más bien crea tensión.

Según la socióloga, hoy el MAS está –desde ciertos sectores que están en desacuerdo con su gobierno en los últimos años o meses– pensando en su democratización, en recuperar el espíritu del MAS, que en realidad es el Instrumento por la Soberanía de los Pueblos (IPSP) y tratar de rearmar una opción política, pero sin estos sectores de los entornos de Evo Morales y obviamente sin su figura para poder dar una opción al país. 

Pero pese a esta situación, siguen liderando las encuestas. Consultada sobre este aspecto, Zegada dice que el MAS tiene un voto duro, que parece haberse reducido porque en elecciones anteriores  rebasaron en 50, 60% y ese electorado se ha ido reduciendo. El porcentaje que sacaron en 2014 era 61% y en la elección de 2019, con todas las observaciones a las cifras, sacaron 46%, bajaron 15 puntos y ahora en las encuestas están entre 25 a 30%. Lo que pasa, según su análisis,  es que la población no está encontrando alternativas en los oponentes. 

“Ese sector de la población seguirá seguramente apoyándolos porque son una opción política que los ha representado, más allá de la figura de Evo”.

¿Alguien tendrá que sustituir a Morales como líder de su partido en algún momento? 

“A mi me llama la atención que hayan arriesgado en ese camino de insistencia a la repostulación. El MAS es un partido grande, con muchos líderes jóvenes, lúcidos y con mucho potencial. Hubiera sido más adecuando, en lugar de insistir en repostular a Morales para el 2019, hubieran buscado un hombre o una mujer de renovación para retomar su esencia. Claro que existen, el problema es seguramente encontrar una persona que genere concertación al interior partido, y eso es lo que les ha dificultado, por eso está ahí Arce Catacora”.

 

Voces discordantes y de apoyo

Dentro del MAS, hay voces que cuestionan el liderazgo de Morales, como el diputado Víctor Borda, quien dijo que tendrá que “asumir su responsabilidad” y que “concluyó su ciclo en el partido”. Pero pese a ello, sostiene que las denuncias contra el exmandatario “en nada o en poco va influir en el deseo del pueblo boliviano, en las elecciones generales de octubre”.

En la misma línea, el dirigente del Chapare, Leonardo Loza, sostuvo que Morales seguirá siendo el guía y jefe de campaña del MAS y acusó al Gobierno de perseguir dirigentes, con temas sensibles personales, pero aseguró que el “pueblo ya está decidido”.

El senador por el MAS, Omar Aguilar, dijo a Ideas:  “No nos preocupa en absoluto, esto se va a caer por sí solo, termina la campaña y esto se cae, al igual que cayó el tema Zapata; no hay hijos, no hay absolutamente nada. La decisión estratégica de Juntos es atacar a Carlos Mesa y a Evo Morales; no al binomio del MAS. Esa va a ser la estrategia de campaña hasta el 18 de octubre”.

 Según Aguilar, no hay ninguna división en el partido. “El MAS tiene una estructura muy grande, con una base social importante a partir de las organizaciones sociales. Por supuesto que hay un debate permanente, hay discusiones, pero el MAS siempre ha tenido la capacidad de cohesión y de unificación, más en estos tiempos críticos donde el partido ha tomado la decisión de retomar el poder a través de las urnas”.

“Evo Morales sigue siendo el jefe de campaña y lo que toca ahora es trabajar para que nuestro binomio logre el triunfo en primera vuelta”. Según el senador, la agrupación Juntos, de Jeanine Añez, “trata de cambiar la agenda mediática con respecto a la compra de los 324 respiradores, con corrupción”.

 

Voto disperso

Según el criterio de Marcelo Silva, gracias a Morales, el MAS es el único partido que tiene un voto duro, fidelizado. “No hay voto ‘añista’, no hay voto ‘mesista’, las estructuras electorales de los partidos no están en relación a su líder o a su candidato. Están en función al programa, al voto útil, por lo que en los demás partido el traspaso y la volatilidad de votos es muy grande. El voto de Mesa puede migrar al voto de Añez; el voto de Añez puede migrar al voto de Mesa, etcétera. No se puede hablar de un voto duro”, afirma.

Silva sostine que el voto del MAS  aún sigue anclado en la figura de Evo Morales, como una representación simbólica de la presencia de estos sectores en el poder político, y eso no cambia ahora porque ningún partido ha hecho el más mínimo esfuerzo por ir a interpelar a estos sectores. 

Pero la campaña del MAS en 2019 ya mostró  que no era una figura exponible en el electorado. “Si revisamos el contexto de la campaña del MAS en 2019, vamos a encontrar que por primera vez en 14 años, sobrepone el tema de gestión y estabilidad económica a la figura misma de Morales. El perfil de aparición de Morales es muy limitado y reducido, entendiendo que su figura aportaba muy poco a la campaña del MAS. En 2019, Morales ya no es importante ni trascendente para la campaña”. 

 Esa fue, según Silva la primera llamada de atención.

Luego llegó noviembre. “Morales esperaba salir del poder con un apoyo mucho mayor que el que tenía en el ámbito de los grupos corporativos, o grupos de poder que rodeaban al MAS. Confiaba en la resistencia que podrían ofrecer los mineros, fabriles, choferes, los campesinos, el sector cocalero, su salida se dio casi sin respaldo popular. Los colacerlos del Chapare y El Alto opusieron resistencia y nos tuvieron en vilo en los días posteriores a su renuncia. Pero en general tuvo un vaciamiento popular muy grande”.

Ese es el contexto, “en el que la figura de Evo Morales ya estaba muy venida a menos. Ya podemos inferir que la presencia de Morales no era la carta de rentabilidad del MAS en términos electorales”.

  La figura del caudillo es una constante en los partidos en Bolivia.  La gran mayoría de tiendas  –probablemente la excepción sea el MNR–, tienden a desaparecer cuando el líder pierde protagonismo político o vigencia,   o cuando muere. “Eso podría ocurrir con el MAS. Si Morales comienza a perder protagonismo y hay un nuevo gobierno, y si Morales está lejos del país otros cinco años, todo dependerá de la habilidad del MAS de establecer una autonomía en relación  a su liderazgo. Ese es el gran desafío. El MAS tendrá un símbolo en Evo  , pero debe organizar una nueva estructura de la que surjan nuevos líderes. Es más, tendrían que nombrar a un nuevo jefe del partido”, dice Silva.

Punto de  vista
carlos corderoAnalista político
“ El momento difícil del MAS  se agrava”


Evo Morales, el dirigente de los sindicatos cocaleros que ganó la presidencia del Estado mediante elecciones y permaneció en el poder durante tres periodos constitucionales, en la actualidad, en plena campaña electoral 2020, es el peor adversario de sí mismo y altamente tóxico para el entorno político que lo acompañó en las malas y en las buenas. 

Morales, designado jefe de campaña del candidato del MAS, Luis Arce Catacora, realiza permanentemente declaraciones polémicas a través de medios internacionales y redes sociales, buscando visibilidad personal, pero no votos para el candidato de emergencia. 

El momento difícil que atraviesa el MAS, día que transcurre se agrava, pues la distancia y la falta de una adecuada comunicación entre las partes, profundiza las diferencias. Distintos grupos, parlamentarios, sindicatos, exministros, residuos del partido, parecen tener una agenda propia a pesar de formar todos, parte de partido en campaña electoral. 

En medio de este fragmentado escenario, Morales, el expresidente acostumbrado a mandar y obtener obediencia, no logra unir a todas las organizaciones y simpatizantes del MAS, en una misma dirección: ganar las elecciones 2020. 

Evo ocupa buena parte de su tiempo y recursos, en defenderse de todo tipo de acusaciones y amenazas, lo que envenena y disminuye significativamente las posibilidades de éxito del MAS, de reinventarse, de pasar la tormenta. 

Si Morales tuviese paciencia y dejara la jefatura de campaña, para retomar el impulso recién en las elecciones 2025, el daño a la candidatura de Arce y su entorno, sería menor. Quien parece entender mejor aquello de estar lejos, por ahora, es Álvaro García, de quien sabemos que trabaja en la Argentina, pero no opina, ni a favor ni en contra de nadie y de nada,  dejando a Morales, enredarse en sus propias contradicciones y dificultades.

 

 

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

22
7