Historia

Cochabambinos, un siglo marcando la política boliviana

La periodista, que con este artículo rinde un homenaje a Gustavo Rodríguez Ostria, hace un viaje por el siglo XX destacando el rol de los cochabambinos en la historia nacional.
domingo, 10 de enero de 2021 · 00:00

Lupe Cajías
 Periodista

 

 Andrónico Rodríguez Ledezma festejó sus 32 años el 11 de noviembre de 2020 como presidente de la Cámara de Senadores de la Asamblea Plurinacional de Bolivia. Posiblemente no imaginó volar tan alto cuando a los ocho años migró con su familia a Entre Ríos y comenzó a acompañar a su padre a las reuniones sindicales de los cocaleros. 

 Originario de Sacaba, en la zona más roja del Chapare cochabambino, a diferencia de otros protagonistas de los cercos a las ciudades, él tiene título académico y tiene interés en los temas teóricos. De esa manera, consciente o inconscientemente, sigue la zaga de cien años de cochabambinos marcando la historia boliviana.

 Políticamente se formó con Evo Morales, orureño crecido en Cochabamba. Milita en las federaciones del trópico y en su instrumento político, el Movimiento al Socialismo (MAS). El siglo XXI está marcado por esa zona y por sus paisanos, al punto que el presidente Luis Arce debió rendirles cuentas de su gestión.

 Así se cumple una centuria de protagonismo cochabambino en la historia política de Bolivia. Aunque La Paz fue el escenario más importante durante dos siglos, es desde el centro del país de donde salieron los principales líderes y partidos políticos. Aunque el departamento de Cochabamba no tiene fronteras internacionales, ahí se incubaron las ideas revolucionarias continentales desde la Revolución Universitaria de 1918 en Córdova.

 ¿Por qué en Cochabamba? Quizá porque en esa época las regiones sufrieron la crisis económica con la caída de la venta de sus productos al occidente, a las minas. Quizá porque era un lugar tranquilo, sin mucho frío ni mucho bochorno, y los hombres podían sentarse a debatir ideas. Quizá porque muchas familias estaban emparentadas y “todos se conocían”. Quizá porque había una buena biblioteca pública.

 Sin olvidar que el boliviano más rico y reconocido (antes que Morales lo opaque) era Simón I. Patiño, nacido en Cochabamba y forjado en Oruro.

 La más famosa de las logias alentadas por soldados en las trincheras de la derrota en la Guerra del Chaco (1932-1935), “Razón de Patria”, (RADEPA) era primero conocida como el “Grupo de Cochabamba”. Gualberto Villarroel era de ese lugar. 

 Aunque la Revolución de 1952 se desarrolló principalmente en La Paz y en Oruro, era en Cochabamba donde se concentraba la lucha por la tierra y ahí, en Ucureña, se firmó la ley de la Reforma Agraria.

 Muchos de los principales protagonistas de esa época eran cochabambinos, periodistas, poetas o escritores, de apellidos notables, pero empobrecidos.

 

 José Antonio Arze

Valentín Abecia López en su biografía sobre el fundador del Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) José Antonio Arze Arze, “nacido en la tranquila y soñolienta Cochabamba” en 1904, retrata el ambiente desde inicios del siglo XX hasta las vísperas de la Revolución de Abril, donde estudiaron, jugaron, se conocieron, debatieron y se combatieron casi todos los principales líderes políticos bolivianos.

 Como varios de ellos, Arze era el “primogénito de una familia de rancio apellido, pero con cortos recursos”. Su padre estaba vinculado con trabajos agrícolas y mineros, con poca fortuna. Vivió sus primeros años en una mina chica, Monte Cristo, en Cochabamba y en la ruralidad de Calchani, provincia Ayopaya.  Sus estudios y su formación principal transcurrieron en la casa de unos tíos en Cochabamba. Pobreza material, pero mucho acceso a libros y a la cultura. Arze se autodefinía como de “raza hispano quechua”, enclenque, hijo de primos hermanos.

 Arze era descendiente del patriota Esteban Arze y primo hermano del dirigente del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) Walter Guevara Arze (Ayopaya, 1912), casado con una mujer de otro tronco familiar famoso, los Anaya.

 Su sobrino, Roberto Arze presentó hace poco en una conferencia virtual otros detalles y anécdotas que muestran la influencia del medio cochabambino en el líder comunista.

 

La generación del centenario o novecentista

 En 1927 llegó desde Cochabamba Augusto Céspedes Patzi (1904) a La Paz y comprometió a Augusto Guzmán, y Carlos Montenegro Quiroga (1903) -otro cochabambino y amigo de José Arze- en el nacionalismo liderizado por Hernando Siles; era la “generación novecentista”. Todos ellos tuvieron militancias políticas, sin dejar de lado el respaldo a sociedades o centros culturales para los artesanos y obreros, y sin dejar el gusto por la lectura desde poemas, novelas, investigaciones sociales. Recibieron la influencia de notables maestros en el colegio y en la universidad, también de novelistas de la época, como Vargas Vila o Anatole France, pero sobre todo de escritos políticos como los ensayos de José Carlos Mariátegui y las propuestas de Víctor Haya de la Torre. 

 El primer congreso de estudiantes realizado en Cochabamba en 1928, inspirado en las luchas autonomistas de Córdoba, Argentina (1918) fue clave para la fundación de la Federación Universitaria de Bolivia (FUB) y para entender la formación política de las clases medias. Varios de los asistentes aparecen posteriormente en los partidos políticos fundados en los años 30, también como periodistas y como luchadores sociales.

 Ricardo Anaya Arze, primo de José Antonio, decía que la reunión de los universitarios fue el “primer planteamiento sistemático de la necesidad de efectuar un cambio histórico en la estructura económica, social y cultural de Bolivia, empezando por la Reforma Universitaria”. 

 Con sólo 17 años, en 1921, Arze fundó y dirigió el Instituto Superior de Artesanos de Cochabamba, escuela nocturna para difundir ideas socialistas, una década antes de la Guerra del Chaco. Colaboró en la revista anarquista Arte y Trabajo dirigida por Cesáreo Capriles, otro cochabambino (1880), anarquista, que influyó en muchos jóvenes. 

 Arze alentó el comunismo soviético en Bolivia, junto con otros cochabambinos como Anaya. El PIR fue inscrito en 1940, sobre el embrión fundado en Chile como Frente de Izquierda Revolucionaria (FIR) y del “Grupo de Izquierda” que funcionaba en Cochabamba, después de la Guerra del Chaco, pero ya el nacionalismo, el socialismo, incluso el “patriotismo” y el “anticlericalismo” eran una plataforma juvenil desde fines de la década de 1920 entre rebeldes universitarios. Igualmente, se debatía el compromiso de unir las demandas universitarias con las luchas obreras.

 Waldo Álvarez, gráfico y primer ministro obrero en la historia boliviana (1936), recordaba que en 1931 fundaron con Arze, Walter Guevara y José Cuadros Quiroga la Agrupación Socialista Revolucionaria (ASR) de corta vida. La otra gran corriente que abarcaba también a los intelectuales era el “indigenismo” o “indianismo” y pronto también se habló de una “generación del centenario” pues alrededor de 1925 –Primer Centenario de la fundación de Bolivia– se concretaron las ideas, las primeras publicaciones y las propuestas organizativas para un cambio de rumbo de la historia política nacional.

 Álvarez, Arze y José Aguirre Gainsborg coincidirían como funcionarios de alto nivel en el primer Ministerio de Trabajo, en 1936, creado durante el llamado “socialismo militar” y también se cruzarían sus caminos con otros jóvenes del área andina boliviana en la creación de bloques, partidos y tendencias de izquierda, organizaciones supra sindicales, que aparecían y desaparecían con la misma rapidez en los años 30.

 El primer congreso del PIR, en Oruro, en 1940 fue asaltado violentamente por jóvenes de la Falange Socialista Boliviana (FSB) inspirada también desde la clase media empobrecida cochabambina con bases nacionalistas, socialismo corporativo y posiciones anticomunistas. El historiador Porfirio Díaz Machicao asegura que ambas posiciones “apasionadas” surgieron en la Universidad de Cochabamba.

 Los biógrafos del ideólogo de FSB, Óscar Únzaga de la Vega (Cochabamba, 1916), con base en sus propias cartas y escritos, enfatizan la importancia del paisaje rural, del peso de la campiña empobrecida y a la vez idealizada, en el programa del partido fundado en Santiago de Chile en 1937. Su “Canto a la Juventud”, sus lemas y hasta su interminable tristeza estaban relacionados con los sentimientos de pérdida que respiraban los habitantes de su ciudad natal. Únzaga era de aspecto similar al de Arze, delgado, con frente prominente, fumador, ansioso y nervioso, apasionado, gran lector y comprometido con sus ideales hasta su muerte en 1959.

 La columna vertebral de la resistencia falangista a la Reforma Agraria de 1953 estuvo compuesta por los hijos de antiguos propietarios de haciendas y graneros en Cochabamba. La familia Únzaga perdió sus últimos cultivos, ocupados por sus propios trabajadores agrarios. FSB tuvo influencia entre los estudiantes y en la juventud, pero alcanzó limitada importancia en las organizaciones sindicales. Pese a su fortaleza en los años cincuenta, no consiguió ser un partido de masas. 

 El primer partido de la posguerra, el trotskista Partido Obrero Revolucionario (POR) (1935), cuyo programa de “revolución permanente” y cuyas principales consignas tiñeron al movimiento obrero –principalmente minero y sobre todo desde la “Tesis de Pulacayo”–, fue alentado por José Aguirre Gainsborg, nacido en 1909 en el consulado boliviano en Nueva York, Estados Unidos, descendiente de tradicionales familias cochabambinas.

 Aguirre Gainsborg es el mejor ejemplo de los herederos de apellidos de una oligarquía ya decadente –al punto que a los 19 años tuvo que trabajar como profesor para costear sus estudios– que optaron por las lecturas marxistas y por la opción más radical de las rebeldías. Ejemplo de ética política, participó en el movimiento estudiantil en Cochabamba y en La Paz a fines de los 20, vinculándose rápidamente con sindicatos proletarios. Sus primeros debates fueron contra los liberales y contra los nacionalistas, pero también contra Arze y Anaya del PIR, aunque compartieron exilio en 1936 y Anaya destacó su compromiso cuando Aguirre murió en un accidente en 1938.

 Aguirre era nieto de Nataniel Aguirre, escritor y constituyente en 1880, e hijo de José Aguirre Achá. Ese abuelo había observado desde la campiña cochabambina la necesidad de profundas reformas en la organización territorial del país y en el ordenamiento administrativo (federalismo). Autor de Juan de la Rosa, expresaba las tempranísimas ideas sobre la participación popular en las rebeliones. 

 Alentó la relación de los intelectuales con los obreros, desde sus ensayos políticos hasta su militancia cotidiana; su “proletarización” fue un ideal para otros estudiantes que fueron a trabajar en las minas. Su opción política, romper con la burocracia estalinista, su vinculación con militantes internacionalistas y su vinculación con el Secretariado Latinoamericano de la Tercera Internacional, gravitaron fuertemente desde Cochabamba a las minas. 

 También el MNR estuvo fuertemente vinculado con las tertulias cochabambinas.

Los testimonios personales o de los hijos de los fundadores del MNR son relatos precisos del germen familiar, amistoso, de charlas entre vecinos, casi todos afectados por la decadencia económica de la región, particularmente a fines de la década de 1920. 

 Posiblemente uno de los testimonios más claros en ese sentido lo escribió Yolanda Céspedes, viuda de Carlos Montenegro, cuñada de Armando Arce, amiga de José Antonio Arce, de Ricardo Anaya, de José Aguirre Gainsborg y de Oscar Unzaga de la Vega y muy cercana a Carmela Cerruto, la primera esposa de Víctor Paz Estenssoro.

 “Conocí a Carlos cuando era todavía una niña. Nuestros padres, Pablo Céspedes y Rodolfo Montenegro, ambos liberales, eran amigos, escritores que compartían con Adela Zamudio y Man Césped. Yo escuchaba sobre Carlos a través de su hermana Marina (casada luego con Charles F. Geddes, el biógrafo de Simón Patiño y residente en París) y sabía que tenían una hacienda cerca de Vinto”.

 “Lo conocía de casi toda la vida porque era muy amigo de mi hermano Augusto (el “Chueco”) con el cual conversaban en los campos de Queru Queru, a orillas de una piscina de cal y piedra. La verdad es que, de siempre, desde niña admiré a Carlos, ya desde los 10 ó 12 años tenía por él una gran admiración por todo lo que escuchaba acerca de él y de su talento (…) fue mi maestro. En 1934 nos casamos (…). Mi vinculación con sus amigos políticos fue durante el exilio, después del 46. Todos éramos muy jóvenes entonces; más o menos 100 personas salimos exiliadas a Buenos Aires y fue allí donde pude apreciar la solidaridad de todas las mujeres con sus esposos, la nuestra (de las mujeres) era otra clase de lucha. Era una entrega total a la lucha por las ideas. (…) Carlos siempre fue reconocido como el ideólogo del MNR, desgraciadamente falleció en 1953.

 Montenegro participó en la creación del Ministerio de Trabajo durante el socialismo militar, la creación de la Unión Defensora de Petróleo (junto con Dionisio Fioanini), la organización de la Confederación Socialista Boliviana y la fundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos. Antes había fundado el Partido Nacionalista con su cuñado Augusto Céspedes y sus amigos Enrique Baldivieso, José Tamayo, Guillermo Alborta, Víctor Alberto Saracho, Humberto Palza, Félix Eguino, Daniel Bilbao Rioja, Augusto Guzmán y otros exponentes de la nueva generación cochabambina. Su hijo Wáskar ubica en ese núcleo el surgimiento del nacionalismo revolucionario que se fue diferenciando del nacionalismo de derecha o fascista.

 Dice Yolanda: “mi cuñado Armando Arce (casado con mi hermana Agar) que, primero con El Universal y luego con su periódico La Calle, fue un verdadero pilar de la revolución. Carlos fundó BUSCH (Bolivia Unida Sin Clases Humilladas), otro periódico que preparó la insurrección y trabajó en revistas como Arte y Trabajo, El Tiempo, Noticias, Sagitario.

 Otra característica que unió a casi todos los ideólogos de las nuevas ideas políticas y del nacionalismo que cambiaron la historia boliviana, es que fueron periodistas, escritores y hasta poetas, como Únzaga.

 Sin olvidar que otro personaje clave en el desarrollo de los acontecimientos que llevaron a la Guerra del Chaco fue otro cochabambino: Daniel Salamanca.

 Posteriormente, también Cochabamba gravitó fundamentalmente en la fundación del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y de sus líderes Jaime Paz Zamora y Antonio Araníbar Quiroga. Marcelo Quiroga Santa Cruz era cochabambino y durante décadas en esa ciudad se discutió sobre socialismo y comunismo.

 Muchos otros quedan anónimos, sobre todo aquellos que partieron a las salitreras y luego a las minas donde combatieron por sus ideales. Es una historia centenaria que aún está por escribirse.

 

 

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