Recuento

Pandemia: ¿existió el año 2020?

Seis factores que caracterizaron el año que vivimos en pandemia. El periodista y escritor Carlos Decker Molina hace un recuento que es a la vez un retrato social.
domingo, 10 de enero de 2021 · 00:00

Carlos Decker-Molina
Periodista

 

Para los que vivieron en una burbuja es difícil sostener la existencia de un año, cuando lo único importante fue defender la vida frente a la muerte. A nadie le importaba si era lunes o domingo. 

Un año que se pasó entre desayuno, almuerzo, cena, cama y preocupación parece un texto que describe una sociedad distópica. 

Por eso es importante el periodismo, de papel y olor a imprenta, que pasó a ser el pan espiritual de la red. Ese periodismo profesional que ayudó a combatir la verdad alternativa, las fábulas políticas e ideológicas de la pandemia sanitaria y de la pandemia política. 

Sin duda, 2020 existió como año del calendario gracias al periodismo. En estas circunstancias el periodismo se jugó y lo sigue haciendo: se trata de su futuro y del futuro de la libertad. 

La credibilidad, la investigación imparcial y la noticia contrastada; la despolitización y desideologización han sido sus características en la mayoría de los medios responsables. 

Los lectores, radioescuchas o telespectadores saben que la verdad está en la prensa “vieja” con periodistas profesionales. 

En Suecia, desde donde escribo, se ha producido el retorno de la audiencia y de los lectores. Según un experto el retorno del público a los medios llamados peyorativamente “antiguos”  es la credibilidad y la orientadora brújula del contraste. 

La “nueva prensa”, la de los “medios sociales”, la “ciudadana” es transportadora de falsedades e historias conspirativas que se entremezclan con textos profesionales que quedan en minoría.

Algunos usamos esas plataformas, pero con profesionalidad que nadie nos exige, lo hacemos porque nos tenemos respecto, que es el mismo sentimiento hacia quienes nos leen.

El año 2020 no va a volver nunca más y con ese viaje a la posteridad se lleva algunas cosas, mínimas porque el colapso de la moral política, la verdad alternativa, la inseguridad de los pronósticos electorales y copias u originales de personajes siniestros, megalómanos y presumidos siguen mirándonos.

El 2020 nos deja un lodazal de incertidumbres y un par de enseñanzas.

 

1 El año del colapso de la moral política

Todo el mundo conoce a Donald Trump y pienso que por lo menos la mitad de ese mundo sabe que el todavía presidente de los EEUU es alguien que no tiene moral (Ver el documental Trump an american dream), pero lo extraordinario es que el partido republicano, el Grand Old Party, el que postuló a Abraham Lincoln, el primero en plantear el abolicionismo de la esclavitud, no condenó la inmoralidad del presidente y lo ayudó a no reconocer su derrota electoral, prefirió seguir el torcido camino de su líder. Al final dejarán el gobierno, pero sembraron la duda.

¿Por qué?  Porque el Teaparty y las iglesias evangélicas (grupos que apoyan al vicepresidente) se tomaron el Gran Old Party con un discurso esotérico y, aún, lo hegemonizan. 

Trump pretenderá seguir a toda costa en cartelera, con miras a las elecciones del 2024, todo dependerá si la prensa le sigue la corriente. Se dice incluso que para seguir en cartelera abrirá su propio medio televisivo.

El mundo tiene muchos Trump (me refiero a presidentes o expresidentes sin brújula moral). No son un reflejo de las actitudes del presidente estadounidense sino un producto de la época.

Se terminó la época de las miradas profundas, hoy hay un centenar de visiones que se confunden, se entrecruzan y convierten el silencio intelectual en el bullicio de la muchedumbre que solo siente y no piensa.

Lo peligroso, además, es que todas esas miradas tienden a la uniformidad.

 

2 El año de la verdad alternativa

Ya no se si es Trump o Morales o quizá Putin o Maduro... son los que establecieron la verdad alternativa que convirtió al 2020 en el año de la mentira. 

Algunos dirán que “no hubo pandemia”, nos asegurarán que fue parte de una guerra mundial química; otros nos explicarán que el capitalismo nos mandó la plaga del Covid-19 para destrozar el sueño de las igualdades y que, para colmo, tenemos que comprar la vacuna.

Hay quienes siguen sosteniendo que “hubo golpe” y no transición democrática en Bolivia. La situación es tan clara y la prueba está en que el parlamento funcionó con la mayoría de los dos tercios del partido que dizque fue víctima del golpe. Todavía reina el miedo al líder

Donald Trump, el padre de la “verdad alternativa”, usó la palabra cold equivalente a resfrío para calificar a la Covid-19 igual que su par de Brasil, Jair Bolsonaro, que dijo es un resfriadinho alterando la verdad y quitándole a la pandemia la fuerza mortal que implica el contagio. 

Es una variante de la verdad alternativa; ese mentir a medias que se multiplica más rápido que la verdad.

La guerra contra la verdad alternativa es larga, se han ganado algunos combates, algunas batallas, pero los cultores de la verdad alternativa gozan de buena salud. Es decir, la guerra contra la “verdad alternativa” no ha terminado con el cambio de año.

 

3 Colapso de un sistema

Cuando la gente pasó de ser paciente a ser cliente en los lejanos años 90, se estableció como verdad científica  que la ganancia produciría el milagro social de la igualdad, comenzó la época del individualismo feliz y todos se convirtieron en empresarios, incluso se creó la figura de las empresas unipersonales.

La pandemia dejó al descubierto la debilidad del sistema basado en el mercado. La pandemia -mejor que un experto- demostró que, sobre todo, la salud en manos del mercado no funciona. 

Hasta los gobiernos más ortodoxos en términos liberales tuvieron que salir a socorrer empresas y a dar protección social y económica a las víctimas de la mercadización sobre todo en los sectores de la salud y la asistencia social.    

En países de América Latina o en la India saltaron como pústulas económicas los cuentapropistas, los temporeros y los inmigrantes ilegales.

 El 60% en América latina según la Cepal, pertenece a la economía informal y no cuenta con protección social.

“La prevención no da beneficios económicos”, con la pandemia la nueva sociedad tendrá que gastar más en la prevención porque a la larga es más rentable. Los países escandinavos con su socialismo democrático y liberal,  son un ejemplo.

La medicina preventiva es la especialidad médica orientada a prevenir el desarrollo de la enfermedad, empleando técnicas dirigidas a promover y mantener la salud y el bienestar, evitando el comienzo de la enfermedad, la incapacidad y la muerte prematura. 

El simple hábito de lavarse las manos que se empezó a practicar a principio del siglo XIX, previno de la muerte a millones de mujeres parturientas.

¿Volverá el estado benefactor? Según Ursula von der Leyen  la UE (Unión Europea) será la “unión de la salud”.

 

4 El nacionalismo

Se expresó de diferentes maneras. El mercado de los artefactos sanitarios como respiradores, barbijos, viseras y otros instrumentos más sofisticados sufrió asaltos aduaneros, se establecieron controles aéreos y guardias marinas para evitar quedarse sin suministros.

El nacionalismo de los muertos se expresó a través de medir la capacidad de resistencia nacional, el objetivo parecía ser tener la menor cantidad de muertos. Un conteo macabro.

Cada país tiene su método de medición lo que hace imposible comparar. Países sin prensa ni instituciones libres suelen alterar sus estadísticas.

El método para combatir la pandemia no fue uniforme, sin embargo, hubo similitudes, probablemente Suecia fue la excepción. Al ser la irregularidad, Suecia fue el país más golpeado por el nacionalismo de los otros, se magnificaron los errores y se minimizaron los aciertos. Pero, también hubo un nacionalismo interno, “nuestro método es el mejor”. Las críticas llegaron con la segunda ola.

Cada país aplicó una metodología que podía encajar en la psicología y tradición de su población, hubo un apreciable grado de improvisación. 

El nacionalismo también alcanzó a las vacunas. 

Trump convirtió a la vacuna en la escarapela nacionalista.

Gran Bretaña quiso adelantar la fecha de su vacunación solo para desmarcarse de la UE y sentirse “libre de la dependencia de Bruselas”. La misma razón es la aceptación de la vacuna de Astra Zéneca+Oxford antes del visto bueno de la autoridad de salud europea. 

El nacionalismo ruso y el Sputnik 5, la primera vacuna disponible, también fueron evidentes. Y el silencio en torno a la vacuna china -que ha sido aprobada el primer día hábil de 2021-, son las escarapelas de los regímenes autoritarios que ofrecen sus eficacias a otros gobiernos del mismo signo autoritario.

 

5 Las pérdidas 

La pandemia ha contaminado a 80 millones de personas y todavía lo sigue haciendo.

Los muertos alcanzan a 1,8 millones de personas. La noche vieja despidió a los muertos con el repique de campas de las iglesias de todos los signos. El cronista de la pandemia tendría que escribir 1,8 millones de textos contando lo que en vida fueron. 

Con la cuarentena obligatoria, el cierre de fábricas y comercios, la economía está sufriendo la recesión considerada por los expertos como la peor en 75 años.

En América Latina y el Caribe fueron golpeadas duramente: se infectaron 15 millones de personas y tienen aproximadamente medio millón de muertos.

 Lo grave para el o los años venideros son los 30 millones de nuevos desempleados en un continente que ya tenía grandes ejércitos de  desplazados, pobres e indigentes.

 

6 ¡Tengo miedo!

El nuevo año no llega con soluciones, llega con preguntas. Y, no ha eliminado el miedo.

Creer que la vacuna es la solución es una simpleza porque no implica la eliminación del virus. La humanidad tendrá que acostumbrarse a coexistir con la Covid-19 y ello implica hacer permanentes algunos de los resguardos como lavarse las manos con más frecuencia, la distancia social, evitar aglomeraciones y en algunos casos el barbijo cobrará ciudadanía mundial.

El miedo sigue gobernando nuestro comportamiento, no ha reculado. Hay quienes tienen miedo a la vacuna y se niegan a su inoculación, asumen la teoría de la conspiración y repiten que la vacuna es un invento mercantil inservible. 

Como siempre hay optimistas que pensaron que la pandemia iba a ser el punto de partida de un cambio radical. Más empatía, solidaridad, igualdad, etc. pero el miedo no es acelerador de cambios es freno, es conservador y reaccionario. 

Si antes el mundo se dividía entre capitalismo y comunismo hoy el mundo se divide entre “los que tienen miedo y los que tienen bronca”.

Los que tiene miedo ya estaban prisioneros de su miedo antes de la pandemia, no otra cosa implica vivir rodeados de murallas, con policías privados y escuelas exclusivas. O con policías fronterizas multinacionales que actúan de guardianes de muros legales.

Los que tienen bronca tampoco son producto de la pandemia. La broncay la furia tenía expresiones que van desde la delincuencia hasta la curiosidad de ver que hay detrás los muros, pero, el sólo hecho de pasar por encima de ellos, aunque sea por curiosidad, los convierte en delincuentes.  

La paradoja que nos dejará la pandemia es la unidad de contrarios. Los que tienen miedo y los que tienen bronca están dispuestos a perder su libertad por un gramo de salud y algunos centímetros de vida, por eso me temo que voten en las próximas elecciones por soluciones autoritarias y dictatoriales.

Por eso comencé este texto refiriéndome al papel de la prensa libre. Es el periodismo profesional el que nos permitirá el debate para abrir el diafragma cerebral apuntando los peligros de las soluciones autoritarias y antidemocráticas.

Y … para cumplir con la tradición: ¡Feliz año nuevo!

 


 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

2
4