Bailando cueca con Wittgenstein

Democracia no hay una sola

“Nuestra democracia no va nada bien. Algunos han creído recuperarla de las fauces del autoritarismo masista y ahora temen haberla perdido”.
domingo, 17 de enero de 2021 · 05:00

Jorge Patiño Sarcinelli
Matemático y escritor.

 

Visto lo visto desde 1825, debemos preguntarnos qué entendemos los bolivianos por democracia y cómo la queremos. La pregunta vale para todos, incluidos quienes se creen más ilustrados. Lo ocurrido en los meses del interregno Añez demuestra cuanto hay de conveniencia en la convicción, pero no quiero cuestionar calificaciones democráticas, sino provocar debate. En muchos países se discute el futuro de sus democracias, pero sobre supuestos que no valen en el nuestro. Aunque las preguntas sean universales, nuestras respuestas deben ser tricolores.

Cuando nos enfrentamos a viejos problemas nos armamos de tantos prejuicios, que ya no somos capaces de repensar y dejamos de aprender. Para sacudirnos ese polvo, es bueno huir de los clásicos. Con solo decir Aristóteles, se corta la inspiración, por relevantes que sean todavía sus teorías. Así que propongo descolgar esta conversación de las reflexiones de Chantal Mouffe con una gota de Wittgenstein. No se asuste mi lector; lo haré con el tacto a que obliga mi ignorancia.

Paradojas de la democracia liberal

En su libro La paradoja democrática, Mouffe analiza la democracia liberal a partir de la contradicción irresoluble entre igualdad y soberanía popular, por un lado, y estado de derecho y libertad, por otro. El primer par caracteriza su lado democrático y el segundo su lado liberal; huellas de dos tradiciones distintas. Un ejemplo de esa oposición se da cuando una mayoría que se cree soberana quita derechos o libertades a una minoría. El reciente caso de los dos tercios lo ilustra. 

Pensadores como Rawls y Habermas reconocen la paradoja, pero creen que se la puede resolver; el primero a través de consensos sobre justicia y el segundo a través de consensos sobre procedimientos. Mouffe, en cambio, aboga por una democracia “agonística” (donde prima el diálogo entre adversarios, no enemigos) que acepte la paradoja y la pluralidad de opciones entre uno y otro extremo, y abierta al debate permanente. Cuando se da por resuelta la paradoja, cesan las fuerzas que mueven la solución en respuesta al debate y la democracia se esteriliza provocando frustraciones, argumenta ella.

 

Wittgenstein al rescate

Wittgenstein decía que el sentido de las palabras resulta de un aprendizaje, no de una definición. Él dice en su obra tardía que (cito a Mouffe) “para lograr un acuerdo sobre la definición de un término tiene que haber primero un acuerdo sobre cómo lo usamos” y aclara: (Estos) “son aceptados y obedecidos porque están inscritos en formas compartidas de vida. Ellos no pueden ser vistos como reglas creadas sobre la base de principios y después aplicadas a casos específicos”. 

El austríaco era un filósofo del lenguaje, no un abogado altoperuano ducho en los procedimientos de estas tierras, pero su reflexión es pertinente a la hora de preguntarse qué sistemas son compatibles con una pluralidad que refleje lo que Maquiavelo llamaba “la verdad efectual de la cosa”, y no abstracciones importadas que no conectan con la realidad.

Hegemonías de diestra y siniestra

Thatcher esquivó la paradoja e implantó una hegemonía neoliberal, llevando el peso al estado de derecho y la libertad; las virtudes preferidas por el capitalismo. Tamaña fue la victoria ideológica del thatcherismo, que las socialdemocracias europeas abandonaron sus banderas de igualdad y soberanía popular para huir por la tercera vía buscando políticas económicas con barniz social. La Bolivia del MAS ha ido al otro extremo priorizando estas banderas sobre la libertad y el estado de derecho. 

Bobbio lo resume así: la izquierda prioriza la igualdad, mientras que la derecha justifica la desigualdad en nombre de la libertad. No dudo de que los intelectuales del MAS conozcan estos dilemas, pero se impuso lo pragmático y va ganando la corrupción ideológica y pecuniaria.

A pesar de esa su gran victoria inicial, el neoliberalismo europeo tampoco ha respondido a las expectativas populares, siempre vulnerables a la frustración económica. Esto ha dado pie al florecimiento de populismos de derecha. La respuesta de Mouffe en su libro Populismo de izquierda es “radicalizar la democracia”, no perfeccionando el modelo social demócrata, ni yendo por la ruptura revolucionaria, sino estableciendo un nuevo orden hegemónico de izquierda. 

La cito: “una formación hegemónica es una configuración de prácticas sociales de varios tipos: económico, cultural, político y jurídico, cuya articulación se asegura alrededor de significantes simbólicos, que dan forma al sentido común y dan el marco normativo para una sociedad”.

 

¿Qué democracia es esta?

La propuesta de Mouffe de un populismo de izquierda tiene sin duda interrogantes de implementación. Un orden hegemónico (en sus términos) no es compatible con un pluralismo que lleve a cambios en la “configuración de prácticas sociales” cada cuatro años. Algunos preferirían no cambiar durante 14 años. Otros prefieren un pluralismo agonístico que mantenga vivas las opciones entre los extremos de la paradoja. 

En una perspectiva más amplia, podríamos incluso preguntar si “la democracia liberal es la solución óptima al problema racional de cómo organizar la coexistencia humana, o si no es más que una solución entre otras”, como provoca Mouffe. Al final, podemos abandonar el objetivo de llegar a premisas políticamente neutrales, pero no estamos dispuestos a renunciar a soluciones justas. 

Nuestra democracia no va nada bien. Algunos han creído recuperarla de las fauces del autoritarismo masista y ahora temen haberla perdido. No sabemos qué democracia quiere el pueblo y qué abusos tolera. Arce está ahora más ocupado en recuperar la economía que la democracia, pero las palabras de Choquehuanca sugieren una visión política de largo plazo. Tampoco sabemos si esta es la del MAS y menos si hay una sola, pero me parece importante plantear el futuro de nuestra democracia en un marco pluralista y por ello es necesario que el MAS muestre sus cartas. ¿Qué democracia proponen?

 

 

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