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La presentación de Marxismo negro

domingo, 21 de febrero de 2021 · 05:00

José Luis Saavedra
Profesor de Teoría y Política Poscolonial

En el curso de los últimos meses he asistido a dos interesantísimas presentaciones de libros: una, el día viernes 29 de enero, a la promoción del más reciente libro (póstumo) de Aníbal Quijano Por la imaginación política. De la socialización a la descolonialidad del poder, editado por el Programa Democracia y Transformación Global (2020). Otra, el día lunes 1 de febrero,   a la exposición del libro Marxismo negro. Pensamiento descolonizador del Caribe anglófono, de Daniel Montañez Pico, editado por Akal (2020).

Sin duda alguna, los dos programas han estado excelentes y convendría reseñar ambos eventos; pero, por razones de emergencia y novedad teórica y política, hoy vamos a reseñar la interesante introducción del libro Marxismo negro.

1. “Con Felipe Quispe empecé a aprender y a interesarme por los temas del marxismo negro”.

Me llamó poderosamente la atención que el autor del libro, Daniel Montañez, empezara su participación refiriendo  su decisión de estudiar a los marxistas negros del Caribe anglófono: “Mi experiencia personal de cómo terminé llegando al tema del marxismo negro tiene mucho que ver con haber estado nada menos que en Bolivia, concretamente en la ribera del lago Titicaca, compartiendo con el movimiento indianista radical”.

Montañez relata que ha tenido la posibilidad de compartir con los líderes indianistas, en concreto con Felipe Quispe Huanca (uno de los más grandes líderes indianistas) y con su hijo, Ayar Quispe (ambos hoy fallecidos). Ellos le comentaron, muy convenidamente, lo importante que había sido el marxismo para construir sus propias posturas políticas, obviamente un marxismo adaptado a sus propias condiciones de vida. 

Los Quispe se consideraban, pues, marxistas indianistas o, mejor dicho, indios marxistas.

“Lo que (los Quispe) me contaban es que una referencia fundamental de su pensamiento eran los marxistas negros, la tradición negra radical”.

2. Marxismo negro.

Montañez ha explicado dos ideas primordiales, que –dice– atraviesan todo el libro y que –por ello– es interesante debatir. Nos ha enseñado, pues, “dos ideas para situarnos que son fundamentales: marxismo negro y racismo”.

¿Qué es el marxismo negro?  El término –refiere Montañez– proviene de Cedric Robinson, un pensador radical afroamericano, quien planteó  en el libro  Black Marxism (The making of the black radical tradition), de 1983, cómo pensar el marxismo desde la experiencia histórico social de la población negra.

Montañez estudia el marxismo caribeño, donde obviamente hay diversidad ideológica (interna); pero que lo que los une es pensar el problema de la población negra en el contexto del capitalismo.

Montañez plantea una pregunta central: ¿el marxismo negro es sólo desarrollado por las personas catalogadas como negras? Obviamente es a quienes más les afecta y lo viven en carne propia, pero es también –dijo– una cuestión epistemológica.

Más aún, estas ideas, ¿sólo sirven para entender la situación de explotación de los pueblos negros?; sí, pero también  para entender cómo funciona el capitalismo a nivel global. “Nos dan a entender que el racismo es una estructura que funciona a nivel global y está articulada con la super explotación que sufren los pueblos racializados”.

3. Racismo.

¿En qué se basa la perspectiva marxista, es decir la perspectiva materialista y revolucionaria sobre el problema del racismo? Fundamentalmente en cuatro puntos que Montañez nos los ha explicado muy breve y didácticamente.

Primero, es materialista. Los marxistas negros se preguntan por los fundamentos materiales del racismo, por la división del trabajo en términos raciales y por cómo se ha explotado a los pueblos negros durante cinco siglos, para que haya podido emerger una ideología (racista) que deshumaniza a la gente negra.

Segundo, es histórica. Para responder a la pregunta  ¿dónde está el origen del fundamento material del racismo?, Montañez refiere que los marxistas negros han tenido que ir hasta el siglo XVI, al expansionismo colonial europeo, es decir a los orígenes de la división racial del trabajo.

Tercero, es dialéctica. Los marxistas negros ponen énfasis en la cuestión material y estructural, lo cual no quiere decir que lo ideológico se menosprecie; pero sí que se lo entienda de manera integrada, es decir, que lo ideológico y lo discursivo (“¡negro de mierda!”) tienen que tener un correlato material y un diálogo con los hechos materiales.

Y, por último, es revolucionaria. El capitalismo no funciona sino con grandes grupos de población súper explotada. Entonces, la única forma de terminar con el racismo es terminar con el sistema capitalista mismo. Así también lo concibe el sociólogo afro trinitario Oliver Cox:

“El racismo es una actitud social propagada por la clase explotadora con el propósito de estigmatizar a un grupo como inferior para que su explotación, o la de sus recurso, pueda estar justificada. Entonces, no podemos derrotar al racismo solamente demostrando que sus ideas sobre estos pueblos están equivocadas, dado que son un síntoma de un hecho social material. Las ideas sobre la superioridad moral del hombre blanco están profundamente arraigadas en el sistema social y sólo se pueden corregir cambiando el sistema mismo”. (Oliver Cox, Raza, clase y casta, 1948).

Así, pues, la presentación del libro Marxismo negro. Pensamiento descolonizador del Caribe anglófono,  estuvo  interesante, básicamente porque nos ha demostrado que este es un libro que no solo sirve para entender y –en consecuencia– transformar la situación de dominación, explotación y opresión  de los pueblos negros o afrodescendientes, sino también de los pueblos y comunidades indígenas u originarias, que igualmente –desde hace cinco siglos– sufren y luchan contra la dominación moderno colonial, capitalista e imperialista.
 

 

 

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