Los símbolos patrios y la nueva imagen del Gobierno

La polémica escudo nacional vs. la cruz andina y la sensibilidad ante los símbolos

Los símbolos patrios despiertan una alta sensibilidad en los bolivianos, por una cuestión identitaria, pero ¿hay motivo para preocuparse? Según el Gobierno, se trata solo de una imagen de la gestión y que no se pretende sustituir el escudo.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

La creación de una nueva “imagen visual del gobierno” con la cruz andina (chakana)  ha generado polémica en diversos  ámbitos en el país. A decir de sus detractores, sustituye al escudo nacional, pero para otros ciudadanos se trata de un falso debate, pues la eliminación o sustitución de un símbolo patrio sólo es posible modificando la Constitución.

Con todo, el debate político está servido. El líder opositor Carlos Mesa demandó por inconstitucional esa medida del Gobierno, ya que, aseguró, “el presidente Arce ha decidido eliminar el escudo de Bolivia y poner la cruz chakana en reparticiones estatales, embajadas, correspondencia oficial. Una afrenta a nuestra identidad nacional”.

Como Mesa, muchos han tomado las banderas del patriotismo para denunciar un abuso y un riesgo, pero también hay quienes ven que esta nueva línea gráfica impuesta por el Gobierno es excluyente -al ser una cruz andina no representa a todas las naciones indígenas-  y alienta la polarización y el sectarismo.

Pero  la viceministra de Comunicación, Gabriela Alcón, desmintió esa afirmación  y aclaró que lo que se está usando es un logotipo o marca institucional que representa la actual administración gubernamental, y que de ninguna manera se estaría reemplazando un símbolo patrio.

“Es importante aclarar, es importante informar y hablar con certezas, y no mentir. Nosotros no estamos modificando ningún símbolo patrio”, dijo la viceministra a la agencia estatal ABI.

Alcón señaló que las declaraciones de Mesa son “un error garrafal”, ya que el logotipo con la cruz chakana es una imagen representativa y no sustituye ningún símbolo patrio, algo similar a la implementación de la Marca País. Es una marca, es una imagen de la gestión del presidente Luis Arce, tiene que quedar muy claro”, dijo.

En el mismo sentido, la periodista María Silvia Trigo sostiene que “la tesis de la sustitución del símbolo patrio no tiene rigurosidad porque no son lo mismo: el logo es una imagen institucional del Gobierno, el escudo es un símbolo nacional establecido en la Constitución Política del Estado (resulta tan obvio tener que aclararlo)”.

“Si bien el logo actual ya no lleva el símbolo patrio, éste no puede ser sustituido como emblema nacional por ninguna otra imagen sin modificar previamente la CPE. En síntesis, se eliminó el escudo del logo pero no está en riesgo como símbolo del país”, escribió Trigo en su columna de Opinión en Página Siete.

Para muchos bolivianos los símbolos nacionales son “intocables” y generan una gran sensibilidad.

Según define el experto en comunicación visual, corporativa, semiótica y heráldica, Fernando Navia Meyer, los elementos que mejor atan la separación o la unidad son los símbolos, las banderas regionales,  banderas nacionales,  escarapelas, los líderes históricos, etcétera.

En su análisis, existen dos hipótesis, una es que la chakana podría sustituir “de facto” al escudo de Bolivia; y dos, que se trata de una imagen del gobierno,  como suele hacerse, cada gestión “inventa” su marca, pero respetando los símbolos nacionales, especialmente en actos protocolares de carácter internacional. 

“Todo indica que la primera es la que está en marcha. Si el gobierno empieza a desmantelar todos los escudos heráldicos del territorio, poco a poco el escudo nacional irá en extinción y de esa forma buscan eliminarlo de la memoria de la gente, con esta perspectiva descolonizadora. Esa sería una estrategia brillante en términos teóricos y de la experiencia histórica, porque funciona perfecto, la memoria es frágil y en el transcurso de los años se puede olvidar el escudo y quedar fijo este elemento de la chakana en la mente de la gente”, explica. 

Según Navia, dependiendo del interés del grupo político, se suscita el cambio o el ajuste de los símbolos. Recuerda que Añez puso la bandera del patujú luego de que algunos sectores antimasistas habían rechazado la wiphala, mientras que “este nuevo gobierno recupera la wiphala y le añade la chakana; me parece que detrás de todo esto está Choquehuanca (...) que podría crear una estrategia de descolonización de fondo. Si la hipótesis uno se da, de que van a desmantelar el escudo poco a poco, es una estrategia política inteligente”, sostiene.

Pero según el criterio del investigador   jurídico Franz Barrios, existe un plan de “sistemática sustitución del escudo nacional” y de otros de nuestros símbolos (la celebración del 6 de agosto en la Capital Sucre, la simbología de los billetes, la inversión del reloj del Palacio Legislativo, el castellano como idioma oficial o el catolicismo como religión mayoritaria).

Esa situación, dice,  ya se advertía cuando se celebró la Constituyente, “en esa lógica masista de querer simular el nacimiento de un Estado nuevo con sus respectivos nuevos símbolos (wiphala, chakana, hoja de coca, etcétera.)”.

“Para el actual régimen, nuestro escudo de armas representa a la República y a la religión Católica, pero como está consagrado en la Constitución y en otras normas que les es más difícil de modificar, ordenan su sustitución progresiva por una ficción política como es esa aberrante ‘imagen de Gobierno’, con alegorías tawantinsuyescas que carecen de fundamento histórico, ignorando que sólo el Estado y la nación tienen derechos subjetivos a la imagen y a la identidad, pero no un gobierno porque es pasajero y se ocupa de asuntos administrativos”, observa.

Según Barrios, nuestros símbolos patrios despertarán siempre una alta sensibilidad en los bolivianos que los sentimos “carne” por una cuestión identitaria y de espíritu nacional, desde que empezamos a formar un criterio propio al sabernos diferentes de otras naciones en el orbe. 

“Como seres sociales tenemos una necesidad innata de pertenecer a algo, en este caso de pertenecer a un constructo nacional. Esto generalmente empieza a cuajar en el periodo escolar con nuestras clases de cívica, con las celebraciones de nuestras efemérides patrias como el 6 de agosto, cuando rememoramos con desfiles y marchas militares y, por supuesto, hasta con el fútbol (fenomenológicamente este deporte despierta alta sensibilidad y sentido de pertenencia para con lo nacional en Bolivia desde siempre y sin distingo de clases)”. 

En su visión, estos elementos societales atizan “ese espíritu nacional” en cada uno de nosotros, lo que se acompaña con los valores cívicos que inculcan nuestras familias en la medida que crecemos”.  

“Esta imposición simbólica está haciendo que la gente se una en su indignación. El haberse metido con el escudo nacional es equivalente a otra invasión chilena, es así de indignante; y eso es contraproducente para los cálculos políticos de quienes idearon esta imposición simbólica”, sostiene Barrios.

Construcción de visiones

Para el analista cruceño Paul Coca, los bolivianos  hemos construido visiones tanto en oriente como en occidente basado en simbologías y hemos crecido con esos símbolos, que para nosotros son prácticamente inamovibles e intocables. “No podríamos pensar que se cambie el escudo nacional o la tricolor; nuestra concepción boliviana es tan cerrada que ni siquiera podríamos permitir que se cree un nuevo departamento”, explica.

 Según Coca, el uso de  la cruz andina se da justamente en una etapa electoral en la que estamos con  “bastante susceptibilidad”. “Hay tres momentos importantes, el primero, este cambio de los símbolos y logos de la gestión de Arce Catacora; dos; el retiro del escudo en Sucre y tercero el proceso electoral que se nos viene; casualmente los tres vinieron uno detrás de otro y eso está generando la crítica”, opina el analista.

 Para Coca, lo que hay que ver es “el fondo del asunto”, ya que la chakana es una cruz andina, sabemos que no identifica el 100% del territorio nacional. “La idea del Estado-nación falló y el Estado Plurinacional no está ayudando a consolidar una cohesión entre bolivianos”, afirma. 

“No puede darse una imposición, de ningún gobierno, sobre los ciudadanos; debe ser una construcción social de abajo hacia arriba; no de la imposición, porque esto generará un estado natural de rebeldía”, sostiene.

¿Federalismo?

El historiador militar general Luis Fernando Sánchez  advierte que hay que poner esta situación en un contexto en el que se ha comenzado a hablar de federalismo en el país, lo que puede llevarnos a una crisis muy grave en el mediano plazo. Ese federalismo, dice, revivió en los últimos años con los discursos de Luis Fernando Camacho en Santa Cruz y Marco Pumari en Potosí. Y, ante la crisis que se vecina por la pandemia, considera que el Gobierno debería preocuparse por afianzar “al máximo” la unidad del país. 

“No puede ser que un Estado serio deje de lado sus símbolos constitucionales, nada más que por asuntos políticos. Es una costumbre de los regímenes totalitarios, que tienen tendencia al endiosamiento, al mesianismo, el culto a la personalidad que genera una serie de distorsiones”, cuestiona.

 El Gobierno ha incluido en la chakana iconografías de las cuatro regiones del país: altiplano, valles, Chaco y Amazonia, como una forma de reflejar unidad (ver infografía). Pero Fernando Navia dice que eso es “un chiste”.  “Es una anécdota; no tiene perspectiva visual;   tipográfica, ni  cromática, está saturada de elementos, no han considerado cómo se debe ver  y ha salido un ente totalmente ambiguo; no tiene respaldo histórico, ni en sus colores ni en su forma, menos en el significado”, dice el experto.

Las afrentas a la wiphala y patujú  en el país

El   10 de noviembre de 2019, un ciudadano quemó una wiphala, generando   indignación, particularmente entre dirigentes de El Alto que se sienten identificados con este símbolo nacional. 

Luego, en un hecho más reciente, el 8 de febrero, dos jóvenes    retiraron la wiphala de la plaza 24 de Septiembre en Santa Cruz. Fueron arrestados y luego liberados, aduciendo que “desconocían que se trataba de un símbolo patrio”.

Y desde noviembre de 2020, la bandera con la flor del patujú, que había sido recuperada en la gestión de Jeanine Añez, fue retirada de diferentes actos oficiales del nuevo gobierno de Luis Arce. Los indígenas del oriente de las tierras bajas expresaron su molestia e indignación por esta decisión y pidieron que sea restituida.

“La quema de la wiphala (que al parecer fue una suerte de ‘autogolpe’  simbólico para enardecer a la masa), o  haber retirado la flor del patujú, o haber retirado el escudo de armas de una entidad castrense recientemente en Sucre, son hechos que han sumado un componente político de trasfondo que ha hipersensibilizado nuestra percepción sobre los símbolos patrios”, estima el investigador Franz Barrios.

 “Esos hechos no solo llevaron a reivindicar los respectivos símbolos como tales, además molestó en unos y en otros el quién quemara o quién los retirara como agravio de ese sentido de lo nacional”, agrega.

 Hay evidentemente, como dice Paul Coca, un choque de visiones; la del MAS con respecto a la flor del patujú y de la de los antimasistas sobre la chakana, o cruz andina.  

“Como símbolo del Estado está la flor del patujú, pero no la bandera del patujú;  la chakana no es una simbología que esté en la Constitución como la bandera tricolor, la wiphala, o la kantuta”, dice Coca, para quien aún no hemos logrado respetar las identidades dentro del país, “en un Estado que reconoce las diferencias del otro, si es que éste acepta las mías, individuales o grupales”.

 

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