Sólo en crisis

La posverdad define el voto en Ecuador

domingo, 2 de abril de 2017 · 00:00
Guillermo Lasso, el candidato de la oposición dueño de uno de los bancos más grandes del Ecuador, mantuvo durante la campaña electoral y para la segunda vuelta la misma oferta de un millón de empleos y eliminar 14 impuestos. Todo racional y pragmático.  

Mientras  Lenin Moreno, candidato oficialista exvicepresidente de Rafael Correa,  combinó su inicial discurso emotivo y voluntarista de desterrar  odios y prometer una cirugía mayor contra la corrupción, con algo de empleos y acciones dispersas sobre la economía.
 
 Curioso: ninguno cambió mucho la estrategia discursiva de la primera vuelta. Empleo, empleo y anticorrupción y amor, amor, amor. No es una metáfora. Moreno ha ofrecido gobernar con amor. La mayor diferencia establecida con Correa. 

La realidad en el campo, en las calles, los votantes añaden razones a su decisión de voto totalmente alejadas de las propuestas por los candidatos. Todos ven atributos que no han sido expresados en la comunicación formal. Y lo mejor: todos coinciden.
 
Esta segunda vuelta ha obligado al Ecuador a leer entre líneas.  Parece que el voto no se establece desde las ofertas sino desde los atributos no dichos. Cuando se escucha la frase "crear empleos” se entiende: "ya debe haber un cambio”. 
 
En el discurso del amor  se "entrelee”: mantendremos lo bueno, pero en otro estilo, sin confrontación, con "diálogo”, buscando la verdad y con "humildad” (palabras del propio Moreno en varias entrevistas).
 
 Pero mantendremos los frenos a las "oligarquías y a los abusos de los ricos”. Una oferta que, de seguro, responde a las críticas registradas en las encuestas que el gobierno recogió en cantidades: la gente está cansada del grito y la confrontación, del autoritarismo y la prepotencia con la que asimilan a Correa. Y esa lectura fina se da desde una cada vez más creciente polarización.
 
La confianza de Moreno se basa en elementos soft determinados por su bondad y su voluntad por hacer el bien. Aprovechándose de la pos verdad (ese término incluido por el diccionario de Oxford que describe la circunstancia cuando los hechos objetivos tienen menor peso  que  los discursos emotivos o creencias personales), cosecha de su posicionamiento en el imaginario. 
 
Al frente la confianza de Lasso se construye con medidas técnicas que ayudarán a mantener "en el bolsillo de los ciudadanos alrededor de 3.000 millones de dólares”. Él hace danzar las cifras, las enuncia con seguridad y nos hace entender que de eso sí sabe. No por nada es un buen banquero. Pero esas razones no son las que de verdad gatillan el voto a su favor. Y en el fondo él lo sabe y ha decidido comunicarlo al final de la campaña en algunas entrevistas. 
 
Se refiere a sí mismo como el "único” candidato, aunque no el ideal. Y ahí si coincide con la expectativa del votante. El problema –para él- es que se dio cuenta de ese argumento construido desde "la pos verdad” sólo al final y por ello quizá no le sirva para llegar primero a la línea de meta. 
 
Especialistas internacionales debatían que Lasso es, en verdad, el candidato -el único- que tiene las condiciones reales para luchar contra el Correísmo y salir bien parado. Y sabiendo eso, el gobierno y la campaña de Lenin Moreno trataron de retratarlo unido al pasado doloroso del quiebre de bancos y crisis que sufrió en Ecuador a fines del siglo XX.
 
 Más de la mitad de la campaña para la segunda vuelta Lasso se la pasó desmintiendo ser el banquero con un oscuro pasado y, la otra mitad, reforzando su oferta técnica y dura sobre empleos e impuestos.  Sus declaraciones en medios seguían la misma tónica, hasta que la última semana incluyó esto de no ser el mejor, pero sí el único.
 
Un cambio de mentalidad y paradigmas de cómo hacer campañas y construir discursiva política es tan necesario, y casi no vislumbrado por los candidatos alejados de los llamados gobiernos progresistas. 
 
Esta campaña en Ecuador nos demostró que aún después de 10 años  de enseñanza, la oposición no ha comprendido que el votante no es sólo cabeza y no decide sólo desde sus condiciones materiales de existencia (estructura, según el marxismo tradicional),  sino desde la aspiración, el sistema de valores y la autoestima (superestructura).
 
Hoy el pueblo ecuatoriano deberá elegir  entre la bondad del hombre que ayudó a niños con capacidades especiales y el financiero capaz, con la sombra del feriado bancario detrás. 

María José Rodríguez Es especialista en comunicación
 corporativa y crisis.

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