Toasó: “Me culpé porque no tenía opción, no hay justicia en Bolivia”

Desde Budapest, Elöd califica el caso como una serie de “violaciones a derechos humanos, donde mataron sin pena a varias personas con fines políticos”.
lunes, 15 de abril de 2019 · 07:00

Carolina Méndez / Santa Cruz

“Me inculpé porque no tenía otra salida, no hay justicia en Bolivia. Fue la única manera de salir de ese sistema degenerado y aunque acepté la culpa, mi moral está intacta, por eso no me callo”, dice Elöd Toasó en comunicación con Página Siete desde Budapest, donde radica después de haber cumplido sentencia por “alzamiento armado contra la seguridad y soberanía del Estado”.

Eso de “querer lavar el nombre” no es obstinación, es convicción para Elöd. Y aunque salió del país al admitir que cometió el delito, dice que eso en realidad no pasó. Afirma que todos saben que si se declaró culpable fue por desesperación.

En Budapest, su ciudad natal,  ha retomado su trabajo como profesor y realizador de audiovisuales e intenta rehacer su vida. No es un hombre nuevo, es un hombre libre. Tiene 38 años y es uno de los dos sobrevivientes del sangriento episodio del Hotel Las Américas. Vivió para contarlo y hoy, además, vive para denunciarlo.

En 2009,  una  foto  que se usó como  prueba en su contra.
Archivo

“Lejos de ser un terrorista”

Elöd llegó a Bolivia el 8 de noviembre del año 2008 en plenos estruendos autonomistas de la región oriental del país. Tenía 28 años, ganas de ver el mundo y la sensación de inmortalidad que da la juventud. Ya era informático de profesión, se dedicaba a desarrollar páginas web y a crear gráficas para documentales. Eso hacía cuando recibió la invitación que le cambiaría la vida.

Eduardo Rózsa-Flores, a quien había conocido en Hungría en  2003, le propuso venir a Bolivia para rodar la película Guerra Sucia. Esta promesa laboral cinematográfica quedó constatada en un borrador de contrato que Elöd firmó con Rózsa en enero de 2009;  tres meses antes del operativo del Hotel Las Américas. Tres meses antes de “la pesadilla que duró cinco años y 10 meses”.

Toasó es, además de informático, profesor de escuela. Daba clases en Hungría antes de venir a Bolivia y ha retomado esta actividad, que considera “su verdadera pasión”. Paralelamente, volvió a la universidad y actualmente continúa capacitándose en manejo de sistemas. Tuvo, además, a su retorno una breve incursión en la televisión, en la que presentó un documental de 15 partes sobre húngaros en otros países.

El 23 de marzo de 2009 en La Paz, en un viaje de protección consular, el  embajador de Hungría en Argentina, Matyas Józsa, dijo luego de visitar a Toasó en San Pedro que su compatriota estaba “lejos de ser un terrorista” y que por el contrario  era sólo “un joven de 29 años que cometió errores” al no saber “en qué iba a participar”.

Toasó no sólo niega haber sido terrorista, niega también haber tenido motivaciones políticas. “Yo ni sabía quién era el presidente de Bolivia cuando llegué. No soy político. Nunca lo he sido”.

El diario de Elöd Toasó

El 16 de abril de 2009 es una fecha que se ha vuelto estigma en el recuerdo de Toasó. La madrugada de  aquel jueves, la Policía mató a tres personas y detuvo a otras dos en un violento operativo efectuado en el Hotel Las Américas, donde supuestamente estaba “la célula terrorista que pretendía matar a Evo Morales y separar a la patria en dos”, según la denuncia  del Ejecutivo.

Los fallecidos fueron  ÁrpádMagyarosi (húngaro-rumano), Eduardo Rózsa-Flores (húngaro-boliviano) y Michael Martin Dwyer (irlandés).

Los que quedaron  Elöd Toasó (húngaro) y Mario Tádic Astorga (croata-boliviano).

Respecto a este episodio, Toasó declaró en Bolivia y lo reitera desde afuera: “Michael Martin Dwyer no fue ejecutado en el hotel junto a los dos primeros, sino que fue asesinado en el aeropuerto y luego fue llevado su cuerpo a la escena del crimen”.

Toasó y Mario Tádic  en una reunión en Budapest  para  preparar  la denuncia.
Gentileza Elöd Toasó

 Toasó y  Tádic fueron aprehendidos y enviados al penal de San Pedro de  La Paz, no sin antes inaugurar lo que califican como un  “calvario carcelario” con torturas, amenazas e insultos.

“Me detuvieron de manera ilegal y arbitraria. Estuve sin abogado y sin poder comunicarme. Me pusieron armas en la cabeza con intención de ejecutarme. No me dieron alimentos. No tenía ropa. Hay instancias internacionales de Derechos Humanos, como Naciones Unidas, que ya han corroborado los atropellos que sufrí”, dice  Toasó con pesar pero con firmeza desde Budapest.

Elöd estuvo con detención “preventiva” 2.179 días, o lo que es lo mismo  cinco años, 11 meses y 17 días. Sobrepasó en demasía el tiempo legal de detención preventiva según las leyes bolivianas. Durante todo ese tiempo registró cada día todo lo que ocurría a su alrededor en una libreta que fue publicada en  2012 bajo el título de El diario de ElödTóásó.

Durante los casi seis años que Elöd estuvo aprehendido, asistió a cientos de audiencias en las que reiteraba y reiteraba que era inocente, que no era terrorista, que no vino a matar a Morales, que lo del hotel fue una ejecución y no un enfrentamiento. Cuenta que  repetía y repetía sus declaraciones  sin conseguir que sus palabras  hallen ningún eco.

Finalmente, hastiado, aceptó que todo aquello no lo llevaría a ningún lugar, salvo la muerte o el olvido. Así que “les dio lo que le pedían”, cambió su declaración y aceptó eso de lo que se lo acusaba. Salió en libertad  a finales de febrero del año  2015.

“Lo hice porque no había otra salida, no hay justicia en Bolivia -explica ahora desde su país- fue la única manera de salir de ese sistema degenerado y aunque acepté la culpa, mi moral está intacta, por eso no me callo. Por eso sigo y seguiré denunciando hasta que se sepa la verdad de las ilegalidades y abusos que ocurrieron en Bolivia”.

El 20 de febrero del año 2015, el Tribunal Primero de Sentencia de La Paz condenó a Elöd Toasó y a MarioTádic a cumplir cinco años y 10 meses de prisión, tiempo que ya había sido cubierto por cada uno en su detención “preventiva”. Ambos salieron de la cárcel de San Pedro casi dos semanas después de la sentencia y al mes estaban fuera del país, en Hungría y Croacia, respectivamente.

Elöd y la desaparecida esposa  María Elena, con quien se casó en San Pedro.

El amor y la tragedia

Durante su estadía en la prisión paceña, Elöd tuvo un atisbo de alegría cuando conoció a quien sería su esposa, María Elena Fortún.

Paceña de nacimiento, María Elena perteneció a la familia Fortún Taborga. Su padre fue Guillermo Fortún, fundador de ADN, diputado, senador y ministro durante el segundo gobierno de Banzer (1997-2002). 

El año 2009, Guillermo Fortún anunció la posibilidad de ser candidato a la Alcaldía de La Paz y esto activó procesos judiciales en su contra, específicamente uno por supuesta malversación de 2,5 millones de dólares de gastos reservados de la época en que fue ministro de Gobierno.

Fortún intentó fugarse por Perú con su hija Ximena, pero  fueron detenidos en Lima en septiembre de 2010 cuando pretendían abordar un vuelo hacia Buenos Aires. Fueron reenviados a Bolivia.

Guillermo Fortún permaneció recluido  en la cárcel de San Pedro sin sentencia hasta septiembre de 2012, cuando falleció por problemas cardiacos. Nunca pudo aclarar las denuncias en su contra, sólo alcanzó a declarar que “era víctima de persecución del gobierno de Morales”.

María Elena visitaba a su padre incansablemente en la cárcel. Fue en esas  circunstancias que conoció al “húngaro  acusado de terrorismo”. Ambos entablaron amistad favorecidos por poder comunicarse en inglés y muy pronto empezaron un romance.

María Elena y Elöd se casaron en noviembre del año 2012 en el penal de San Pedro después de dos años de noviazgo. La cárcel que se empeñaba en matar a Toasó un poco cada día fue testigo de aquel acto de libertad: la consolidación de un matrimonio joven con aspiraciones a ser un hogar.

El final de esta historia de amor fue pronto y trágico. María Elena falleció cuando estaba embarazada el 22 de julio de 2015 en una clínica paceña producto de una grave infección.

Elöd ya estaba entonces en Hungría y aguardaba el encuentro con su familia boliviana que nunca se consolidó. Recuerda que recibió la fatal noticia mediante una llamada telefónica  desde La Paz.

La demanda ante la CIDH

En un cajón del escritorio de Elöd en su casa en Hungría está su visa para viajar a Washington en cualquier momento. Los húngaros no necesitan visa para ingresar a Estados Unidos pero a Toasó le pesa sobre los hombros la “fama de terrorista” con la que tiene que lidiar.

Por eso se aseguró de garantizar la posibilidad del viaje. Cualquier día podría necesitar presentarse personalmente ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en la que ya ha ingresado la denuncia contra el Gobierno boliviano por violaciones a la integridad personal, garantías judiciales y otros crímenes de lesa humanidad.

La petición ante la comisión fue presentada en nombre de Michael Dwyer, Elöd Toasó, Mario Tádic, Alcides Mendoza y Juan Carlos Guedes por la violación de nueve derechos humanos reconocidos por el Pacto de San José. Entre ellos, integridad personal, libertad personal, garantías judiciales y protección de la honra y la dignidad.

Elöd no desiste. Sigue gastando dinero, tiempo y esfuerzo. Cuenta que se  reúne habitualmente con Mario Tádic para preparar las pruebas y reunir todos los documentos necesarios para la denuncia. “Es un objetivo de vida buscar justicia”, dice.

Paralelamente, está escribiendo un segundo libro sobre el caso que será publicado próximamente.  Y pesar de que el ministro Romero declaró que el caso Rózsa “es un tema ya resuelto por la justicia boliviana”, Elöd afirma categóricamente que la justicia aún no se ha asomado  a la verdad de los hechos de 2009.

Asegura que no escatimará  esfuerzos para demostrar que lo que pasó en Bolivia fueron “violaciones a derechos humanos, donde mataron sin pena a varias personas para usarlas políticamente”.

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