Willy Camacho

Indolencia de YPFB

jueves, 11 de julio de 2019 · 00:09

El 2 de marzo de 2016, Mauro Calle Fernández, joven egresado de Ingeniería Mecatrónica de la Universidad Católica Boliviana (UCB), salió de su casa a las 7 de la mañana. Se despidió de su madre, que lo recuerda atravesando el umbral con la mochila al hombro y el celular en la mano. En ese instante, doña Mayra no sabía que sería la última vez que vería a su hijo con vida. Cómo pensar eso, si Mauro era un joven pleno de vida, sano, deportista, con muchos planes, entre los cuales estaba buscar una beca para especializarse en el exterior, pero siempre con la meta de volver a Bolivia y poner sus conocimientos al servicio del país.

Mauro había conseguido una pasantía en DICAP, empresa que hacía trabajos para YPFB, gracias a su catedrático, Miguel Cabrera Terán, que trabajaba ahí. Justamente ese fatídico miércoles 2 de marzo, Mauro tenía que encontrarse temprano con el ingeniero Cabrera y con el técnico Adam Mamani, para dirigirse a la zona de Aranjuez de la ciudad de La Paz, donde se había reportado una fuga en un pozo de gas domiciliario (reciento confinado) cámara 13800 de propiedad de YPFB.

Aproximadamente a las 9:30, cuando Mauro y sus colegas estaban dentro de la cámara, se produjo una fuga de gas a 20 bares de presión; la situación se volvió incontrolable, agravada por la falta de presencia de personal de seguridad industrial de YPFB y/o Serpetrol (empresa a cargo del proyecto) que pudieran auxiliarlos de manera inmediata. El resultado fue fatal, los tres fallecieron dentro de ese pozo: Mauro Calle, Adam (técnico eléctrico e hijo ejemplar de la familia Mamani) y Miguel Cabrera ingeniero electrónico, catedrático de la UCB y padre de dos niños.

Según cuentan Juan Calle y Mayra Fernández, padres de Mauro, tras el hecho, autoridades de YPFB, específicamente su entonces presidente, ingeniero Guillermo Achá, se pronunciaron al respecto, indicando que las familias no quedarían desamparadas y que se procedería a la activación de los seguros correspondientes para indemnizar a las familias. Sin embargo, a la fecha, más de tres años después, y luego de haber iniciado en 2018 acciones legales contra las empresas comprometidas (Serpetrol, Dicap, y aseguradoras Alianza y Boliviana Ciacruz), todavía no se ha resuelto nada. Previamente, la familia Calle Fernández intentó conciliar con todos los involucrados en el tema, incluyendo al área legal de YPFB, pero Ciacruz e YPFB deslindaron responsabilidad al respecto y con las otras empresas no se pudo llegar a ningún acuerdo.

Obviamente, ni una fortuna compensa una pérdida tan dolorosa, pero la familia de Mauro no reclama por el dinero, sino por un principio básico: justicia. Juan y Mayra quieren que ninguna familia vuelva a pasar por una tragedia igual, y esto implica que YPFB y las empresas que subcontrata se hagan cargo de la seguridad de todo el personal, incluidos pasantes universitarios, bajo su cargo, y claro, para que estas empresas, en especial YPFB, asuman esta responsabilidad a futuro, es necesario que reciban sanciones, entre ellas, la compensación económica a las víctimas de este accidente.

También llama la atención la falta de colaboración de la UCB, que no ha apoyado a la familia Calle pese a que Mauro era egresado de esa universidad, y además no facilitó el trámite de titulación póstuma, que es un pequeño consuelo para los padres.

Pero, en definitiva, lo que más sorprende es que la principal empresa estatal de Bolivia no sea capaz de asumir su responsabilidad con las familias de los fallecidos, y se escude en los vericuetos de la letra menuda de los seguros, como si compensar de alguna manera a las familias representase un daño a la economía de YPFB.

Willy Camacho es escritor

 

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