Hugo del Granado Cosio

La realidad energética boliviana

jueves, 11 de julio de 2019 · 00:10

Para analizar los parámetros del estado de  la energía en Bolivia se tiene que recurrir a los Balances Energéticos que produce el Ministerio de Hidrocarburos, que además es la única entidad autorizada para producir tales documentos. Como la información no es completa, para comparar este estado se tiene que acudirá a entidades como la IEA, Olade y otros.

Entre los parámetros más importantes de evaluación del desempeño energético se encuentran los de intensidad y eficiencia energética, la matriz que compone la canasta energética, tanto en la producción de energía primaria como en la composición de su consumo y en la evolución de estos parámetros en el tiempo. 

Los conceptos de intensidad y eficiencia energética esclarecen la visión global de la gestión energética de los últimos 13 años y pueden explicar las razones de la situación actual del país en el plano energético. 

La intensidad energética es la cantidad de energía usada por unidad monetaria del Producto Interno Bruto (la unidad uniforme que se utiliza para las diferentes formas de energía es el Barril Equivalente de Petróleo –BEP– en este caso BEP/1.000 $us del PBI) es un indicador utilizado para medir la eficiencia en el uso de energía.

Una intensidad energética elevada significa un costo alto en la conversión de energía en riqueza y por el contrario una intensidad energética baja representa un menor consumo de energía para obtener un PIB elevado. Por lo tanto, la tendencia debería ser la de buscar una menor intensidad energética como señal de una mayor eficiencia en el uso de la energía.

La IEA ha proyectado un escenario en el que es posible llegar al año 2040 con 20% más de población mundial, 60% más de construcciones y edificios y con el doble del PIB mundial actual, todo con un crecimiento marginal de la demanda de energía. De acuerdo a Olade, la intensidad energética en América Latina ha tenido también una evolución positiva; así, entre los años 1970 y 2015, en Sudamérica la intensidad energética se redujo en 0,87 BEP/1.000 $us y en la zona andina, en 0,43 BEP/1.000 $us. En Bolivia, la intensidad energética ha tenido una evolución ascendente, subió de 0,97 BEP/1.000 Bs a 1,08 BEP/1.000 Bs el año 2016.

La intensidad energética está íntimamente ligada a la eficiencia energética, que se entiende como la capacidad para usar menos energía para producir la misma cantidad de iluminación, calor y otros servicios energéticos. Los programas de eficiencia energética permiten emplear la energía de manera óptima, incrementando la competitividad de las empresas, mejorando la calidad de vida, reduciendo costos y limitando la producción de gases de efecto invernadero.

La eficiencia energética es el mejor indicador del desacople entre consumo de energía y crecimiento económico, los resultados obtenidos están dejando atrás el concepto de que hay, y debe haber, una relación directa entre desarrollo económico y consumo energético.

En el Plan de Eficiencia Energética del Ministerio de Hidrocarburos y Energía del año 2013, se dice lo contrario y más bien se muestra como un factor virtuoso el que haya una relación directa entre crecimiento económico y el consumo de energía.

Los balances permiten establecer que la matriz energética del país no ha tenido modificaciones significativas en los últimos 11 años de análisis, sólo el componente gas natural tuvo un lento incremento, la participación de los demás componentes decreció, especialmente el de hidroelectricidad, que se redujo casi a la mitad en el período analizado.  El esfuerzo debía dirigirse a reducir la producción de energía con biomasa, mayormente con leña, que es una señal clara de matriz energética de los países atrasados.

Aunque sí hubo un aumento de cerca del 50% en la producción de energía primaria, a partir del año 2014 se hace visible la caída de esta producción, debido a la caída en la producción de hidrocarburos, situación que se mantendrá a futuro sino se introducen cambios a la política energética  del gobierno.

Respecto al consumo, la política energética que debió dirigirse a desincentivar el consumo de lo escaso ha tenido resultados muy magros, porque se descuidó este aspecto central. Si bien en los 10 años de análisis se observa una mínima disminución porcentual en el consumo de diésel oil y de electricidad, existió un incremento muy grande en el consumo de gasolinas. El mundo se encuentra encaminado a su creciente electrificación por los beneficios al medioambiente y el costo decreciente de su producción. 

En Bolivia vamos al revés. Es necesario cambiar la política energética del Gobierno para priorizar el desarrollo de fuentes renovables de energía, sin pretensiones de ser centro energético del continente o hacer gigantes hidroeléctricas para exportación.

 
Hugo del Granado Cosio es experto en hidrocarburos.  
 

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