Carlos F Toranzos Soria

Ojo por diente

jueves, 23 de enero de 2020 · 00:09

La Policía en la calle, los milicos en la calle, los motocos a cargo de no permitir la reunión libre y la protesta genuina.

¿Qué es esto?

Si pusieron la Biblia en el Palacio. Si con ese mensaje no fueron capaces de leer el Nuevo Testamento, algo está realmente escondiéndose profundamente el amor al prójimo como el baluarte cristiano más importante.

Ningún lenguaje de violencia es capaz de dar razón a nadie. La violencia tiene la virtud de crear más violencia. La revolución de las pititas era  de enorme contenido humano y real: el medioambiente, la vida misma y todo lo que amamos.

¿Cómo es que ahora se puede justificar que se saquen a los representantes de la violencia institucionalizada a las calles? 

¿No es más importante hacer que la justicia no sólo en apariencia se cumpla, sino que se den todas las muestras de que en los gestos también se cumpla?

Las esposas mostradas por un ministro que hace gala de su matonería y que se dé cuenta que eso no funciona.

La democracia no se logra si no se logra la paz. Esta no se logra si no hay decisión de hacerla vivir en todo: en las calles, en el Gobierno, en los ministerios, en las asambleas, etcétera.

No vale, por decir un término conocido, la arrogancia y el juramento de que la democracia se logra con venganza y revancha.

El camino hacia delante va desde censurar la violencia de género, con leyes nuevas y novedosas; la declaración de que las leyes que permiten incendios de los bosques deben ser derogadas; las leyes que impiden la libertad de prensa deben ser borradas.

La virtud de la democracia no se logra con fingir elecciones, se logra con acciones que digan en voz alta que lo que se quiere es ser fundamentalmente seguidor de los principios de humanidad,  y libertad y fraternidad. No como si fueran logros, sino como si fueran la esencia misma de nuestro actuar.

Vamos,  Jeanine, si tú no te lanzas a decir claramente que esto es un camino serio a la democracia, puedes empezar a decir que no has logrado nada. Y el resto de nosotros que hacemos gala de los logros de la no violencia sigamos en la brecha. Las pititas son brutales y son santas,  mantengamos eso. 

Todos somos esa patria que no permite abuso de ninguna clase. Ni una mujer, ni un niño, ni un animal, ni un árbol maltratado. Somos iguales ante la ley y ante nosotros. Las polleras,  las wiphalas, el patujú, las banderas, todas son nuestras, porque eso lo hemos hecho nosotros. Es nuestra identidad de nación y de gente.

Quien reniega de alguno, reniega de Bolivia;  quien prefiere uno sobre el otro, está marcando distancias y la Bolivia nuestra no tiene distancias,  tiene unidad y fuerza.
     

Carlos F Toranzos Soria es economista.

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