Irving Alcaraz

La salud, tarea pendiente

viernes, 03 de enero de 2020 · 00:09

No es un secreto. En todo el mundo la medicina es cara. Pero en Bolivia, para las personas de bajos ingresos, resulta inalcanzable y los pobres se curan, pese al Seguro Universal de Salud (SUS), con curanderos y medicinas naturales. 

   La medicina es cara no sólo por lo que cuesta en dinero contante y sonante, sino por el tiempo de espera de los pacientes en los centros de salud y hospitales, mal provistos y peor sostenidos; por los médicos y personal de apoyo mal pagados y además, vilipendiados; por el costo de los medicamentos y, por último, por las vidas tempranamente perdidas por muerte o incapacidad.

   La salud nunca fue la joya de la corona en Bolivia. Esa triste realidad quizás pueda explicarse por la pobreza del país arrastrada, con excepcionales periodos de relativa bonanza, prácticamente desde su nacimiento como república independiente. Pero ese argumento no es válido para juzgar lo que pasó en el gobierno del MAS, pues los ingresos que tuvo Bolivia en ese periodo fueron muy altos, en rigor los más altos de su historia. Esa bonanza fue además larga, duró 11 de los 14 años de gobierno de ese partido.

   Con semejante riqueza en sus manos, el MAS, al parecer, enloqueció pues no supo cómo administrarla. En vez de construir escuelas y formar maestros de acuerdo con las nuevas tendencias de la educación y construir hospitales y centros de salud y equiparlos con los últimos avances de la tecnología,  llenó el país de canchitas, hizo  inversiones multimillonarias en proyectos que no tenían el menor sentido económico ni financiero y engordó las planillas de la administración pública a extremos insostenibles. 

   En ese carnaval de plata, como está dicho, la salud brilló una vez más por su ausencia, sólo que ahora tal situación no tenía por qué ocurrir. Pero ocurrió, a tal grado que en el último Presupuesto General de la Nación presentado por el MAS, la salud figuró en un puesto inferior al de la propaganda política. Pese a ello se aprobó el SUS.

   Y así estamos.

   El gobierno de la presidenta Añez, ¿puede hacer algo al respecto?  No mucho, la verdad, dada su transitoriedad, pero al menos podría tratar de bajar de alguna forma los precios de los medicamentos los que, considerando los niveles de ingreso de los bolivianos, resultan los más elevados de la región. 

   Hasta hace unos tres años, las farmacias daban dos por uno los medicamentos caros. Llamaban a ese mecanismo la “ayuda”. Esa era efectivamente una ayuda muy importante para los enfermos, sobre todo para aquellos con problemas neurológicos que demandan el uso permanente de medicamentos tales como –según fuentes de las farmacias— Kopodex (caja de 30 unidades 765 bolivianos), Donecil (525), Parmital (305), Ipran (345), Lucidex (207).

   Y otros más, aún más caros.

   ¿Cuál es la suerte que corren los bolivianos que no pueden pagar con sus ingresos mensuales esos medicamentos? La respuesta es obvia y lacerante.

   Nadie puede explicar por qué el MAS prohibió esa “ayuda”, tomando en cuenta que su incidencia en el presupuesto nacional debe ser minúscula. Quizás el nuevo  Gobierno pueda reponerla. Por supuesto que esa reposición sería apenas un pequeño paso en el largo camino de mejorar la salud de los bolivianos. Pero así se recorren las grandes distancias.

 
Irving Alcaraz 
es periodista.

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