Jorge Patiño Sarcinelli

Eva, patrona del feminismo

viernes, 13 de noviembre de 2020 · 00:09

En los últimos años hemos escuchado tanto Evo, Evo, que su nombre ha eclipsado la antaño más poderosa forma femenina de, por ejemplo, Eva Perón o Eva Braun, a las que se suma ahora Eva Copa. 

No quiero aquí defender a estos complejos personajes, sino a Eva, la primera mujer, la que según la Biblia fue creada por Dios de la costilla de Adán. En lugar de hacerla también del barro del suelo, para que sean iguales, Él usa un hueso de hombre. Son razones inescrutables.

En la versión bíblica literal de la creación de Adán y Eva y su posterior expulsión del Edén, a la mujer cabe un feo papel. Ella se deja tentar por la serpiente y persuade a Adán a morder el fruto prohibido, desoyendo la orden de Dios y provocando la ira y el castigo divinos. 

La Biblia solo se refiere a un fruto prohibido, pero algunos estudiosos afirman que ese fruto era un higo, una granada o incluso un plátano. Si el primero se hubiese impuesto, hoy tendríamos el logo de un higo mordido en artefactos de la marca Fig. 

Por sus imágenes sexuales, me parece más lógico el higo, pero la tradición se ha inclinado por la manzana por razones lingüísticas: en latín manzana es malus y esta palabra se asemeja a malum, que significa “mal”. Es decir, Eva seduce y lleva a Adán al mal. ¡Pérfida! 

Voy a usar las reflexiones de Sally Frank, profesora de leyes de Yale, y de Francesca Vidotto, física teórica de Rotman, para defender el papel de Eva en ese notable episodio bíblico. Advierto a los lectores que estas pensadoras se declaran feministas. Sobra decir que no las citaría si no fuesen de las serias.

Imagina que eres abogada y un día te busca Eva alegando que durante 5780 años (según el calendario hebreo) ha sido injustamente vilipendiada y retratada como débil, falsa, que miente y seduce para lograr sus objetivos y que por su culpa el género humano ha sido expulsado del paraíso. ¿Cómo la defenderías de estas acusaciones sin apartarte de la versión bíblica de los hechos? Es el problema que plantea Frank.

No podrías argumentar que la serpiente ha obligado a Eva a morder la manzana y tentar a Adán; o que la ha amenazado o chantajeado, o que ella no sabía realmente lo que estaba haciendo. Ningún juez serio aceptaría estos argumentos. ¿Y quién se atrevería a decir que Eva inicia a Adán en el placer del sexo y que el fin justifica el mordisco? 

Podrías también alegar insania (un clásico de la defensa), diciendo que solo a quien le falta un tornillo puede creer que le habla una serpiente. Este argumento tiene dos problemas. Primero, también es de chiflados oír la voz de Dios, y segundo, lo peor: pone a Eva en el papel de loca; tacha por la que las mujeres ya sufren demasiado. ¡Estás loca! y ¡No sabes lo que dices! son frases habituales del repertorio masculino.

Mucho mejor sería argumentar que Eva lo hizo por el bien de la humanidad, para poder acceder al árbol de la sabiduría de donde colgaba el fruto prohibido, ya que Adán, demasiado temeroso de la ira divina, no se animaba a hacerlo. 

Al ser expulsados del Edén, los humanos dejan ese ambiente protegido, para enfrentarse a los desafíos de la naturaleza, creando mitos, lenguajes, teorías, arte y artefactos para superar obstáculos, explicarse y comprender un mundo hostil y complejo, hasta llegar a ser lo que somos. 

De no haber sido por ese valiente paso de Eva, los seres humanos seguiríamos ignorantes e inútiles en un abundante y demasiado fácil paraíso protector, comiendo maná, sin haber probado el fruto de la sabiduría ni la satisfacción de habernos hecho dueños de nuestros errores, logros y destino. 

Similar reflexión hace Vidotto, quien argumenta que Eva es la primera científica de la humanidad, la que primero rompe con lo establecido para saber más; llevada, añadamos, por la estigmatizada curiosidad femenina, madre de toda ciencia.

En estas lecturas, Eva inaugura, ya en la primera encarnación, el papel de la mujer transgresora. No me cabe duda de que ella merece ser la patrona (¿o matrona?) del feminismo.

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

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