Pedro Portugal Mollinedo

El hombre fuerte del próximo gobierno

sábado, 14 de noviembre de 2020 · 00:09

Se designa como “hombre fuerte” a la “persona que ostenta el mayor poder y responsabilidad dentro de un grupo, empresa o partido político”. La existencia de un “hombre fuerte” es siempre mala señal. Significa que quien manda no es quien está designado para ello, y que asume esa función por incapacidad, debilidad o inoperancia del principal.

En Bolivia es banal el hombre fuerte en una administración. Arturo Murillo lo fue en el gobierno de Janine Añez. Se discute todavía quién lo fue en el de Evo Morales: Álvaro García Linera o Juan Ramón Quintana. Que haya un hombre fuerte es peyorativo para quien por mandato popular debería dirigir las tareas de un gobierno, pero en Bolivia frecuentemente tenemos como presidente a quien no puede presidir. Que una no se inmute cuando le dictan al oído las respuestas; o que otro, impávido y risueño confiese que “le mete no más” porque alguien se encargará de subsanar sus ineptitudes, es para los bolivianos algo común y resignado.

¿Habrá en el gobierno de Luis Arce un hombre fuerte? Algunos piensan que se prepara para ese feliz destino el ex presidente Evo Morales. Desde su exilio en Argentina y recientemente desde su nueva morada en el Chapare, Evo alumbra farolillos que lo iluminan como el verdadero artífice de la reciente victoria electoral de su partido y de ser quien dicta la orientación y composición del nuevo gobierno del MAS. 

Esa pose fue alentada en Argentina por su “hinchada porteña” y por el gobierno de ese país. Allí, siguen la histórica característica en ese país de idealizar ingenuamente los indígenas cuando proceden del país limítrofe, al tiempo que masacran a los que viven en su propio territorio. Sin embargo, el presidente de ese país parece satisfecho de librarse de un huésped incómodo y de trasponer a Bolivia el regalo envenenado de lidiar y coexistir con quien fue cabeza antes que él. La incomodidad que experimenta Alberto Fernández con Cristina Fernández de Kirchner la tendrá ahora Luis Arce con Evo Morales Ayma. 

En Bolivia Evo cuenta con el frenesí de su base cocalera: fuerza indudable, pero también hándicap político. A la población y otros sectores sociales no les complace saberse rehenes de un solo gremio, así fuerte sea, sobre todo cuando acarrea la reputación —infundada o no— de que su fortaleza se debería a su vinculación con el crimen organizado.

Otros piensan que el hombre fuerte será el actual vicepresidente David Choquehuanca. Que la quinta rueda del ejecutivo —la vicepresidencia— haya llegado a ser dispositivo prominente en un gobierno, es una proeza lograda en la anterior gestión por el realce de un Álvaro García Linera y las escaseces de un Evo Morales Ayma. Es excepción, no regla.

Por supuesto que David sorprendió a la opinión pública. Pero, ¿mostrar los dientes es lo mismo que saber morder? Choquehuanca desde antes expresó rivalidad y resentimiento hacia Morales Ayma y García Linera. Ello, aunado a las expresiones románticas y pachamámicas de las que el ex canciller es maestro y la clase media boliviana aficionada, lo ha convertido en paladín de quienes fueron derrotados en las anteriores elecciones.

El auditorio de David Choquehuanca no se reduce a la clase media abatida y revanchista. Sabe también articular a movimientos sociales y sectores indígenas. Le adjudican, incluso, haber convencido al irascible e impredecible Felipe Quispe Huanca, el Mallku, para que llame a votar por el MAS, lo cual no es mérito insignificante. 

El vicepresidente maniobra en ambientes disímiles y confrontados. ¿Capacidad de concertación y unidad? El discurso de Choquehuanca no es el mismo. En el dirigido a la clase media priman alegorías e imágenes románticas de complementariedad, que dan una imagen distorsionada del sector presunto origen de ese discurso. En el dirigido a sectores populares, hay promesas de empoderamiento en el aparato burocrático, funciones públicas y representación elector: que dan también una imagen distorsionada del mundo al cual los excluidos ansían ingresar.

¿Quizás, entonces, será el hombre fuerte del próximo gobierno un funcionario oscuro, ahora en la sombra y a la expectativa de saltar sobre la oportunidad del momento? Ojalá no se necesite más “hombres fuertes” en el ejercicio del poder político. Que cada quien ejerza para lo que fue elegido o designado.

 
Pedro Portugal Mollinedo es autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia y actual director del periódico digital Pukara.

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