Jimena Costa Benavides

La ch’ampa guerra

domingo, 15 de noviembre de 2020 · 00:10

Muchas veces, antes de la campaña 2019, y por cierto mucho antes de la pandemia, escuché decir que lo peor que le podía pasar a la oposición era ser gobierno. Crisis económica, déficit fiscal, tremenda deuda externa, disminución acelerada de las Reservas Internacionales, sociedad estadolatra y rentista, sector formal mínimo, cientos de miles al borde de retornar a la pobreza; sociedad con divisiones étnico culturales y regionales; inflación de expectativas frente a los cambios, desastres ambientales y una larga lista de otros asuntos no menos preocupantes, más la crisis sanitaria. Muy jodido.

Por las razones que fuere, la oposición no ganó y es el nuevo gobierno del MAS el que hoy enfrenta toda la lista de temas mencionados con un detallito adicional: la ch’ampa guerra interna.

Todos sabemos de las fricciones internas, pero creo que nadie se imaginó que eran de tal magnitud. No pasó ni una semana de la posesión y vimos enfrentamientos durísimos, exigencias, descontentos, “derechos adquiridos” sobre ministerios y -otra vez- la inflación de expectativas sobre la participación directa en la administración del Estado.  Desde la Revolución de 1952, apoyar a un gobierno pasa por tener cuotas de poder, es decir, cargos públicos como premio a quienes hicieron campaña y contribuyeron al triunfo electoral. El asalto al Estado botín. 

Pero la “distribución” no pasa sólo por pago en pegas a quienes apoyan, sino por la distribución de cuotas de poder entre las diversas facciones internas para lograr frágiles equilibrios. Uno pone al ministro, el otro a los viceministros y, al parecer, como el binomio ganador no puede hacerse responsable de haber dividido al partido, estoica y diplomáticamente aguantan al caudillo, que hace lo posible para dejar claro que él manda.

Primero se vio un binomio que no lograba engranar, no sólo por diferentes visiones del proceso, sino por diferentes cosmovisiones y luego viene el “Hermano Presidente” a competir. No Mesa, ni Camacho, ni Tuto, sino Evo, es el principal adversario del nuevo gobierno del MAS. Él quiere conducir el proceso y dejar a Arce a cargo de la estabilidad económica y a Choquehuanca a cargo de la Asamblea. ¿Lo dejarán? 

El que no haya llegado para la posesión de los ganadores de la elección ya es un mensaje. El inicio del gobierno de “su” binomio y no estuvo presente. Volvió al día siguiente, pero lo recibieron en su bastión cocalero cinco días después. El recibimiento no fue en Villazón, sino en el Trópico. El 55% no es suficiente para festejarse donde sea. El Presidente y el Vicepresidente “no pudieron” ir al recibimiento. Pero Arce sí pudo dar clase. Queda claro el orden de las prioridades. Qué buena noticia. 

Pero los asambleístas plurinacionales sí fueron. Es su bancada. Como lo fue la bancada saliente que modificó los reglamentos para generar una indisposición nacional contra el binomio ganador, justo antes de la posesión.

Vienen nuevas listas y el caudillo está acostumbrado a hacerlas e imponerlas, incluso por encima de las decisiones de los cabildos y de las comunidades. Obviamente será por encima de “su” binomio. Mientras toma las decisiones políticas, el gobierno hará gestión, bien controlado por los cuadros clave  que se han introducido aquí, allá y acullá. 

Entre los múltiples problemas nacionales y la ch’ampa guerra interna, el nuevo gobierno la tiene muy complicada y las elecciones subnacionales serán una dura pulseta, sin mencionar que pronto irán a elegir nuevos mandos partidarios. Sigo esperando para saber quién va a gobernar.

 

Jimena Costa Benavides  es politóloga.
 

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