Jorge Patiño Sarcinelli

Se va el caimán

viernes, 20 de noviembre de 2020 · 00:10

Terminó la pesadilla: llegó a su fin la primera gestión de Donald Trump. Se va pataleando y tirando puertas, y todavía no se va. No hay en él la decencia de reconocer la derrota, como no pensó en las vidas que roba la pandemia, en el medio ambiente, en las tensiones raciales, ni en el daño a la democracia. 

Él ha logrado que la indignación misma se canse de tanto indignarse y que su país se acerque, cosa antes impensable, al autoritarismo. Que alguien como él haya logrado más votos en 2020 que en 2016 dice mucho de la vulnerabilidad de la democracia al populismo y del imaginario colectivo de su país. 

Nadie dijo que gracias a la democracia íbamos a tener santos, filósofos ni buenas personas como líderes, sino lo que el pueblo quiera elegir. Setenta millones de personas han votado por Trump, Bolsonaro ha sido elegido por mayoría, y el popular Evo quizá haya sido buen gobernante para muchos, pero pocos lo considerarían una persona generosa, austera, inteligente o magnánima. Ellos no brillan por sus virtudes, no creen en la democracia; la usan y el pueblo se deja.

Las sociedades están cada día más fragmentadas por sus visiones de la realidad, divorciadas la una de la otra. Los que votan por Trump ven en él una persona religiosa y patriótica que ha sido injustamente caricaturizada por la prensa liberal como un payaso mentiroso, y ven una realidad propia, con hechos y valores distintos. Ellos ven las realidades que les ofrecen sus medios y líderes de opinión. Lo mismo podemos decir, mutatis mutandis, de cualquier grupo en cualquier país, y del nuestro, claro.

Una de las consecuencias de la libertad de prensa, que no queremos ni debemos sacrificar, es que cada medio muestra una realidad distinta y cada ciudadano tiene el derecho de elegir la que prefiera. Esto se ha multiplicado y polarizado con las redes sociales y la proliferación de medios, causando una relativización de la verdad y una dramática fractura social. El fenómeno es parte integrante e inevitable de la democracia hoy.

La tolerancia se basa en el respeto a la opinión del otro sobre los mismos hechos, pero ahora la opinión de ese otro es sobre otra realidad. Llamábamos locos a los que vivían en su propia realidad; ahora un país entero puede percibir realidades incompatibles entre sí, que se alimentan, justifican y refuerzan diariamente, llevando a una esquizofrenia política más radical que la vieja polarización ideológica.

A estas consecuencias de la democracia, se suman fragilidades propias de cada país. Manipulando y abusando de las reglas de la propia democracia, líderes moralmente corruptos como Trump hacen con ellas trampa a la luz del día y logran violarla y desvirtuarla manteniendo una fachada democrática. 

La versión estadounidense de la democracia tiene junto a grandes fortalezas fallas graves en su sistema electoral y en la relación de poderes.  Trump ha puesto en evidencia la importancia de las reglas no escritas, como el respeto a los hechos, las formas y la verdad; aquellas que asumíamos que nadie se atrevería a romper por temor al castigo electoral, hasta que llegó él y probó que este supuesto era falso.

Ha terminado la presidencia de Trump, pero él no se ha ido para siempre. Se mantienen las debilidades que él ha expuesto y explorado, y no se han ido los que votan por cualquier payaso si es contra el aborto o a favor de las armas; no importa si miente, roba, es racista o misógino. Ellos seguirán votando por él, u otro igual, una y otra vez. El payaso es su héroe; el fantoche es el otro. 

Que la democracia más antigua y más rica del planeta esté siendo corrompida, muestra hasta que punto ella se basa en un equilibrio frágil que solo sobrevive si hay educación ciudadana y una misma cultura democrática compartida en todos los niveles de la sociedad. 

Las lecciones del periodo Trump deben servir de lección para todos los que creen en la democracia, en y fuera de EEUU; país que tiene mucho que revisar y corregir, y muchas heridas que curar. No será fácil y habrá mucho Trump en el camino.

 

Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

68
248

Otras Noticias