Lupe Andrade Salmón

Fin de año, ¿fin del mundo conocido?

miércoles, 25 de noviembre de 2020 · 00:11

A pocas semanas de que termine el fatídico año 2020, podemos mirar hacia atrás y comprobar que, usted estimado lector y yo,  sobrevivimos un año marcado por bosques incendiados, tormentas políticas y una pandemia mundial que se ha llevado más de un cuarto de millón de vidas.  Adicionalmente, este año nos ha demostrado que lo que creíamos saber, lo que creíamos conocer, y lo que creíamos querer ya no es lo que sabíamos, conocíamos o queríamos. 

 Todo cambió. Cambió aquí, en Estados Unidos, en Alemania, en Corea o en la China.  El sacudón ha desquiciado a nuestro país,  afectando también al planeta íntegro desde Siberia hasta la Tierra del Fuego, tensionando o forzando el descarte de ideas, planes, estructuras, familias, proyectos, amores y políticas de todo tinte.  

Nada es igual.  Todo ha cambiado o por lo menos se ha retorcido, tomando nuevos contornos.  Cada decisión es diferente, desde qué cosa cenar o cómo invitar a los amigos para una noche de cartas.  Nada puede tomarse a la ligera, y menos el hecho de que el Covid nos agarró en medio de un mar revuelto de tormentas políticas, de tensiones MAS contra MAS; con un Presidente que busca gobernar enfrentado por su propio partido político, claramente dividido como con machete en dos bandos: los que se agarran del pasado y quienes quieren que el gobierno de Arce Catacora sea real y efectivo. 

Ese estilo confuso no se ha instalado solamente en Bolivia: es general.  El inefable Trump se niega a perder aunque ha perdido, y Fernández de Argentina dice “el tiempo del fin (del patriarcado...) ha empezado” no se refiere a su propia gestión.   Perú, no digamos nada, y Venezuela en manos de un hombre que habla con pajaritos. 

 Aquí, escuchamos ecos de la misma locura cuando se reúne el Gabinete del flamante presidente Arce en La Paz y en el Chapare se reúne el Gabinete de Evo (con fotos y todo), como si no hubiésemos votado en elecciones incontestables por un nuevo régimen. Se reúnen, dicen, para apoyar y “dirigir” al novato mandatario, por si acaso Arce Catacora no tuviera idea de cómo encaminar su gestión presidencial.  En Estados Unidos un presidente perdedor se niega a abandonar la presidencia, y aquí un exgabinete se niega a dejar sus funciones. 

No, no y no.  Me resisto.  No podemos ni debemos caer en la trampa del continuismo disfrazado.  No podemos actuar como si tuviéramos aquí a Duterte, de las Filipinas, o a Boris Johnson de Inglaterra, ni al eternamente furibundo Pato Donald de Estados Unidos,  llamando victoria a sus derrotas.  No necesitamos un Presidente golfista, ni un movimiento casi golpista que quiere instalarse encima del Palacio de Gobierno como jinete sobre camello de doble joroba. 

Si creemos en la democracia, si hemos votado con la convicción de que la mayoría debe mandar, no podemos volcar la carreta y pretender seguir en lo mismo, porque si bien Evo tuvo el “derecho humano” a ser presidente y re-presidente y re-re-presidente, Luis Arce Catacora también tiene el derecho legal y humanísimo de ejercer la presidencia de su propia gestión.   

Le deseo lo mejor.  Creo que tiene experiencia y buenas ideas para su gobierno, pero debe gobernar.  Los “co-gobiernos” solamente funcionan en la Unión Soviética, donde todos sabemos que Putin manda y los demás se cuadran.  Aquí, tenemos la obligación legal y moral de apoyar al proceso democrático y no intentar armar un gobierno como torta de cumpleaños: capa sobre capa, con relleno espeso y exes por doquier. 

Han pasado 35 días desde la elección.  El Presidente Arce se enfrenta a una crisis económica, una crisis escolar, al peligro del rebrote amenazante del Covid, y al aún más peligroso virus de la lucha por el poder y sus beneficios.  Nosotros, ciudadanos de a pie, nos encontramos nuevamente en un país en crisis, pero dentro de un marco de incertidumbre global que pone todas nuestras estructuras económicas y sociales en peligro.  

No ofrezco soluciones.  Necesitamos paz, disciplina y trabajo: palabras casi aburridas, tan abusadas en discursos y tan olvidadas en el diario vivir.  ¿Cómo lograrlo? No tengo idea.  Lo que sí tengo es la certeza de que si no le ponemos el hombro al país hoy, el futuro será  más incierto.  El nuevo gobierno necesita de algo más que votos: trabajo real y disciplina fiscal.  Fácil decirlo y escribirlo.  Difícil lograrlo, lo sé.  Lo sabemos todos.

  

Lupe Andrade Salmón es periodista.
 

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