Javier Torres-Goitia T.

La pandemia y la salud pública

sábado, 19 de diciembre de 2020 · 00:10

Hace más de medio siglo, en 1958, al celebrar el décimo aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Marcolino Gomes Candau, salubrista brasilero, director, en ese entonces de esta importante organización, hacía notar una verdad innegable. Decía así: Las disciplinas de la medicina preventiva y la salubridad se han desarrollado enormemente en los últimos cien años y más todavía en los que van de este siglo. Sin embargo, están en su infancia en comparación con la medicina curativa, cuyas raíces y tradiciones se extienden a lo largo de milenios”

            Desde entonces, lejos de disminuir, la diferencia se ha incrementado. La clínica médica es capaz ahora de trasplantar órganos, sustituir tejidos y curar enfermedades que parecían incurables. Los medios de diagnóstico han progresado a niveles increíbles La imagenología actual es capaz de mostrar detalles tan precisos que superan a lo que se podría obtener por visión directa del órgano observado. La medicina molecular, el empleo de rayos laser en cirugía son avances no imaginados antes, mientras, la salud pública a nivel mundial, frente a la pandemia del Corona virus, tuvo que apelar a la “cuarentena” que era el único recurso del que disponían nuestros ancestros cientos de años atrás.

            La cuarentena, en su versión legítima, la que obligó a los barcos a permanecer 40 días en el mar sin arribar al puerto mientras no se comprobara en ese tiempo que no había personas infectadas fue desarrollada en la edad media para frenar la propagación del cólera y otras enfermedades trasmisibles.

            Las medidas de contención variaron desde la expulsión de los enfermos fuera de los muros de la ciudad, al campo, donde podían curarse o morir, a otras menos crueles como prohibir el ingreso a la ciudad a quien llegaba de lugares inseguros.

 Parece que la primera ciudad donde  se aplicó una forma de cuarentena fue Ragusa una colonia veneciana que ahora pertenece a Croacia. La medida de contención fue aplicada para combatir la peste negra que devastó Europa, matando unos 20 a 50 millones de personas, entre los años 1347 y 1352. Otros cálculos señalan que se perdió el 60% de la población.  Los gobernantes decidieron obligar a los viajeros a mantener 30 días de aislamiento, en islas deshabitadas, bajo severas medidas de vigilancia, antes de permitir que ingresen a la ciudad.

No es nuestro propósito criticar la cuarentena como tal, sino el hecho de que cientos de años después de haber sido empleada para proteger los puertos de contagios se la tenga que seguir utilizando a falta de otras medidas más eficaces y menos traumáticas.

Además y como problema específicamente propio de nuestro país, se añade que con irresponsabilidad lindante con la barbarie un sector político haya utilizado la resistencia a la cuarentena como medio de lucha para su promoción partidaria sin importarle el incremento de contagios y muertes provocadas, bloqueando incluso la provisión de medicamentos y Oxígeno, destinados al auxilio a los moribundos. 

Por otra parte llama la atención la ninguna iniciativa de las autoridades para lograr la participación consciente y voluntaria de la población a favor de su propia salud. Las medidas de contención, en todas partes se han manejado como estrategia militar, pero  entre nosotros, donde la participación popular ha dado tan excelentes resultados desde la recuperación de la democracia, donde además hubo una ley de participación popular que significó toda una revolución en beneficio de los municipios particularmente rurales, el no tomar en cuenta estos antecedentes propiamente nuestros, resulta simplemente una aberración que no tiene justificativo ni en el marco del más exagerada sectarismo.

Hace decenas de años que se habla y se escribe sobre medicina social, participación comunitaria, atención primaria de salud, humanización de la medicina. Los últimos años se ha puesto de moda centrar la atención en los determinantes sociales de la salud y  la equidad. Pero como si todo fuera un juego de palabras, las frases alusivas se repiten, se publican y nada cambia. Los países de menor desarrollo estamos obligados a ser creativos a innovar, no a copiar. Mientras no caminemos con nuestros propios pies, pisando nuestra propia tierra, tendremos que soportar una segunda ola de la pandemia sin superar la apatía, la indolencia y la ineficacia.

Javier Torres-Goitia T. fue Ministro de Salud de Bolivia.

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