Pedro Portugal Mollinedo

La necesaria modernidad

miércoles, 2 de diciembre de 2020 · 00:10

Henry Ford señalaba: “El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia”. La clave del éxito del conocido industrial no lo es, al parecer, la de connotados políticos bolivianos.

Después de la abrumadora derrota de la oposición en las elecciones de octubre 2020, hubiese sido conveniente para los políticos derrotados asimilar las lecciones de la paliza sufrida. No parece suceder nada parecido. Y es posible que el fracaso en las elecciones nacionales se reproduzca en las subnacionales del 2021. 

El MAS cosechó una victoria que ni él mismo la esperaba, al menos con la contundencia que se produjo. Esos resultados contrarían la lógica política en Bolivia. Nuestra historia nos enseña que, al fracasar en cambiar las estructuras coloniales los gobiernos así malogrados son desposeídos del poder en medio de la indolencia e indiferencia de la población que era su cliente.

El caso más notable e ilustrativo es lo sucedido en 1964. No hubo partido político en Bolivia que intentara, a partir de la Revolución Nacional de 1952, cambios estructurales con mayor resonancia que el MNR. 12 años después, sumido en crisis interna, con sus bases de apoyo beneficiadas en desbande y a la espera de un nuevo señor, fue víctima  de un golpe de Estado cuyo artífice fue René Barrientos, el vicepresidente del así desposeído Víctor Paz Estenssoro. A partir de entonces, el MNR nunca volvió a ser el mismo partido de masas, hegemónico y todo poderoso. 

Barrientos inauguró un nuevo ciclo. Lo hizo porque proponía la restauración, no de la rosca desposeída por el MNR, sino de los valores y metas de la Revolución Nacional. René Barrientos era, además, popular en origen y comportamiento. 

En el caso del MAS la contrariedad —que no se malinterprete este término— es que no hubo ningún golpe de Estado. Hubo una confusa sucesión en el poder que concluyó en un gobierno impávido, descompuesto y corrupto, enfermo de racismo y de menosprecio a lo popular (recordemos la declaración del ministro Murillo tildando de ignorantes, en plena pandemia de Covid-19, a quienes,  ante la ausencia de atención médica, utilizaban la wira wira como remedio para ese mal).

Esa conducta gubernamental sólo reflejaba la propensión de la oposición que se estableció frente al MAS. Fue causa de su fracaso una vez en el poder, razón de su derrota en las elecciones del 2020 y puede ser el motivo de un nuevo revés en las subnacionales del 2021.

Lo sardónico del asunto es que la oposición, cuando quiere jugar a ser popular, es más hiriente que cuando zarandea directamente al pueblo.

En reciente declaración pública el líder de Comunidad Ciudadana, Carlos Mesa, plantea “la creación de una partida específica presupuestaria para la infraestructura y funcionamiento de la jurisdicción indígena originario campesina, que será administrada y ejecutada por sus propias autoridades”.

Ingenuamente, creen ganar así el apoyo indígena. El apoyo rural y popular al MAS obedece a que en esa gestión el indígena pudo acceder a las formas tan ansiadas de la modernidad. Basta dar una ojeada, por ejemplo, a la arquitectura de las innumerables escuelas, coliseos, sedes sociales que la gestión del MAS edificó en el  medio rural. La modernidad es un ansia indígena. Es lo que impidió la situación colonial. El MAS lo enfrentó de manera espuria y contradictoria, pues llenaba de obras modernizantes, mientras su discurso sobre lo indígena al exterior y a la clase media era pachamamista, ancestralista y esotérico.

Carlos Mesa y CC en el tema indígena asumen un discurso gastado e ineficiente, aunque atrayente para el público posmoderno y rendidor económicamente para quien lo manipula, pues es el sujeto favorito de ONG y de organismos internacionales. El indígena no quiere controlar ningún territorio autonómico, sino ingresar a la gestión pública nacional.

Respecto a la población indígena enfrentar la modernidad debe ser el empeño político. No una modernidad de fachada, urbanística y lúdica, sino estructural y de valores, que pueda expresarse después en la remoción estructural de las instituciones estatales y en la creación de una nueva identidad nacional.

 

Pedro Portugal Mollinedo es director del medio digital Pukara, autor de ensayos y estudios sobre los pueblos indígenas de Bolivia.
 

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