Evelyn Callapino Guarachi

Violencia de género, de la normativa a la realidad

miércoles, 2 de diciembre de 2020 · 00:12

En enero de esta gestión se declaró como Año de la Lucha Contra el Feminicidio e Infanticidio, tenemos las leyes 348 y 243 para garantizar a las mujeres una vida sin violencia. Estos son algunos resultados que se lograron gracias a manifestaciones feministas que fueron canales de exigencias para mejorar la realidad boliviana.

Si nos desplazamos de lo que dice las leyes y los discursos, y nos sumergimos al cotidiano de la realidad, no es algo que podemos celebrar, pues nos falta muchísimo. La violencia continúa, está arraigada a la cultura, a la limitada forma de percibir lo que está pasando en Bolivia y el mundo. 

Son 105 feminicidios a nivel nacional, todos con una crueldad terrible. Calcinadas, golpeadas, estranguladas, etcétera, son muestras de la máxima expresión de violencia contra nosotras. Cada año es una situación parecida, ello nos muestra la debilidad de las medidas que se van tomando a nivel estructural.

De forma paralela, es importante ver que en el cotidiano vivir, la situación de las mujeres es bastante complicada principalmente por la precariedad. La misma se hereda a las generaciones en las que se van normalizando los patrones de violencia que son negativos para nuestro desarrollo. 

En el Cerro Rico de Potosí existen mujeres que viven en condiciones precarias y constantemente sufren vulneraciones, entre las más visibles, las laborales. Son más de 150 guardas que cuidan las bocaminas y que ganan menos de 1.000 bolivianos al mes y están expuestas a muchas enfermedades producto de la contaminación ambiental. Es un círculo sin fin, dado que es una entrada que necesitan para mantener a sus familias, que normalmente son numerosas y con una cultura tradicionalmente machista. 

Por otro lado, las trabajadoras sexuales  constantemente viven en una situación de peligro.  Muchas de ellas son madres y trabajan de manera clandestina, viven amenazadas por sus exparejas, siendo juzgadas por su trabajo. Viven día a día con miedo de perder la custodia de sus hijos/as, o ser descubiertas;  no conforme con ello, también son criticadas por la sociedad y desvalorizadas como mujeres.

Asimismo, las calles están llenas de mujeres comerciantes informales, cada una con una historia detrás. Usualmente cada día al salir a vender dejan a sus hijas adolescentes al cuidado de sus hermanos y hermanas menores. En su mayoría viven en círculos donde se ha normalizado la violencia y el abandono del lado paternal. 

Mujeres políticas, que sufren opresiones por sus compañeros de partido, son obligadas a renunciar. Sus opiniones son desvalorizadas al igual que sus pensamientos y es por lo que normalmente son menos mujeres dentro de las directivas de alta jerarquía. 

Estos son algunos de muchos escenarios donde se puede percibir la ausencia de la ley y el desenfoque del discurso de la clase política y la normalización ante estos hechos por parte de la sociedad. 

Las leyes no cambian el pensamiento ni la conciencia social. La violencia es una muestra de la dejadez del Estado, de indiferencia de la población, es el resultado de la falta de desarrollo.

Con Mujer de Plata, una organización potosina que lucha en pro de los derechos de las mujeres, juventudes y sectores vulnerables, con el trabajo que se realiza en diferentes sectores, conocemos historias de muchas mujeres que nos muestran la falta de medidas de prevención. La realidad rebasa las intenciones que tienen las leyes y las medidas que se quedan solo en propuestas por parte del Estado. 

Es menester que como seres humanos dejemos la indiferencia, precisamos ser más perceptivos con lo que pasa alrededor de nosotros. Somos una sociedad con bases patriarcales y mientras no deconstruyamos estos cimientos, estaremos lejos de un verdadero cambio.

Hace una semana mujeres en toda Bolivia y el mundo, como cada año, nos movilizamos en contra de la violencia hacia las mujeres, las exigencias son las mismas desde hace años. Aun así es necesario seguir insistiendo y no claudicar para que en un mediano plazo se celebren resultados y avances.

 
Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y coordinadora de Mujer de Plata.

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