Sonia Montaño Virreira

La lista

domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:10

El ministro de Justicia, Iván Lima, aseguró el miércoles que el “aparato de persecución” del gobierno transitorio de Jeanine Añez en contra de afines al Movimiento Al Socialismo (MAS) fue desactivado y que ahora se busca una justicia independiente. Junto a esta declaración cada vez menos creíble, aparece la lista. ¿Quiénes son? ¿Dónde están?

Las listas -como dice Umberto Eco- están en el origen de la cultura y nos ayudan a entender lo incomprensible, ordenan la vida, y las hay de todo tipo.

Todos conocemos alguna lista banal o trascendental, según quien las haga o lo que contengan. La lista de Schindler, por ejemplo,  fue la  de un empresario que salvó a miles de morir en el Holocausto, una lista heroica. Están  las listas aún secretas  de quienes debían andar con el testamento bajo el brazo durante las dictaduras, las listas de los narcos más buscados; en fin, listas que pueden ser muestra de heroísmo, persecución y, como la que encontró Silva, fuente de megalomanía. Nada mejor para el pedigree que estar en esa lista en estos tiempos. Son la evidencia de haber estado del lado de los ganadores.

En Bolivia hay déficit de catálogos, archivos y otras preciosuras que den cuenta de la creatividad y del conocimiento, aunque  abundan listas  de existencia efímera, como la que filtró  el ministro. Son listas  obsoletas “para construir el enemigo” o hacerle sana-sana al amigo o a la amiga.

En Bolivia, donde los golpes y los gobiernos autoritarios son mayoría, no son pocas las personas, muchas de ellas aún vivas,  que figuraban en listas negras de los gobiernos: falangistas durante los gobiernos del MNR; estudiantes, izquierdistas, sindicalistas y defensores de los derechos humanos, ciudadanos en general,  durante las dictaduras militares; periodistas siempre, a tal  punto que con el humor negro que nos caracteriza, siempre hubo una lista de los que  injustamente no estaban en la lista.

Se ha vuelto costumbre hacer circular la lista de víctimas cuando el peligro real o imaginario ha pasado, pero se  olvida las largas listas de perseguidos, investigados,  difamados y asesinados que han dejado sus huesos en la lucha por la democracia y que no merecen ni merecieron la mínima consideración de algunos que hoy aparecen como víctimas, tratando de ganar indulgencias ante el nuevo gobierno para recuperar espacios y enfrentar la crítica de haberse quedado o de haber fugado, según el bando en que se encuentren. 

En la lista figuran desmemoriados y desmemoriadas  que no reclamaron por la justicia ni la verdad durante los catorce años del masismo y que podrían haber abierto la boca como lo hacen ahora. Hay algunos dilemas divertidos: ¿me pongo en la lista de fugados o en la de perseguidos? se preguntará un aspirante a alcalde; borrosa frontera que impide tener criterios claros en esta democracia posmoderna en las que hay gente con suerte para sacar o poner su nombre en la lista porque en eso no se le va la vida. Como dijo una amiga, ahora el ministro tiene que desmantelar las listas del MAS y tal vez así podrá ingresar en la lista de creíbles. Estaremos listas para ese momento.

Sonia Montaño Virreira es socióloga.
 

 

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