Evelyn Callapino Guarachi

Donde la Navidad llega cansada

miércoles, 30 de diciembre de 2020 · 00:12

En diciembre las luces navideñas cubren el centro de Potosí, árboles con muchos adornos y el pesebre tradicional acompañan a muchas familias. En las calles suenan los villancicos y la gente usualmente busca regalos para compartir en casa. Así se va pintando la Navidad en Potosí, acompañada sobre todo de mucho comercio informal.

Hace unos días decidí ir a visitar a una amiga guarda, y a medida que me alejaba del centro, las luces y los villancicos se iban apagando, mientras me acercaba a una realidad diferente.

Esta realidad está ligada al Cerro Rico de Potosí, que posee una carga histórica con un costo social y ambiental muy elevado como  consecuencia de su explotación. Ahí viven más de 150 guardas (mujeres que cuidan las bocaminas), acompañadas de sus familias, con un promedio de cuatro hijos.

Es allí donde la Navidad llega cansada, pues estas fiestas de fin de año definitivamente marcan aún más la sensación de carencia. El sueldo que con suerte llega a los 1.000  bolivianos no les alcanza para lujos, apenas para comer.

Según el testimonio de Lucía, quien trabaja como guarda aproximadamente 20 años, las cosas no han cambiado mucho, sólo hay más presencia de Organizaciones No Gubernamentales con algunas actividades.

Lucía tiene dos hijas y cuatro hijos. Ella deseaba que pudieran acceder a una educación. Sus dos hijas ya tienen familia y viven una vida similar;  una de ellas es guarda, otra llampera (busca minerales en los desmontes), dos de sus hijos trabajan al interior mina y los dos menores aún están en la escuela. Ella quedó a la cabeza de su familia sin la ayuda del padre de familia y trabaja cuidando una bocamina para poder solventar sus necesidades. 

Bajo su experiencia, cuando sus hijos eran niños, evitaba sacarlos porque se antojaban todo y ella sentía frustración al no poder darles lo que deseaban. Algunas veces apenas le alcanzaba para comprarles un juguete de dos “pesitos”, como dice ella. Otros años no tenían ni para comer, por lo que pasaba Navidad y Año Nuevo llorando de impotencia.

En el Cerro Rico no se arman árboles ni pesebres, pues las habitaciones son pequeñas de apenas tres por cuatro metros. Los niños no escriben cartas con deseos porque seguro no tendrían respuesta alguna. 

Es evidente que las luces de la Navidad se encienden más en los lugares de privilegio, los regalos sólo llegan a algunos hogares. Los árboles y pesebres son armados en salas más espaciosas y la comida abundante y caliente se comparte sólo en algunas familias. 

Los deseos de cada Año Nuevo para estas familias son  poder salir de tanta precariedad,  tener agua potable, alcantarillado, un mejor trabajo; es tener una vida digna. 

Este testimonio es uno de muchísimos, es una muestra pronunciada de las brechas de desigualdad que son evidentes en Bolivia; es resultado del trabajo ineficiente de las autoridades y el mal funcionamiento de las entidades públicas. Así,  cada año hay muchas familias que entran en aprietos por la calidad de vida que tienen. 

La pobreza en estas áreas está relacionada con la explotación minera y las injusticias solapadas por el orden público y las cooperativas. Es un círculo que arrastra a un sector migrante, que traspasa generación tras generación, es decir, que hijos e hijas de las mismas guardas repiten el trabajo minero. 

Lo paradójico es que un cerro con tanta riqueza en las entrañas, con una antigüedad de alrededor de 500 años, abarque tanta miseria en sí mismo, acompañado por una constante vulneración de derechos. Y no conforme con ello, el Cerro Rico es un Patrimonio Cultural que identifica y enorgullece a la potosinidad;  pero detrás de lo majestuoso esconde una vida de miseria y explotación.  

Ahora que nos encontramos en época electoral, las propuestas sobre este sector aún son escasas. Algunos candidatos o incluso cooperativas llevan algunos juguetes o comparten una chocolatada para tapar un poco la culpa que les pesa; el resto del año tan sólo son parte de esta realidad.

 
Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

13
73

Otras Noticias