Jorge Patiño Sarcinelli

Maradona 3 x Evo 1

viernes, 4 de diciembre de 2020 · 00:11

Ha dejado este mundo cruel y caótico lo que en vida quedaba del gran Maradona. 

La prensa se ha tirado a sus pies y los aficionados del balompié en todo el mundo le rinden homenaje. Junto con los profusos titulares, las fotos de los momentos estelares y las estadísticas de sus logros, no han faltado las lágrimas masculinas. Es uno de esos raros momentos en que los machos se permiten mostrarlas y hacen más bien gala de su dolor.

El toque macabro lo dio el sepulturero que sacó una foto post mortem con el astro y por poco lo sigue al otro mundo. Quizá a Maradona le hubiese divertido la payasada; todo sea por el amor de la hinchada. Peor lo tiene el médico acusado de deicidio culposo.

El Diego Maradona al que un ataque al corazón ha quitado la vida ya no era más que la sombra adiposa del que un día fue artista del gol, mago de la gambeta, alegría de la hinchada, orgullo de su país, mejor jugador de todos los tiempos, etc. ¿Cómo pudo tropezar en sus propios pies ese genio de la pelota? 

Sobre el calificativo de mejor de todos los tiempos, es inútil cuestionarlo sobre dolores al negro vivo, pero difieren las opiniones si lo merece él o el gran Pelé. Cito para futura referencia: en 588 partidos Maradona marcó 312 goles, mientras que en 1.351 Pelé marcó 1.283; es decir la ratio golera de Pelé es un impresionante 0,94 goles por partido, mientras que la de Maradona es de 0,53. Claro que en este indicador no entra la estética, sobre la que los admiradores de uno y otro discutirán sin veredicto mientras dure la memoria futbolera. 

El hombre que nació pobre y ganó millonadas gracias a su habilidad con los pies no tuvo la cabeza para gestionar su opulencia. En los últimos años ya no eran noticia sus hermosos goles, sino sus lujos disparatados, su vida disipada, su adicción a las drogas, sus escándalos de violencia doméstica y sus pleitos por los hijos que no quiso reconocer, ni siquiera después de haber perdido los juicios que le hicieron las madres respectivas. Esta hombría no tuvo.

Una vez pasado a mejor vida, todo se perdona, todo se olvida. Su machismo y sus caprichos, su frivolidad histriónica y su gusto por las drogas ceden a los inolvidables recuerdos de sus goles y gambetas magistrales. 

Como jugador frustrado, Evo es también admirador de Maradona y dijo de él que era “una persona que sentía y luchaba por los humildes”. Tanto luchaba que destinó una pisca de su fortuna para enviar mil kilos de víveres al barrio donde nació. “Yo no me olvido de Fiorito”, dijo en las redes sociales, como si esa pisca fuese gran cosa. Quizá Evo se refería a los humildes cocaleros que se benefician por el consumo.

Maradona anticipó en vida la gentileza post mortem del Evo, “calificando los sucesos registrados en Bolivia como golpe de Estado y expresando su respaldo al ex mandatario”. Alegrías eran para el entonces exiliado.

La comparación de Pelé con Maradona nos hace pensar en la calidad humana y cordura de uno y el desvarío existencial del otro. Habiendo ambos salido de la pobreza y llegado a la cúspide de la fama futbolera, uno mantuvo la dignidad en la fortuna y el otro se enredó en la decadencia. 

Por otro lado, la comparación de Maradona con Evo muestra las dualidades persona contra figura pública, ser humano contra símbolo, avatares mundanos contra trascendencia histórica, opinión sobre los vivos contra juicio a los muertos. Entierren el cuerpo, el mito vivirá.

Los que ayer compadecían al decadente Maradona hoy lo celebran obviando sus fallas. Quizá suceda lo mismo cuando el Evo pase a la inmortalidad, y lo que hoy se le achaca, de la corrupción al estupro, se borre de la figura histórica. La prensa y la masa siempre perdonan a los que se van, y cuanto mayor la sombra mayor la miopía.

Si hay justicia histórica, quizá a mitad de este siglo, cuando se haya asentado el polvo volátil de las emociones, la versión aceptada diga que el primer Papa latinoamericano fue argentino, el mejor jugador brasileño, y el mayor líder cocalero de todos los tiempos boliviano.

 
Jorge Patiño Sarcinelli es matemático y escritor.
 

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