Sonia Montaño Virreira

Triple empate contra la salud y los derechos de las mujeres

domingo, 6 de diciembre de 2020 · 00:10

El jefe de Bancada de Creemos, a nombre de su partido, ha acusado a Nadia Cruz, Defensora del Pueblo, de pretender despenalizar el aborto. La funcionaria interina  ha respondido al derechista diputado  Bazán  haciendo referencia a toda la normativa internacional, incluidas las observaciones de los organismos de derechos humanos. También ha señalado la Sentencia Constitucional 206/2014 que tiene colgado de una hilacha el cumplimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Y es que la norma no sólo se sigue moviendo en la esfera del derecho penal, sino que forma parte de las innumerables leyes ignoradas e incumplidas. Ojalá la Defensora quisiera despenalizar, no es el caso.

Aquí se juntan tres hechos que deben diferenciarse claramente. En primer lugar, estamos ante un problema social que es de derechos y salud pública; en segundo lugar un hecho político, como es  la creciente influencia del fundamentalismo religioso en la política y, en tercer, lugar la crisis institucional de la Defensoría del Pueblo encarnada en Cruz.

En Bolivia el aborto (13%) representa la tercera causa por la que mueren las mujeres. Encabeza la lista de muertes prevenibles; afecta a todas las mujeres y especialmente a jóvenes y adolescentes, sin que se les frunza nada a los “provida”, como Bazán que quieren  hacer política, de la mala, a costa de la  vida de las mujeres. Van tan lejos que prefieren que una madre adolescente arriesgue su vida entera  dando a luz el fruto de violación o incesto sólo para ganar indulgencias ante sus patrocinadores.

 Porque seamos claros, Bazán y su comparsa no recibieron mandato divino para imponer sus creencias en un Estado laico; están en la política para desmontar lo poco que queda de ese derecho y por medio de ello poner un freno a los avances de las mujeres en el control de sus propias vidas.

Esta incursión en la político data de  mucho tiempo. Ya durante el gobierno de Morales, inclusive en la Asamblea Constituyente hubo grupos antiderechos que pelearon tenazmente para defender la vida del embrión y las “buenas costumbres”;  vale decir, el matrimonio entre un hombre y una mujer, claro está, para presumir de unos valores que no los cumplía ni su jefe, padre de no sé cuántos hijos. 

El avance del fundamentalismo es una de las mayores amenazas globales para la democracia y los derechos humanos, y aunque hoy parezca que la Defensora está del lado de los derechos, no podemos olvidar que ella forma parte de un largo proceso que destruyó todas las instituciones, incluida la Defensoría del Pueblo, que apoyó la cantaleta del golpe de Estado para justificar la fuga de Morales y recorrer por organismos de derechos humanos expandiendo información sesgada sobre lo ocurrido en octubre de 2019.

Nadia Cruz no le hace bien a nadie: ni al movimiento de mujeres que lucha por la vida real y quiere que dejemos de criminalizar a las mujeres, tampoco le hace bien a la institucionalidad porque habla en nombre de una institución desprestigiada por ella. Tampoco le sirva a los derechos humanos, porque no es coherente con la defensa de quienes son víctimas de atropellos por parte de militantes de su partido.

 Sonia Montaño Virreira es socióloga.

 

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