Renata Hofmann

Coronavirus y culturas andinas

viernes, 22 de mayo de 2020 · 00:08

En el mundo entero está creciendo la resistencia en contra de las medidas que se adoptaron para reducir la propagación del coronavirus. En algunos países, como en España, es la ultra derecha la que intenta capitalizar la situación, presentándose con total desfachatez,como defensora de las libertades ciudadanas. En otros países europeos, se ha iniciado un retorno paulatino a la normalidad, asignando a los propios ciudadanos la responsabilidad principal de preservar los logros alcanzados en la lucha contra el coronavirus. El debate de “vida o economía” perdió su virulencia, aunque se mantiene la discusión sana sobre los cambios necesarios para salir de la pandemia actual y estar mejor preparados para cualquier futura emergencia.

Este tipo de debate también se da en Bolivia, pero se complica con una serie de conflictos que vienen arrastrados históricamente y que en los últimos años se agravaron. Que en este contexto una gran parte de la población haya aceptado la cuarentena rígida, se puede reconocer como un logro importante del actual gobierno. La expansión moderada del coronavirus y la cantidad de víctimas mortales en comparación con otros países, de la región como de otros continentes, es una prueba de la seriedad con la que se dio cumplimiento a estas restricciones.

El consenso inicial, sin embargo, está en claro declive. No hay diálogo entre Estado y sociedad sobre las estrategias previstas para ir reduciendo las restricciones. A ello se suma la pérdida de confianza en los sistemas de salud, nacional tanto como departamentales, donde persiste la desorganización en lugar de aprovechar el tiempo para prepararse para una demanda creciente de pacientes con Covid-19. Los negociados con material de bioseguridad, la falta de aprovisionamiento de los centros hospitalarios y de protección del personal de salud, todos ellos son factores que contribuyen día tras día al descontento ciudadano.

La fase preelectoral complica más aún a este panorama tan preocupante. La polarización política va incrementándose nuevamente y se enmaraña cada vez más con el tema del coronavirus. Las imágenes de agresiones contra personal de salud y de seguridad, los bloqueos de carreteras, el abierto desacato a la cuarentena son pruebas fehacientes del crecimiento de los conflictos. Para unos, estos conflictos son causados por el propio gobierno, desde el momento que la presidenta interina se hizo candidata de las próximas elecciones. Para otros, es parte de la estrategia del MAS que busca el caos para desacreditar a la candidata Añez y reforzar su propia presencia. Otra de las explicaciones se encuentra en el hecho que la gran mayoría de la población necesita salir de su casa para buscar el pan de cada día para la familia.

Es evidente que en este contexto no se garantiza una salida paulatina de la cuarentena ni elecciones nacionales capaces de pacificar al país. Más bien se avizora el peligro de que los sacrificios hechos con esta cuarentena tan larga y dura se vuelvan inútiles, que en lugar de una estrategia coherente se imponga un desbande general que lleve a estallar la pandemia en Bolivia. Y al mismo tiempo, se incrementa el peligro que las próximas elecciones lleven a más conflictos.

En un panorama tan sombrío se impone pensar en nuevos puntos de vista y estrategias. Aunque parezca difícil que la Presidente acepte la propuesta, sería una contribución esencial que ella abandone su candidatura, ya que le devolvería credibilidad para enfrentar el coronavirus y llevar el país a elecciones limpias.

Por el otro lado, hay que cuestionar y modificar la actitud de identificar cualquier resistencia contra las medidas anti-coronavirus como estrategia electoral del MAS. Incluso asumiendo que los dirigentes de este partido estén empeñados en esta estrategia nefasta, es necesario preguntarse por qué es aceptada por tantas comunidades y movimientos sociales afines al MAS.

Una respuesta posible está en el hecho de que  para una parte importante de la población más tradicional, salud y enfermedad obedecen a factores muy distintos de los que define la medicina científica u occidental. No son los virus y las bacterias las que crean enfermedades, sino múltiples causas posibles que pueden obedecer a causas naturales, sociales o sobrenaturales. Las diferencias entre la medicina tradicional y la occidental no sólo están en la definición de las causas de la enfermedad (en la etiología) sino también en su tratamiento. Mientras que la medicina moderna recurre a medicamentos específicos, operaciones, etcétera, ningún yatiri podría atender un enfermo sin recurrir a una serie de rituales y conocimientos tradicionales de plantas medicinales para restablecer el equilibrio entre el individuo, la comunidad y el mundo sobrenatural.

No se trata de iniciar un debate antropológico o volver a echar mano a discursos “pachamamistas”. Es cuestión de entender que sobre todo los grupos sociales más tradicionales y enraizados en el mundo andino no creen en “el distanciamiento social” o la necesidad de usar barbijo para protegerse de un virus. Además del perjuicio que implica para salir de la casa para buscar su pan de cada día, es una estrategia incomprendida y mucho más aún, cuando las supuestas consecuencias ni siquiera son visibles en una primera fase de la enfermedad.

Reflexionar sobre estas diferencias culturales, en lugar de repetir una y otra vez que la resistencia se debe a la influencia maligna del MAS, es ineludible. Ya está visto que el uso de la fuerza y el pedido de “mano dura” de una parte de la población, no ayudará a resolver los problemas que vivimos. Más bien se necesita un diálogo con y entre los distintos grupos sociales y el gobierno para hallar consensos que permitan enfrentar de mejor manera estos tiempos difíciles de Coronavirus y de elecciones nacionales. Y seamos honestos, si el gobierno actual encuentra coherente que se realicen bendiciones desde un helicóptero como parte de la lucha contra el coronavirus, tampoco puede ser tan difícil encontrar rituales que ayuden a una mejor comprensión de la problemática actual del virus en el mundo andino.

Renata Hofmann es socióloga.

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