Gregorio Lanza

¿Podrá la Presidenta mantener su candidatura?

sábado, 6 de junio de 2020 · 00:09

Jeanine Añez no buscó la Presidencia, laa Presidencia la buscó a ella. Cuando quedó posesionada, amplios sectores del país sintieron alivio. 13 años de gobierno, un referéndum burlado y un grotesco fraude electoral  fueron suficientes. Se frenó la escalada impulsada por Evo Morales que buscaba resolver las diferencias en las calles y carreteras con la movilización, el bloqueo, los explosivos y el manejo selecto de armas; es decir escogió el campo militar.  Por ello los muertos de Sacaba y los de Senkata innecesarios son su responsabilidad. 

La estrategia de pacificación conducida por Jerjes Justiniano se apoyó en dividir al enemigo. Aprovechó  los descontentos/marginados, como era el caso de la Presidenta del Senado; de los corruptos y también de los dirigentes de base, como de varios distritos de El Alto que sentían que ya era demasiado, que ellos ponían los muertos en beneficio de Morales. 

La salida de Justiniano generó un bache inesperado. (Además de los primeros hechos de corrupción como ENTEL, protagonizados por funcionarios de la corriente del exministro.), Añez, con un equipo improvisado, tenía poco margen para asumir la gestión en un escenario complejo. A pesar de ello, la Presidenta  enfrentó las acciones desestabilizadoras del MAS, lo que la fortalecieron. En ese contexto, lanzó su candidatura a la Presidencia, con lo que debilitó su mandato y le quitó legitimidad. 

Para colmo aparece el coronavirus. 

El gobierno vendió una imagen de eficiencia ficticia, a pesar de la precariedad del sistema de salud heredado de la gestión de Morales.  No se sinceraron, prometieron demasiado y no fueron transparentes. Los números de contagios y muertes por el Covid 19 son bajos frente a las estadísticas de países vecinos. Pero, más allá de la ineficiencia en la  gestión o los esfuerzos del algunos ministros, especialmente en occidente,  hay un factor que tiene que ver con el bajo número de contagios y es la altura. En diferentes lugares del planeta, los centros poblados  que están por encima de los 3.000 metros de altura tuvieron un impacto limitado, especialmente por los rayos ultravioletas.  

Paradójicamente, el daño más grave a la candidatura de Añez no ha sido provocado por sus contrincantes, sino por sus propios demonios:  corrupción, ausencia de gestión política y de un cerebro que coordine estratégicamente el accionar del gobierno. 

El caso de los respiradores la dejó sin oxígeno. Por el volumen de la transacción y porque muestra un entramado delincuencial, donde no se siguen los protocolos correspondientes, y más allá de la presencia de un dirigente masista entre los implicados, hay autoridades responsables y  no se podrá tapar el escándalo señalando que es parte de la conspiración de Morales.

Su estrategia política se reduce a repetir que la vida es lo primero. Cuando la propia vida depende de un mínimo de consenso, que es político, y comida para que la gente respete la cuarentena. Hasta ahora no hubo un pronunciamiento claro por parte del gobierno respecto a las elecciones. 

No señalaron si estaban de acuerdo con la propuesta del presidente del TSE, del rango de fechas hasta septiembre para llevar a cabo las elecciones, y,   más bien, se dedican a hostigar al TSE; cuando, el ahora ministro Ortiz sabe el precario equilibrio que existe en el TSE, que fue producto de una dura negociación con el MAS, que tiene los dos tercios en la Asamblea. 

No hablar de las elecciones y oponerse al debate deja sospechas de que quieren perpetuarse en el poder y eso es hacerse el haraquiri, porque es justamente lo que hizo Morales. Pensar que postergando los comicios van a ganar las elecciones es jugar a la ruleta rusa. Es irresponsable. 

Las declaraciones altisonantes del Ministro de Gobierno, para quien el mundo se reduce a amenazar, debilitan la imagen democrática del gobierno y fortalecen la mentira del golpe creada por Morales. 

Pero el problema de fondo va mas allá. Esta alrededor de la Presidente Añez y sólo ella lo puede resolver. No puede tener a su hija  para manejo de bienes del Estado, es un riesgo extraordinario sin beneficio alguno.  No puede crear un ministerio para Mostajo, que solamente ha traído gastos al Estado   y dolores de cabeza a la Presidenta.

Finalmente, el problema es la ausencia de un centro de conducción estratégica que debiera ser el  Ministerio de la Presidencia. Se trata de un articulador de la gobernabilidad y de gestión. Una política cautelosa y burocrática, cuando el factor tiempo es fundamental, no sirve para enfrentar un escenario de crisis.

Tomar medidas de fondo que permitan cumplir sus promesas de rectificación está en manos de la Presidenta, y con ello está jugando su  candidatura y el destino del país.

Gregorio Lanza es economista con maestrías en políticas públicas. 

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