Jimena Costa Benavides

Preguntas que Salvador Romero debe responder

domingo, 12 de julio de 2020 · 00:10

Cuando terminó la Asamblea Constituyente -sin ninguna sesión plenaria, sólo trabajo de comisiones-, transitando entre La Calancha, Oruro y la Plaza Murillo, el texto final de la Constitución fue pactado por los partidos de manera inconstitucional y hasta modificado por la comisión de redacción en algún edificio público y, en medio de ello, mientras los parlamentarios del MAS, Podemos y UN redactaban el texto final, el caudillo autoritario entró en huelga de hambre y planteó la creación de un nuevo padrón electoral –el biométrico- frente a la demanda generalizada de auditoría al padrón que hacía la ciudadanía debido a diversas denuncias de duplicación de cédulas de identidad y hasta denuncias de venezolanos  en el Sistema Nacional de Identificación –entonces en manos de la Policía Nacional- a las tres de la madrugada.

Ninoska Lazarte, entonces diputada, denunció que habían personas hasta con 10 cédulas de identidad (https://www.opinion.com.bo/content/print/lazarte-denuncia-reparten-carnets-identidad-blanco-dirigentes-mas/20090327224228308065) y muchos ciudadanos y periodistas denunciaron la existencia de “capataces electorales” que entraban al recinto para “verificar” el voto decidido en  asambleas comunales del altiplano. La petición-oferta-imposición del caudillo les tapó la boca a tod@s y vino el empadronamiento biométrico. Antonio Costas era presidente de la Corte Nacional Electoral. Él hizo el padrón biométrico. Le hicieron una invitación directa a la NEC Argentina, que estaba en consorcio con la Smartmatic Venezuela, empresa de confianza y cercana al dictador Hugo Chávez. ¡Me preocupa pues el padrón! Y voy a contarles por qué a partir de los datos oficiales publicados por el Órgano Electoral Plurinacional.

Antes de que el MAS “tome” la Corte Nacional Electoral, entre 1997 y 2004, el padrón electoral boliviano tenía un crecimiento anual en promedio de 174.000 ciudadanos: en 1997, el padrón tenía 3.252.501 inscritos; el de 2002 tenía 4.097.278 inscritos; el de  2004 tenía 4.461.198. Para las elecciones de 2005 y después de varios años, el padrón fue depurado y fuimos a las urnas con un padrón limpio de 3.671.152 inscritos. Pocos meses después, en 2006, se realizaron las elecciones para la Asamblea Constituyente y el padrón tenía 3.713.376 inscritos, es decir, que creció en 42.224 nuevos inscritos en más o menos seis meses. P

ara el revocatorio de 2008, dos años después, creció en 334.330 nuevos inscritos, es decir, 167.165 nuevos inscritos en promedio por año, lo que es coherente con el crecimiento histórico.

Luego, en 2009, vino el Referéndum Constitucional, con un padrón con 3.891.316 inscritos, y para el mismo año, 10 meses después, el padrón biométrico de las Elecciones Generales de 2009 creció en 1.079.142 nuevos registros ¡No pasó ni un año entre el referéndum y las elecciones, y la tendencia histórica al tacho! Costas nunca explicó el por qué de manera convincente. Pero, además, después vino la “Banda de los siete” y en diciembre del 2012 informaron que el padrón tenía 5.162.395 inscritos; es decir, que creció en promedio 95.968 por año. Para las elecciones de 2014, dos años después, el padrón tenía 5.971.152 inscritos; es decir, que creció en 404.378 nuevos inscritos por año. Con los vocales designados en 2015, el padrón del Referéndum de 2016 tenía 6.243.112 inscritos en el país, es decir que creció en 271.960 en 14 meses. No tomo los datos de 2019 por razones obvias.

CRECIMIENTO ANUAL DEL PADRÓN

¿Notaron cómo se incrementa sorprendentemente el número de inscritos en 2009 y en 2014? Justo en años electorales. Como muchos ciudadanos, yo quiero una explicación, la que obviamente los anteriores vocales no dieron y los actuales creo tienen la obligación de dar para, al mismo tiempo, darnos certidumbres, sobre todo para recuperar la confianza ¡Ojalá me lean! Porque como señalé hace unos párrafos: son datos oficiales.

Jimena Costa Benavides es politóloga.

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