Gregorio Lanza

Elecciones: polarización o diálogo

sábado, 4 de julio de 2020 · 00:09

Dos factores se han conectado en el actual escenario político y que pueden generar una seria polarización entre oriente y occidente que reaviven la fisura nunca resuelta y menos por el gobierno de Evo Morales. 

Uno tiene que ver con los impactos de la pandemia que por diversos factores afecta, sin clemencia, a la población de los llanos. Los infectados en Santa Cruz y Beni tienen el 70 % de todos los contagiados. En cambio, en La Paz, Oruro y Potosí, los contagiados llegan al 15% del total y el otro 15% de los infectados se reparten en los valles. El otro factor es que el resultadpo del hecho que la concentración de las preferencias del voto en la zona andina, especialmente rural, pero también urbana, se ha inclinado históricamente por el MÁS. La combinación de ambos factores inflama el escenario electoral. 

Así, en Santa Cruz, la población es poco proclive a asistir a votar el 6 de septiembre debido a los temores que ocasiona la crisis sanitaria. Las candidaturas de Fernando Camacho y Jeanine Añez, que suponen deberían concentrar el voto en esa región, tienen ahora números bajos. En consecuencia, necesitan tiempo y hacen denodados esfuerzos para postergar las elecciones, y para ello no dudan en atacar de una manera irracional y sin ningún fundamento al Presidente del TSE. 

La preocupación en la alianza Juntos ha ido en aumento pues no consigue articular un discurso ni un despliegue coherente, es un collage de fuerzas centrifugas. El candidato a la Vicepresidencia Doria Medina ve con preocupación cómo los votos se esfuman, por lo que él considera los errores en las acciones del gobierno y, especialmente, por las declaraciones del Ministro de Gobierno, que en los hechos actúa como jefe de campaña.

Mientras la Presidenta Añez, en la reunión del 2 de Julio, con los mandatarios del Mercosur, afirmaba que la salud, la economía y la democracia son fundamentales y que encara con “convicción y alegría el reto de llevar adelante las elecciones del 6 de septiembre”, sus alfiles, los ministros de Educación y Salud, como quien dice nada, anunciaban en un comunicado que el pico de la pandemia llegará a Bolivia a fines de agosto o primera semana de septiembre. Les faltó decir que el pico será el 6 de septiembre, a las 08:00, cuando se estén abriendo los recintos de votación. Jaque y casi mate a las elecciones del 6 de septiembre. 

Así aumenta la incertidumbre que se multiplica porque no existe confianza en los datos del Ministerio de Salud. Difícilmente se podrá tener información certera, no hay reactivos para hacer pruebas y tampoco suficientes laboratorios para su procesamiento, el ciudadano común que no tiene 800 bolivianos para pagar en un laboratorio privado debe esperar 10 días o más y talvez los deudos recibirán el resultado. 

La situación es más grave aún pues, como señala Página Siete en su edición del 2 de julio, en los rastrillajes sólo se hace un censo de sospechosos y a los que resultan positivos no les dan medicamentos, ni se tiene un protocolo. Simplemente se anota sus nombres en un cuaderno. La improvisación, el caos y los muertos le pasarán la factura a la Presidenta.  

Por el otro lado, los partidos que apoyan la fecha del 6 de septiembre para las elecciones tienen diferentes percepciones y objetivos. El MAS desea elecciones cuanto antes; tendrá dos meses para movilizar, conflictuar y generar caos, en la lógica de que el conflicto le favorece y con ello acumula. Evo Morales es un caudillo peligroso, más cuando está fuera de sí. 

Jorge Tuto Quiroga, que participó en el acuerdo sobre las elecciones, tiene una actitud más flexible: señala que a mediados de julio se debe conversar entre todos los actores para evaluar, con evidencias, los efectos de la pandemia y una posible postergación. Carlos Mesa, que algún momento señaló  la necesidad de resolver los problemas a través del diálogo para encarar los efectos de la pandemia, se supone que podrá estar dispuesto a una convocatoria de esa naturaleza. 

Polarizar al país manipulando las emociones de la población, peor aún para atizar la confrontación regional, es riesgoso.  Entrar en esa dinámica nos conduce al final del juego por el desastre. Solamente el diálogo responsable podrá dar certidumbre sincera en beneficio del país.

Gregorio Lanza es economista con maestrías en políticas públicas. 

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