Javier Torres-Goitia T.

La angurria de poder y la salud

sábado, 1 de agosto de 2020 · 00:11

 La cruzada democrática que logró imponer su verdad el 21F centró su crítica en la inconducta de Evo Morales Ayma. Responsable de la desazón general, los abusos de poder,  el derroche suntuario, la corrupción, la inmoralidad de su vida íntima, la injusticia, las brutales represiones a los “discapacitados” y  los despotismos empleados para sojuzgar a los indígenas que osaban revelarse a sus mandatos, Evo Morales personificó esos y otros atributos de un  Führer aymara racista, vengativo y sanguinario. Los escándalos chino-masistas del enriquecimiento ilícito de su amante Gabriela Zapata y la historia de telenovela de un hijo que inscribió en el Registro Civil, pero después desapareció, sin haber nacido, o por lo menos sin que el padre supiera si nació y murió o no nació, colmaron la paciencia de la gente que ganó su primera batalla contra el tirano el 21F. 

 En octubre pasado se pusieron de pie estudiantes, madres de familia apolíticas, profesionales hastiados y el pueblo anónimo y sufrido a cuyo nombre se gobernaba ya casi 14 años sin crear empleos, centros de salud o núcleos educativos y avasallando la justicia a su antojo. 

 Familias enteras de abuelos, padres y nietos, desarmados, sin organización previa, pero con una sola voz de hastío, bloqueando las esquinas de las calles de las ciudades con pititas, banderitas tricolores y una sonrisa solidaria que reclamaba unión para recuperar la libertad, acorralaron a quien parecía invencible, lo hicieron temblar de miedo y huir hasta México. Apenas se recuperó del pánico ordenó cercar las ciudades, bloquear la llegada de alimentos, cortar el agua , la luz y lo que pudieran para recuperar el poder.

 Una fugaz conciliación nos ilusionó a todos. Parecía que el  MAS, autocríticamente, abandonaba el culto a la personalidad de Evo, pero esos cambios no ocurren en partidos totalitarios. La organización piramidal de partido único inexcusablemente funciona también con jefe único deificado. Consagración que no solamente no admite sustitutos, sino que no funciona al margen del escalonamiento aborregado de sucesivas jefaturas obedientes y serviles del jefe máximo y único todopoderoso.

 El pasajero acuerdo de conciliación se esfumó apenas pasó el pánico a la movilización social y el MAS, lejos de superarse, volvió a sus raíces. Parapetados en una  mayoría parlamentaria que ya no les corresponde, reanimaron a jueces y fiscales que ya se habían disfrazado de demócratas, azuzaron a los empleados públicos al sabotaje y bajo la protección de sus propias leyes se lanzaron al ataque. Retrocedimos así a los abusos de poder Evista. Un Parlamento insensato sin sensibilidad ni racionalidad, servil instrumento de Evo Morales está agravando el daño de la pandemia viral, fomenta los contagios a través de concentraciones públicas y manifestaciones suicidas, frena los recursos económicos indispensables para combatir la enfermedad, y alienta la corrupción mediante la taimada acción de los empleados públicos amparados por jueces venales que no fueron removidos.

 Todos los niños del mundo, ricos o pobres, nacen con el mismo número de neuronas. Su desarrollo cerebral acelerado hasta los cinco años de edad determina su porvenir y depende de tres factores: Alimentación, Ausencia de enfermedades y Afecto personal. Tres A fáciles de recodar y no difíciles de cumplir cuando hay decisión de hacerlo. Las guarderías infantiles populares de 1983 funcionaron pese a la pobreza de esa época. 

 En 14 años de gestión engañosamente indigenista, el MAS muerte, así llamado por su contribución a la expansión del Covid 19,  no construyó guarderías infantiles, ni contribuyó con nada al desarrollo humano. Malgastó miles de millones de dólares que recibió por el aumento del precio de las materias primas y nos deja un país más empobrecido, más dramáticamente dividido, no sólo entre masistas y no masistas, sino también entre los aparentemente civilizados. El vergonzoso espectáculo que están dando los parlamentarios, su salvajismo cavernario, retornan al abuso dictatorial y al servilismo a la ignorancia deificada.  

 Las elecciones, no exentas de riesgo para la salud, constituyen la última esperanza para lograr un frente unido que garantice un rotundo triunfo democrático y logre que ninguno de los parlamentarios actuales sea reelegido, no por desafectos políticos sino por higiene mental y recuperación moral. El voto definirá el futuro.  

 

Javier Torres-Goitia T. exministro de Salud de Bolivia.
 

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