Fernando Patiño Sarcinelli

El abuelo quiere ir a pescar

martes, 25 de agosto de 2020 · 00:11

Lindos tiempos aquellos cuando el abuelo anunciaba a la familia: vamos al lago a pescar. Carlitos, te voy a enseñar a tirar la caña, esperar que la trucha se agarre del anzuelo, recoger el hilo y tenemos un pescado fresco para el almuerzo a leña.

La pandemia, la cuarentena y los bloqueos nos han fregado todo. Ya no hay libertad de ir y venir, los que les toca disfrutar la jubilación no tienen derecho de salir.

Primero ordenaron cuarentena por dos semanas, después un mes, hasta fin del otro mes... y ya se van cinco meses y no sabemos hasta cuándo. Para las personas mayores, las “vulnerables”, las normas son más estrictas, debemos proteger a los abuelitos, nos repiten. Se pasan las semanas y ¿cuánto beneficio se les ha dado? Lo que veo es que muchos sufren un castigo que no merecen.

 No lo digo yo, me lo dicen las personas mayores: ¿Qué ha cambiado? ¿Acaso con esas normas hemos controlado la pandemia? Cada día los números nos amenazan y nos asustan. La peste nos llega como el humo de los chaqueos que ya comenzaron. ¡Eso más! Para empeorar la bronquitis nos aflige en el invierno y que no se puede salir a tomar aire, igual respiramos el humo que no se ve. 

No hemos controlado la peste con el encierro. Que no vengan con el cuento de “cuarentena” para controlar la pandemia. Para las personas mayores es encierro, aislamiento, soledad, distancia afectiva. Toda la vida nos hemos besado y abrazado, es como un tónico para el alma que cada día envejece inevitablemente. ¿A quién no le pasan los años? La muerte que no se olvida de nadie, nos espera para quién sabe cuándo. Mientras no llega el día hay que vivir la vida y tener que festejar cuando nos llegue ese día.

Los chicos vienen a visitar a la abuela. Ella no sale de la casa desde que la operaron, hace seis meses. Primera vez que estuvo en la clínica después de tantos hijos, que si hubiera sido por el abuelo, podrían haber venido al mundo en la casa con ayuda de la matrona. Eran otros tiempos. Los chicos quieren jugar cartas con la abuela después de tomar té, como siempre lo hicieron. Pero qué metida de pata, ¡se olvidaron del barbijo! ¿A quién se le ocurre repartir cartas con guantes de látex? La abuela ya no puede jugar cartas.

Vicky, tanto que la cuidan las chicas, pero el virus parece que entró por la ventana, y le agarró la pulmonía maldita, a los 84 años. Le gustaba que la pinchen con cortisona para la artritis, ahora tiene que tomar dexametasona en pastillas y se está recuperando. Le sienta bien la cortisona, y parece ser el mejor remedio para los casos más graves de Covid, no fue necesario ir a la clínica para sueros ni inyecciones.

Mary, hace poco le festejaron 90 años, pero no se le pasan las ganas de salir a caminar. Bien acompañada de Juanita, la misma cholita de siempre, ambas protegidas con el barbijo bien puesto. Cada escapada una aventura muy necesaria. 

Nancy es una reliquia con la marca SB de Calacoto. ¡Qué bien la cuidan sus acompañantes, mientras los hijos no pueden volver de Londres! Hace falta la visita de las primas, también octogenarias. Cada que puedo visitarla me entretiene con fotos antiguas de familia, cuando Calacoto aún era una hacienda. Ella recuerda todo y me ayuda a reconocer tíos que no he conocido.

Don Tito al fin una buena noticia, vamos a jugar tenis. Hace una semana el club abrió las puertas. Si bien, hay algunas restricciones en la cancha pero lo bailado nadie se lo quita. No hay nada como admirar el cielo paceño de agosto al aire libre, como hace 60 años. Eso no ha cambiado.

Cada día de estos últimos 150 días he aprendido de cada uno de mis pacientes y amigos que la solución no está en el encierro. Ese es el verdadero nombre de la cuarentena, y cuando está acompañada de soledad, solo queda jugar solitario o conectarse en el mundo digital y compartir la soledad en redes sociales, todo es ironía. No es parte del sistema operativo que nos trajo al mundo. ¿Quién sabe cuánto tiempo tienen que vivir el encierro como si fuera un castigo? Pero, de qué sirve estar vivos si la vida no se puede vivir?

Todo ha cambiado, se pasan los meses, se termina el año y ¿quién podrá decir feliz Año Nuevo?  No sabemos lo que nos espera el 21. No podemos arrepentirnos de haber dicho, sinceramente, feliz 2020 (lindo número, ¿no?), pero nadie esperaba que la peste anunciada en China un día antes cambiaría la vida del planeta. 

El abuelo ya no puede salir a pescar, ¿hasta cuándo?

(Dedicado a tod@s l@s abuel@s, basado en hechos y personajes reales con pseudónimos).

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.

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