Javier Torres Goitia T.

Sexo, sexualidad y sus aberraciones

sábado, 29 de agosto de 2020 · 00:10

 Eusebio Rubio Aurioles, un prestigioso investigador mexicano, después de hacer una revisión de diferentes postulaciones respecto a la función sexual humana y comentar el modelo psicoanalítico de Sigmund Freud, las teorías sociológicas y otras, afirma que más allá del coito biológico, el ser humano a diferencia de los animales  desarrolla alrededor del sexo una serie de emociones, sentimientos y voliciones que configuran un concepto más amplio que es el de  la sexualidad. Función exclusivamente humana que  está integrada por cuatro subsistemas que se complementan recíprocamente y son: reproductividad,  género, erotismo y vinculación afectiva. 

 Según esta tesis, el sexo no se reduce al instinto animal, ni tiene por qué mantenerse en ese limbo obscuro y hasta pecaminoso al que lo condenó la cultura de la edad media. Actualmente, el sexo se constituye en una de las funciones vitales y de mayor importancia para el desarrollo personal. Es además de placentero, fuente de energía humana. La sexualidad desarrollada a plenitud sin excesos ni inhibiciones es  la base de un desarrollo saludable, físico, mental y espiritual y de la felicidad personal, familiar y social.

 La reproducción, como fruto del amor de la pareja que busca perpetuar su felicidad, formando un hogar con uno o más hijos, consciente y voluntariamente concebidos, es una virtud innegable, así como no lo es un embarazo no deseado con sus secuelas médicas y sociales. El concepto de género, cuando refuerza la identidad y autoestima de hombres y mujeres, con poderes y gustos compartidos equitativamente, potencia virtudes morales y sociales, pero puede cambiar de sentido si es usado como instrumento de dominación de un sexo sobre el otro. 

El placer erótico que alegra y genera felicidad es uno de los más poderosos estímulos de todas las funciones de la vida y es fuente del amor, fundamentalmente del que une a la pareja, pero también del amor filial y fraterno que consolida el espíritu solidario de las colectividades. Pero, por lo mismo, sus frustraciones pueden provocar perversidades insoportables. La tiranía y los abusos de poder de los dictadores suelen estar relacionados con la insatisfacción sexual y sus expresiones psicopatológicas.

 El escándalo nacional e internacional que está provocando la pedofilia comprobada del expresidente Morales está dando lugar a un pueril debate jurídico para  sancionarla o no como estupro. Médicamente la situación es más clara.

 La pedofilia es una parafilia relacionada con la impotencia sexual, no siempre por disfunción eréctil, sino  por una alteración psicológica. El individuo incapaz de encontrar satisfacción sexual con una pareja normal requiere como objeto de placer el cuerpo de una niña, sobre quien pueda ejercer su poder indiscutido y expresar su machismo sin traba alguna. Habitualmente esta disfunción erótica anula las otras tres expresiones de la sexualidad o las altera patológicamente. La espiritualidad del amor es reemplazada por el sexo del animal en celo. 

 En el caso de Evo, Gabriela Zapata, reclutada como niña fanatizada por un jefe deificado, no se puede decir ni siquiera que fue su amante. Fue un objeto de placer, un tiempo después de abandonarla no era sino una “cara conocida”. Pero la insatisfacción sexual, en lugar de felicidad, provoca infortunio que se traduce en violencia y ferocidad, La tortura y el asesinato de los esposos Andrade en el Chapare, el flagelamiento a los indígenas del Tipnis en  Chaparina, la represión brutal de los discapacitados y otros abusos de poder calzan bien con la personalidad psicopática del pedófilo, que en el caso de Evo es, además, dueño absoluto del poder político y de los recursos del Estado, con los cuales remunera tan generosamente a sus parejas, que en vez de víctimas, las hace millonarias, incluyendo la última, que como aún no cumplió 20 años, todavía le sirve. 

 Su obsesión sexual insatisfecha sale a la luz en las coplas carnavaleras machista y sexistas, donde sus insatisfacciones y frustraciones sexuales se evidencian por encima del falso prestigio de ser el macho de muchas, aunque nunca intentó siquiera amar a una de ellas, menos formar un hogar con hijos deseados y una familia con valores y afectos compartidos que llene el vacío espiritual del tirano, quien como no ama a nadie, vive rodeado de súbditos y vasallos serviles o de enemigos. 

 
Javier Torres Goitia T. fue ministro de Salud de Bolivia.
 

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