Jimena Costa Benavides

Cuestión de número

domingo, 9 de agosto de 2020 · 00:10

Hace ya varios días que el país, nuevamente, se ve asediado por las “minorías eficaces”, como dice Ricardo Paz. Pequeños grupos de personas, entre 30 y 50, en cada punto de bloqueo, según dicen, la mayoría contratados -se habla de 200 bolivianos por día-, que se ubican en puntos estratégicos para asfixiarnos, textual: para quitarnos el oxígeno y asfixiarnos, lo que ya no encaja en el derecho político a expresarnos y movilizarnos, sino en delitos contra los derechos humanos de l@s bolivian@s. Ya murieron vari@s por falta de oxígeno.

Lo increíble es que tod@s sabíamos que este era un escenario altamente probable como estrategia del MAS para volver al poder. Pero no de todo el MAS. Tal vez el análisis quede corto y existan mas facciones internas al presente después del mutis que hizo el caudillo autoritario, dizque amenazado por sus propios adláteres.

Hace tiempo que el MAS tenía cinco facciones internas: 

La del caudillo autoritario, muy disminuida, vinculada directamente a los cocaleros del trópico de Cochabamba -esos que no venden su producción de coca al mercado legal-, con unos cuantos cuadros y operadores, como Sebastián Michel, Adriana Salvatierra y Diego Pari; la facción de Carlos Romero, que tenía alguna base social en Santa Cruz y está desaparecida, pero manejaba instancias estratégicas de manejo de poder; la facción de Héctor Arce, que no tiene base social pero sí tenía control de varias instancias de la justicia y, al parecer, no ha cambiado mucho; la facción del exvice, que no tiene base social sino un grupo pequeño de cuadros y voceros que nada tenían que ver con los “movimientos sociales”; y por último, la facción de David Choquehuanca, que tiene base social al menos en las provincias de La Paz, que tiene relación con los “movimientos sociales” y que se distanció del caudillo autoritario y de Linera en los últimos años. Los movimientos sociales están divididos y sin una sola dirección, pero en su generalidad están distantes de los cocaleros cochabambinos y no se los escucha mencionar o reivindicar al caudillo.

Frente al desbande, creo yo -y es sólo una percepción-, el caudillo es quien moviliza a sus disminuidas huestes y están tan mermadas que por eso necesita pagar 200 bolivianos por día, en un momento de crisis económica en el que la gente necesita ingresos y el caudillo tenía muchos “ahorritos” de los ponchos que le regalaban.

Los miembros del binomio inconstitucional siempre decían lo que pensaban hacer y la oposición no sabía escuchar ¡Que no nos pase igual! Debo recordarles que en la supuesta llamada del caudillo a su dirigente Faustino Yucra -que por cierto los peritajes dicen que es fidedigna- le recomendaba: “Sabes que hermano, no hay que tener 4.000, 5.000 hermano. Te pongo de ejemplo: si mi sindicato tiene 40 afiliados, cada grupo 10. 10. 10 … cuatro grupos. Ese es para mucho tiempo. Si vos no te concentras se cansa la gente, abandona”. Es decir que tiene muy clara la estrategia de guerra de baja intensidad. Unos pocos produciendo grandes efectos, pero no hay que olvidar que son unos pocos. Es cuestión de número. Si son 100 puntos de bloqueo con 50 personas cada uno, son 5.000 personas, frente a más de 11 millones de ciudadanos que ya saben cómo funcionan las pititas y que reaccionan, como ya sucedió en Samaypata.

No olviden que el caudillo autoritario también le decía a Yucra: “Que no entre comida a las ciudades, vamos a bloquear, cerco de verdad” (https://www.milenio.com/internacional/bolivia-revelan-presuntos-audios-evo-alentando-protestas). Sólo faltó que le diga “que no entre oxígeno a las ciudades” y sólo porque aún no había pandemia. Lo que me extraña es que, aunque le encanta actuar con “firmeza” y detener a gil y mil, Murillo no actúa. ¿Será que al Gobierno le conviene la ingobernabilidad para cubrir la ineficiencia?

Entre un Gobierno inepto que sólo le interesa hacer campaña y la facción del caudillo autoritario que promueve la violencia, y quiere generar ingobernabilidad e incertidumbre, está la sociedad boliviana. Pero no es la misma sociedad que aguantó 14 años; es la de las pititas. Tampoco es el MAS que gobernó 14 años, es sólo la disminuida facción violenta del caudillo, que no es defendida ni siquiera por las otras facciones internas. Es cuestión de número. Y los números ya no le alcanzan para volver al poder.

Jimena Costa Benavides  es politóloga.

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