Rodrigo Ayala Bluske

Jeanine en el país de la no renuncia

domingo, 20 de septiembre de 2020 · 00:09

Sí, es verdad que el título del presente artículo puede no estar muy claro, pero en todo caso creo que es mejor que uno más llamativo como “Jeanine y los irrenunciables”, con el cual podrían generarse impresiones que no corresponden al propósito de estas líneas, y de otro un poco más comprensible, como “Jeanine en el país de los políticos que no eran afectos a renunciar”, pero demasiado soso para nuestro gusto.  

Jeanine renunció su candidatura, y si bien las reacciones de sus rivales han sido proporcionales a sus propias estrategias electorales, la respuesta, por lo menos en el segmento de la opinión publica opositor al MAS, ha sido en general favorable. Aunque a todos les queda claro que se trató de una renuncia casi forzada, hecha a último momento, justo después de la aparición de dos encuestas en las que se la veía caer por el despeñadero de la preferencia electoral y alimentada por el temor a un probable gobierno del MAS, que podría llegar con anhelos de revancha. 

¿Pero se debe ser demasiado duro con la excandidata–presidenta, en un contexto en el que la renuncia no es precisamente una de las actitudes más frecuentes en nuestros políticos? Sin ir más lejos, recientemente Ronald Mclean, exjefe de campaña de Creemos, reveló en la prensa que la razón de la ruptura inicial de Camacho y Pumari estuvo en la disputa sobre quién encabezaría la fórmula, es decir, que ninguno de los dos exlíderes cívicos quería renunciar.

Por otra parte, me imagino que a estas alturas de la historia, propios y extraños reconocerán que una de las razones de los males del MAS, y de su salida del poder, fue la del empecinamiento de Evo Morales y su entorno por mantener su candidatura, intención que resultó factible por 14 años de reelecciones, pero que finalmente chocó con la realidad en octubre del año pasado. Obviamente, no es un caso único; historiadores y aficionados a la política conocemos que el punto más bajo en la dilatada trayectoria de Víctor Paz Estenssoro fue su intento de reelegirse en 1964, lo que generó que tres meses después de su posesión, los militares lo derrocaran, inaugurando un largo periodo de gobiernos dictatoriales. 

La “no renuncia” alcanza a todos los ámbitos de la política boliviana. Acaldes, diputados, gobernadores criticaron los últimos años a Evo Morales y Álvaro García por hacer campañas desde sus respectivas posiciones, pero cuando llegó el momento de que ellos se bajaran al llano, la inmensa mayoría optó por no hacerlo. En Tarija, hace unos años, un candidato a gobernador, que muchos daban como seguro triunfador, vio anulada su candidatura debido a que no renunció a tiempo a una decanatura en la universidad, y una de las mayores críticas que se le han hecho al exgobernador Mario Cossío, que fue depuesto durante el anterior Gobierno por un procedimiento judicial, que luego el Tribunal Constitucional desestimó, fue que al no renunciar evitó que hubiera nuevas elecciones, en las que seguramente hubiera ganado la oposición; lo que posibilitó que su sucesor, interino, se quedara en el cargo por cinco años. Sin embargo, él se defiende señalando que si hubiera renunciado habría dado la razón a sus acusadores.

Queda claro que si Jeanine renunciaba con mayor antelación, al principio de la pandemia, por ejemplo, o que, si directamente no se hubiera postulado, nos hubiera brindado una gestión de mayor calidad y podría haber tenido mayores expectativas hacia el futuro.  

Pero Jeanine, igual que nuestros políticos del país de la No Renuncia, también es víctima de un mal que afecta a la gran mayoría de los bolivianos: ubicarse en el País de la Vista Corta.

En todos los países del mundo los intereses inmediatos buscan sobreponerse a los intereses de largo plazo, y los intereses individuales quieren atentar contra el bien común (hace poco tiempo se especulaba, por ejemplo, que a Trump también se le estaba ocurriendo la idea de cambiar la Constitución de Estados Unidos para buscar más reelecciones), pero sólo en los que tienen una institucionalidad paupérrima y debilitada como la nuestra,  adquieren tanta prevalencia en la vida cotidiana. 

La experiencia de Jeanine podrá mostrarnos a todos que “la no renuncia” y la prevalencia de los intereses inmediatos sobre los de largo plazo dan malos resultados y  pueden llevarnos incluso a resultados desastrosos en lo individual, pero lamentablemente no tenemos indicios de que los restantes políticos aprendan algo de la lección, y tampoco la mayor parte de los restantes ciudadanos, para ser sinceros con nosotros mismos.

 
Rodrigo Ayala Bluske es antropólogo y cineasta..

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