Evelyn Callapino Guarachi

Frentes políticos y ciudadanía: una relación tóxica

miércoles, 13 de enero de 2021 · 05:12

La crisis multifactorial por la que estamos atravesando ha acentuado aún más los problemas estructurales. Muchos políticos dicen tener la fórmula secreta, pero ya nadie les cree. 

El descontento social es la clara muestra de la falta de canalización de necesidades de la población. Aspecto que agudiza la crisis de representatividad y debilita aún más la democracia. 

En miras a las subnacionales, la situación no cambia. Esta elección tampoco dará respuesta al caos, pues el ámbito público ha perdido la legitimidad, lo que es necesario en un sistema democrático.

Los diferentes frentes que se ven en este periodo eleccionario se han reducido a ser sólo grupos electorales sin estructura partidaria, excepto el MAS, aunque éste ya presenta fuertes divisiones internas.

Un partido político debería ser una máquina que forme constantemente líderes, que tenga cuadros con un norte bien definido, con una estructura que canalice demandas sociales. 

Lo que en realidad tenemos son grupos verticales que ante la falta de liderazgos buscan gente mediática que “arrastre votos” y así se pueda camuflar sus vacíos. O a veces sólo se reparten espacios al estilo “dedazo”.

Ante esta falta de estructura pretenden ganar votos con chocolatadas, platos de ají de fideo o repartiendo regalitos por diferentes zonas, como si eso diera soluciones a los problemas estructurales que están a flote ante las constantes crisis que vivimos en Bolivia. Pues a éstos sólo les interesa tapar un poco la miseria que tenemos en nuestro país. 

Los reciclados políticos rondan por diferentes colores partidarios, pues si no funciona uno, se van a otro, lo que exhibe la falta de consensos y juego de intereses en la verticalidad que se antepone en los frentes, lejos de una agenda seria que englobe las necesidades. 

Después de las elecciones, la ciudadanía deja de ser partícipe y se convierte en espectadora y las élites políticas ocupan un espacio cada vez mayor, persiguiendo sus intereses. Lo que le conviene, porque nadie cobra ni rinde cuentas. 

Esto evidencia la distancia arraigada del Gobierno hacia los gobernados, por esta cooptación del terreno público que carece de interés común. Por ello, usualmente no se sabe quiénes son los asambleístas, porque mucha gente acude a votar para evitar las sanciones del Órgano Electoral.

En algo que sí son buenos los actores políticos  es en repetir un discurso desgastado, mencionado hace décadas, enfocados al desarrollo, a combatir la corrupción, la pobreza, etcétera,  jurando tener la fórmula para los problemas. Sin embargo, es evidente la ausencia de un marco de soluciones estructurales que vaya acorde ante nuestra realidad. 

Urge aprender de nuestros errores y replantear el significado de la política, y ser actores en el comportamiento del ámbito público. Necesitamos de forma urgente un refuerzo mutuo, a través de una cultura participativa más exigente que canalice las demandas reales de la sociedad de forma permanente para dejar de aceptar un plato de comida, un panfleto o un buñuelo a cambio de un voto. 

El reto de los partidos y alianzas es una apertura a la sociedad civil de manera constante, no sólo en periodo eleccionario. Necesitan lograr puntos de concertación pero de verdad, no sólo bajo un discurso.  

Esto empezaría por ceder parte de su poder para acortar el distanciamiento entre ciudadanos y frentes políticos, para lograr una horizontalidad que permita a la sociedad incidir de manera directa y que contribuya a un control de la agenda pública.

Para responder a una realidad tan compleja, deben dejar de ser entes repartidores de cargos y direcciones;  deben más bien convertirse en canales de representatividad. En la cual se fomenten espacios de intercambio de diálogo y acuerdo en pro del bien común.

Para avanzar, los retos son muchos, pero una participación ciudadana más exigente con la clase política podría traer un verdadero cambio. El conformismo y el pensar que “así siempre es” es algo que sólo beneficia a actores que sólo ven sus intereses y no los  de la sociedad.

 
Evelyn Callapino Guarachi es politóloga, docente universitaria y fundadora de Mujer de Plata.
 

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