Sonia Montaño Virreira

¡Cuidado con el remedio!

domingo, 17 de enero de 2021 · 05:10

 Al amanecer del 1 de enero se encontró el cuerpo sin vida de Ludy, quien, noche antes había  visitado a su pareja en el penal de Cobija. El cuerpo  presentaba heridas de “arma blanca” y yacía, según las noticias, junto al cuerpo del victimario, quien  se había colgado de la ventana del baño de su celda. El proceso fue extinguido por muerte del autor y quedará en  el baúl del olvido, junto a muchos casos en los que los perpetradores ni se matan ni  son sancionados, pero  son liberados “por falta de pruebas” o exceso de billetes. El mismo día mataron en Cochabamba a Eulalia, quien dejó tres niños en la orfandad;  otra víctima fue hallada entre matorrales en Montero. Mientras escribimos esta nota habrá muchas, demasiadas, mujeres siendo vejadas, amenazadas y finalmente asesinadas por sus parejas o exparejas, incrementando las cifras de la impunidad.

Por su lado, el ministro de Justicia, Iván Lima, quien  empezó su  gestión con bríos y buena prensa,  en menos de que canta un gallo ha bajado el perfil de su proyecto de reforma, que parece desinflado. Aún no se socializa el proyecto. Al contrario, la mafia constituida alrededor de ese poder está envalentonada, liberando a acusados de delitos de todo tipo, incluidos los acusados de violencia contra las mujeres. 

El ministro dijo que la reforma sería  contra viento y marea, “pero sin enfrentamientos”, que es algo así como pretender ganar por KO a un peso pesado teniendo peso pluma. Por ahora, parece que ha cedido al populismo, indicando que irá a todas partes a escuchar al pueblo luego de algunas insensatas e interesadas  críticas a su proyecto.

Un indicador interesante del estado de situación de  la reforma judicial es la súbita preocupación por reformar la Ley 348 contra la violencia, anunciada por la viceministra Mirian Huacani. Se sabe que cuando los gobiernos no tienen nada que los apure, se ocupan de las mujeres y, en este caso, encontraron  un “temita” que ocupe a los medios para modificar   la Ley 348, que podría ir desde la inclusión o ajuste de algunos tipos penales (sic); mejoras en los procedimientos de atención y sanción de la violencia; cambios en los mecanismos de protección y atención de las víctimas de violencia; modificaciones a la ley para optimizar la prestación de los servicios de salud, jurídicos y sociales a las víctimas de violencia, hasta el refuerzo de las políticas previstas en la ley y su ejecución. O sea todo lo que ya está escrito y no se cumple. 

Aunque existen estudios que identifican los vacíos de la ley, los mayores desafíos están en la aplicación. La verdad es que  la 348 no es ni la mejor ni la peor ley de la región; pertenece a una generación de leyes siempre perfectibles, que tuvieron la virtud de visibilizar crímenes contra las mujeres, por el sólo hecho de ser mujeres.

Es cierto que varios de los tipos penales no se pueden demostrar, aunque no por ello sean inexistentes. La ley incluye sí una aberración como la conciliación entre agresor y agredida, pero sobre todo no se cumple por la incapacidad de jueces, fiscales, policías, abogados y testigos, que hacen de las suyas, imposibilitando su cumplimiento y vulnerando los derechos de las mujeres. Es  esa bien ganada  falta de credibilidad y el uso abusivo de ésta y otras leyes que  está llevando a la desconfianza de la ciudadanía y a la reagrupación de fuerzas conservadoras, y algunas casi fascistas, que subrayan casos particulares de injusticia para eliminar los avances legislativos. 

La mala aplicación de la Ley 348 castiga inocentes y deja en la impunidad a culpables, no será una nueva ley la que cambie las cosas, y es muy probable que la oportunidad  sea mejor aprovechada por los machistas de todos los bandos. Cuidado esta sea la oportunidad para que el diablo meta la cola y el remedio sea peor que la enfermedad.

 

Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.

 

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