Fátima López Burgos

El no cumpleaños

viernes, 22 de enero de 2021 · 05:09

Todo estaba preparado, todo estaba listo, lo que nadie(s) sabía es que el Covid-19 que estalló en Wuhan (China), provocado por la ingesta de murciélagos, sorprendería con una pandemia que tendría una segunda ola y amenazaría con una tercera, más dura, cruel y despiadada.

El 22 de enero de 2021, se cumpliría el vaticinio del último jacobino: Todo será tristeza, el sol se esconderá, la luna se escapará y sobrevendrán epitafios, cremaciones, desplomes, llanto y desesperación.

Con esa angustiosa sentencia, celebrar un nuevo aniversario de la creación del Estado intergaláctico empezaba a tornarse color hormiga. Los ríos enfurecidos abandonaban su cauce, las lluvias se convertían en diluvio, el granizo destrozaba sembradíos, la mazamorra se apoderaba de las viviendas y cobraba vidas, el plan de festejos, literalmente hacía aguas.

Las bandas que, hasta ese momento, ensayaban coreografías para interpretar conocidas morenadas tuvieron que parar y ponerse barbijo, mientras las corrientes Evistas, Lineristas, Choquehuanquistas, Arcistas, Copistas y demás, reunidos en una mesa de trabajo (cuasi Cumbre), decidieron suspender el festejo número 12 del Estado Plurinacional, sin suprimir el feriado.

 
El desplome

Pero frenar una celebración “intergaláctica” tiene sus complicaciones. Por ejemplo, los guerreros digitales que trabajaban, sin tregua mensajes para la celebración, tuvieron que desacelerar su producción y canalizar su creatividad en memes y perfiles falsos.

El grupo musical Los Kjarkas que ensayaba una nueva melodía de alabanza al proceso y al “Dios Evo”, en la inmensidad del parque Tunari, frenaron en seco el trabajo y mandaron a silenciar el Ronroco de la primera voz.

Las ostentosas y ruidosas ceremonias oficiales, marchas cívicas, actividades culturales, retretas y fiestas al aire libre, quedaron suspendidas por temor al temerario Covid.

El whisky etiqueta azul que circulaba a raudales en los salones de la Casa Grande y la convertía en Torre de Babel, estaría ausente y sería sustituido por infusiones de wira wira, matico, manzanilla y eucalipto, hierbas destinadas a mantener expeditas las vías respiratorias. 

Los fornidos hombres de negro, que custodian diariamente las puertas de la “Casa Grande del Pueblo”, se librarían de cargar en hombros a invitados en estado inconveniente, tampoco tendrían que desalojar a empellones a algunos impertinentes que deseaban seguir celebrando el 22 de enero, aunque la fiesta de la creación del Estado Pluri, haya terminado.

Las Bartolinas y movimientos sociales pueden dormir tranquilos, también los interculturales que no tendrán que acopiar coca de los Yungas para pijchar durante la celebración.

El no Estado

Una nominación no es cambio, es sólo una intención de cambiar.

El 22 de enero de 2009 la historia oficial no registra ninguna revolución, la República de Bolivia se mantiene intacta y altiva como en 1825, el nuevo Estado ideado por el Movimiento Al Socialismo se sostiene en el discurso y la simbología, un andamiaje frágil como sus impulsores.

La supuesta Revolución Democrática y Cultural, si la hubo, se limitó a crear mitos e historias imaginarias a la medida de sus creadores como fue la entronización de Evo Morales, hace 12 años, junto a un puñado de llunkus que se apropiaron del Estado.

La nueva Constitución Política del Estado (CPE), aprobada a golpes en Oruro, por la nefasta Asamblea Constituyente, no puede ni debe compararse con la Declaración de la Independencia de Bolivia del 6 de agosto de 1825, un acto memorable y trascendental.

La historia la escriben los vencedores, los que resisten, dan la cara y luchan por ideales de paz, libertad, justicia y democracia. El no Estado tendrá este 2021 una no celebración.

Pero las órdenes en el Estado Pluri se acatan, por tanto, como dijo “nuestro hermano Presidente”: ¡Aguanten!

 


Fátima López Burgos es periodista tarijeña.

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