Sonia Montaño Virreira

Sin Eva no hay paraíso

domingo, 3 de enero de 2021 · 00:11

Sin Eva no hay paraíso, por lo menos no para Evo Morales, quien, luego de sabotear la candidatura de la exsenadora, dijo: “Donde hay convicción no hay peleas, donde hay ambición hay mucha pelea”, reclamando veladamente la insubordinación de la ahora candidata a la Alcaldía de El Alto. Quienes conocen al presidente fugado saben de sobra que para él las únicas convicciones y ambiciones legítimas son las suyas. El autoconstruido paraíso de Morales está desportillado, por el ya universalmente conocido silletazo, por los cada vez más públicos reclamos al “dedazo” que, junto a sus seguidores, buscaba  que todo vuelva a la normalidad anterior a su fuga, pero, sobre todo por el - esta vez simbólico pero no por ello menos contundente -  portazo de la joven política.

Copa de 33 años  ha demostrado que no tiene alma de esclava y que a pesar de los riesgos apuesta por la autonomía, que no es otra cosa que pensar por sí misma, algo no menor en un partido donde las mujeres, en general, fueron la mitad del autoritarismo y el abuso. Ella ha demostrado habilidad para hacer elecciones estratégicas, en un contexto donde la disidencia y el “libre pensamiento” se castigan regularmente. El liderazgo de Copa emergió después de  la fuga de Morales, la renuncia de la exsenadora Adriana Salvatierra y actual candidata  del oficialismo a la Alcaldía en Santa Cruz;  se fortaleció -y mal que les pese a muchos- hizo posible, junto a Jeanine Añez, un proceso de transición pacífico después de la revuelta social.

La imagen de las dos mujeres juntas  buscando restablecer la democracia duró poco, pero lo suficiente como para mover el tablero político. Añez metió pronto la pata postulando a la Presidencia y Copa hizo no pocos gestos que aportaron a la polarización del país, como las denuncias unilaterales a las violaciones de derechos humanos en Sacaba y Senkata. El uso abusivo de los dos tercios en la Asamblea Legislativa la mostró capaz de tomar decisiones antipopulares, algo muy feo pero útil en la vida política. 

Copa ha anunciado que irá a la cancha con otro color, se ha definido como izquierdista, destacando su juventud y su alianza  con Felipe Quispe, el Mallku, quizás el riesgo más grande para mantenerse  en las ligas mayores si quiere contribuir a mejorar la democracia. Si con Morales tuvo que callar para crecer, con el Mallku, y en su mayoría de edad política, cada silencio será considerado un apoyo a un político que representa  el racismo y el discurso de odio.

También es posible que prime su olfato político y pragmatismo, lo que sería muy bueno para El Alto, después de La Sole,  otra mujer que deja importantes lecciones sobre la forma de luchar contra quienes buscaron truncar su carrera política desde todas las orillas. Sería muy bueno tener esta vez una foto entre Eva y La Sole apretándose las manos después de las elecciones.

 La decisión de Copa muestra que ella, además de “vocación de poder”, llevó a cabo una reflexión profunda que la coloca frente al enorme desafío de conciliar vida pública y privada, cosa que no forma parte de las preocupaciones, ni del fugado ni del Mallku. Ojalá esta circunstancia la distancie del machismo autoritario.

Lo que tuvo que vivir durante la revuelta social contra el fraude -dejar a sus hijos pequeños con su madre  para asumir la presidencia del Senado-  forma parte de su experiencia vital y ojalá eso ayude a recordar   la importancia de sus propias convicciones cada que se vulnere o se pretenda vulnerar su autonomía.

Sonia Montaño Virreira  es socióloga.

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